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Hace 16 años que dejamos de ver a Pablo Antonio Cuadra (Granada, 1912-Managua, 2002). Pero solo fue una pérdida material. No fue espiritual o intelectual. Sus artículos periodísticos, poemas, cuentos, críticas literarias, ensayos y su obra teatral, nos quedaron para la posteridad, para los que están y vendrán, para los nicaragüenses necesitados de argumentos democráticos, patrióticos, civilistas.

Tampoco olvidemos que fue un artista plástico, destacado por sus tapices, inspirados en la mitología indígena nicaragüense. 

Desde su inteligente dirección de La Prensa Literaria, los nicaragüenses pudimos abrirnos a un mundo lleno de conocimientos de gran valía científica, literaria, cultural y filosófica.  

En mi opinión, PAC junto a Joaquín Pasos, Carlos Martínez Rivas, José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal, conformaron el quinteto poético más fecundo producido por la literatura vanguardista centroamericana. 

Pero el asunto de su poesía era otra dimensión. Era de una estética coloquial innovadora. Su “Cantos de Cifar” lo escribió para inventar una especie de mitología nicaragüense (Darío enalteció la griega; Cuadra inventó la nacional); y también enalteció heroísmos de personajes populares. Su prosa ensayística, periodística y literaria es caupolicánica: escritos valientes  desde la sublevación; desafiando a los conquistadores contemporáneos ―los todopoderosos políticos. Sus editoriales desde el diario La Prensa eran columnas graníticas, defendiendo los valores democráticos, la libertad  y la justicia. 

Cuando lo releo, lo revaloro: reflexivo, profundo, sabio, justo. Nunca intentó ser filósofo, pero sus ideas tocaban lo abstracto para hacernos ver que la verdad es la otra cara de la libertad, sustentadas ambas en la búsqueda y construcción de nuestra identidad propia, pero desprendida, momentáneamente, del árbol judeo-cristiano, al que debemos volver por sensatez y moralidad. Así como también buscaba la razón desde la cultura, la antropología, la historia. Todo pretendía llevarlo a una simbiosis del ser con su entorno social y natural; y sustentado por el recio pensamiento ético.

Y si bien, nunca pretendió llamarse hombre-de-acción (como lo fuera André Malraux, a quien tanto admiraba), la estatura de su palabra movilizaba a otros y vigorizaba los ideales nicaragüenses.

Su formación estuvo fuera de la academia. Pero él mismo esbozó un entorno académico ―desde sus lecturas, viajes, conversaciones, vivencias nicaragüenses―, para crear una  pedagogía posvanguardista para sus numerosos discípulos. Paralelamente, desde La Prensa Literaria, institucionalizó la vocación por la literatura, la cultura, la historia. Era una escuela ética y estética de sabores nicaragüenses y transcendencia latinoamericana. 

El cuentista guatemalteco, Augusto Monterroso, decía que cuando conversaba con Pablo Antonio Cuadra y José Coronel Urtecho, se daba cuenta de que “…ellos dos conocían todas las literaturas…”. Y cuando el scholar norteamericano Steven F. White analizaba la poesía de PAC decía que había una interacción en su palabra con la naturaleza. O lo que precisamente denominó: “la eco-poesía de Pablo Antonio Cuadra”.

El cosmopolita literato y profundo místico franco-norteamericano Thomas Merton se lamentaba de “…no tener más tiempo para conversar con su amigo el poeta nicaragüense PAC…”.

Así, he ido encontrando a escritores y poetas como Octavio Paz, Arturo Uslar Pietri, y otros, que citan a PAC con alto respeto y admiración.

Invito a releer a Pablo Antonio para comprender, a través de su palabra, el impulso que nos da para entendernos como hermanos, vernos como nicaragüenses, y poder convivir sin rencores, exilios, dictaduras  y guerras. 

Reavivemos a Pablo Antonio Cuadra, el  grande intelectual y poeta nicaragüense que siempre defendió los valores de la democracia, los ideales libertarios, la dignidad del pueblo al enfrentarse, sin armas, a dictaduras diversas. Nada más con la fuerza de las palabras y la moralidad de la razón.  

¿Por qué olvidar que la literatura no solo se basta del lustre estético, sino del poder de la verdad que apuntala el ideal de justicia, oficiado en palabras por poetas y escritores? Son voces altas, fuertes y trascendentes que se estremecen.

Los nicaragüenses también necesitamos elevar la palabra inspiradora, el pensamiento valiente, el tesoro del buen juicio. Y esto se consigue cuando se cultiva el amor a las ideas, el amor a la libertad, el amor a la búsqueda de lo espiritual, que también crecen desde el arte, la filosofía o la cultura universal. 

Nicaragua no necesita desafiar a ninguna potencia. Nicaragua necesita enaltecer a sus hijos, dignificar a los excluidos, integrar a los distantes y hermanarlos a todos. 

Nicaragua requiere hombres pensantes y sabios. Necesitamos volver a levantar el pensamiento de Pablo Antonio Cuadra para reavivar el vigor del civismo, el sentido correcto de la libertad, la gracia del buen decir y la justeza de la razón.