Bayardo Altamirano
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La tecnología me permitió asistir a la misa oficiada por su santidad. El papa Francisco, que cada vez me cae mejor, defendió apasionadamente a los migrantes.

Celebro la Navidad como líder de mil millones de católicos, aunque también asistieron religiosos ortodoxos a la misa solemne para 10 mil personas en la basílica de San Pedro. Multipliqué por mil los que la seguimos por televisión.

Leyendo el evangelio en la iglesia más grande del cristianismo, recordó la historia de María y José viajando de Nazaret a Belén para registrarse en un censo ordenado por el emperador César Augusto.

“En sus pasos se esconden tantos pasos. Vemos las huellas de familias enteras que hoy se ven obligadas a marchar. Vemos las huellas de millones de personas que no eligen, sino que son obligados a separarse de los suyos, expulsados de su tierra”.

Los pastores que fueron los primeros en ver al Niño Jesús “tenían que vivir al margen de la sociedad. Eran considerados extranjeros impuros. Todo en ellos generaba desconfianza. Hombres y mujeres de los cuales había que alejarse y temer”.

Vestido de blanco en una iglesia adornada con flores, el santo padre llamó a una “nueva imaginación social donde nadie tenga que sentir que no tiene lugar en la tierra”.

El sumo pontífice es hijo de migrantes italianos en Argentina, ha hecho de la defensa de los migrantes una plataforma importante de su papado, lo que lo ha enfrentado con políticos que dan palos de ciegos.

El pronunciar encendidos discursos contra los migrantes, le dio a Donald Trump una importante cuota en las elecciones. Pregonó construir un muro y expulsarlos del país. En Alemania un partido de derecha con retórica antiinmigrante logró muchos votos, castigando la política de puertas abiertas de Angela Merkel.

En su homilía, dijo que “nuestra carta de ciudadanía” viene de Dios, lo que hace del respeto a los migrantes una parte integral del cristianismo.

“Esa es la alegría que esta noche estamos invitados a compartir, a celebrar y a anunciar. La alegría con la que a nosotros, paganos, pecadores y extranjeros Dios nos abrazó en su infinita misericordia y nos impulsa a hacer lo mismo”.

El Papa también criticó a los traficantes de personas que les sacan plata a los migrantes. Los llamó Herodes con sangre en sus manos, comparándolos al rey que ordenó la matanza de todos los varones recién nacidos en Belén.