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En la víspera de Navidad conversábamos sobre el asunto de cambiar para emprender con mi hijo Benjamín y otras personas, una de ellas, una mujer entusiasta que reconoce la trampa de la prisa de la que no somos ajenos, Praxy Pineda, dijo una expresión breve que me pareció la síntesis pertinente de la plática: “disfrutar el proceso”. En esta etapa de cierre de un año y apertura de otro, en el que realmente podría decirse que el tiempo transcurrido es el proceso que está por culminar para iniciar otro; es el ciclo inagotable de buscar y encontrar, como  ilustré en la novela Encuentro (2015), en donde es indispensable disfrutar el camino, el recorrido, sin caer en la trampa de esperar solo el final, que es futuro, lo que alimenta la ansiedad y limita o impide vivir y disfrutar el presente, el momento que se prolonga: intenso, diverso e imprevisto y que le dará sentido a lo que venga o a donde llegues, sin prisa, desde la activa serenidad del momento cuando toque y que lo hará presente. 

La palabra “proceso”, cuyo origen etimológico del latín processus: avance, marcha, desarrollo. Es lo que hay que transcurrir o armar, en el que se incorporan componentes, partes o aprendizajes del que estará hecho el final. El proceso puede ser extenso, integrado por una secuencia de momentos presentes (que serán pasados, sin retenerlos), que hay que digerir y disfrutar, sin ahogarse en lamentaciones, son lo único que fortalecerá el sentido de lo que podría ser la explosión o el auge del “final”. No hay fin sin principio, no hay meta sin recorrido. La vida está formada de procesos y finales que se enlazan. La satisfacción de llegar cada vez (¿estás listo para llegar?) tiene sentido por la intensidad, calidad, esfuerzo o dedicación precedente. Joyce, autor de Ulises, escribió: “No hay pasado ni futuro, todo fluye en un eterno presente”.

Al leer un libro, por voluminoso que sea (asusta a algunos), hay que disfrutar el texto sin precipitarse en adelantar el final, porque habrás perdido la trama, el argumento, el placer de  imaginar que divaga con la razón y las emociones a lo largo de las páginas.  Al ver una película ¿qué sentido tiene precipitar el desenlace? Disfrutar el filme mientras transcurre con el entusiasmo del espectador que disfruta imágenes, diálogos y efectos especiales. 

Cuando escribo un libro, disfruto el camino que recorro, allí yace la fuerza de satisfacciones futuras. No es el momento de “inspiración” del que algunos hablan (no es más que una chispa de ideas y emociones, de motivación), sino el largo proceso de lecturas, aprendizajes, reflexión, elucubración, redacción y corrección. “Rostros ocultos”, requirió diez años, “Manantial” tres, “Encuentro” nueve, con momentos continuos e intermitencias, y los dos tomos de “Último año de Rubén Darío”, siete. Desde la visión del autor, pudo ser algo que se veía lejos, quizás sin tiempo calculado, en un camino que, a medida que transcurre, surgen imprevistos, desencantos y desvíos, para luego retomar el sendero y alcanzar la meta. ¿Cómo dejar perder la intensidad de los momentos que le darán existencia al libro? Lo que ocurra después, no es asunto del autor, sino de circunstancias ajenas y del lector.

No es inteligente fijarse únicamente en “la última línea del estado de resultado”, sin tomar en cuenta lo que está detrás e hizo posible el dato final positivo o negativo. Las 344 medallas de oro (58 de Nicaragua, su mejor desempeño en estas competencias) obtenidas por los atletas en los XI Juegos Deportivos Centroamericanos (Managua, 2017), adquiere sentido para cada uno cuando valora el camino recorrido que permitió el triunfo. 

La victoria sin mérito ni esfuerzo no es solo efímera sino también carece de entusiasmo. La adversidad se supera en el proceso, las satisfacciones se cultivan cada instante, desde la serenidad o convulsión, desde actividades cotidianas y extraordinarias, previstas e imprevistas, allí radica la esencia de la vida. ¿Cree usted que vale la pena vivir pensando en el final y perder la riqueza de multitud de momentos presentes?  ¡Viva usted el año, sin esperar el final! ¡El final vendrá y entonces, será presente!

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