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Vamos a dar variedad a esta columna semanal pasando hoy del tema político al científico, tratando de responder lo que para muchos es un enigma: para qué tienen pezones los hombres. Vamos a auxiliarnos -en los aspectos evolutivos, genéticos, fisiológicos, sicológicos y sexuales- de publicaciones científicas, entre otras, de Pau Carazo, investigador zootecnista de la Universidad de Oxford; de la revista Evolution and Human Behavior; y de una reciente investigación de la Universidad de Texas. 

Los pezones funcionan para amamantar a los hijos. Entonces ¿por qué los tienen los hombres si no amamantan? Sucede que el sexo se determina dentro del útero de la madre. Todos los embriones primero se desarrollan siguiendo un “patrón femenino”, como si todos tuviéramos solo cromosomas “X”; o sea, como mujeres. Unos 60 días después de la concepción, la testosterona empieza a influir en los que tienen un cromosoma “Y”, es decir, los hombres. Esta hormona empieza a cambiar la formación genética de las células en los genitales, en el cerebro y en otras partes del cuerpo. Pero, para entonces, ya los pezones están presentes. Hasta la pubertad, cuando la liberación de hormonas femeninas desarrolla el pecho en las mujeres, el desarrollo de las glándulas mamarias continúa igual en ambos sexos. Así, los pezones quedarán en el pecho de los hombres durante toda la vida, pero sin la función de amamantar. 

Si los pezones masculinos no cumplen la función de amamantar ¿para qué existen? La respuesta contiene una lección muy importante. Las diferentes partes del cuerpo humano sirven para más de una función. Pensemos en la boca, que no solo sirve para alimentarnos sino para paladear, degustar, disfrutar, obtener placer al comer y beber. Sirve para hablar y cantar, para reír y gritar, para besar, o para dar y recibir placer sexual.  Ahora pensemos en los pechos de la mujer y sus pezones ¿acaso solo sirven para amamantar? ¡Definitivamente no! Está claro que los senos son una zona particularmente excitante del cuerpo femenino. Para los hombres resultan atractivos, para las mujeres son una fuente de placer. Pero más allá de eso, los hombres son atraídos por los senos de la mujer, en primer lugar, porque hay una relación primitiva entre el hombre y los pechos femeninos, pues los mismos representan la fuente de alimento al nacer. Los senos evocan al hombre ese lazo especial con la vida durante los primeros meses de existencia. Además, los perciben como signo de fertilidad. Todo esto de manera inconsciente e instintiva.

Ahora bien, las mujeres fueron igualmente amamantadas por sus madres ¿Por qué solo los hombres sentirían aquel vínculo vital? ¡Las mujeres también! Y he aquí una de las maravillosas respuestas a la pregunta de si existe una inteligencia superior creadora en el proceso evolutivo; un Dios que todo lo hace bien. Si a los hombres les atraen los pechos femeninos ¡a las mujeres les atraen los pechos varoniles con sus pezones! Aunque los pechos femeninos son mucho más sensibles, en la intimidad sexual ambos pechos tienen la función de atraer, dar y recibir placer. Las mujeres, al acariciar los pezones de los hombres, dan y reciben placer sexual, aunque por tonto machismo pocos hombres lo reconocen ¡El placer sexual creado por Dios -satanizado antes por la ignorancia- es útil y bueno porque todo lo que Dios creó es bueno! Es como si Dios hubiese dicho “no quitemos estos pezones que no amamantarán, démosle utilidad”. Y en vez de dejar al hombre con un tórax “liso” le dejó sus pezones. Podemos decir que el hombre y la mujer se atraen mutuamente tal y como son, completos. Nada les sobra. No sobran los pezones en los hombres. Ni siquiera en el hombre y la mujer sobra el ombligo, que una vez terminada la función de llevar la vida de la madre al bebé, se corta, pero dejando ese pequeño detalle en el centro del cuerpo humano que sin ombligo sería menos atractivo. El maravilloso arquitecto del universo, así como dejó los pezones del hombre, también dejó el ombligo, poniéndole al final “la cereza al pastel”.

* Abogado, periodista y escritor

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