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El pasado cinco de abril, se publicó en este mismo medio de comunicación la primera de tres entregas de un sorprendente y amplio reportaje periodístico, basado en el contenido de una carta donde se relatan hechos y acciones dolosas que supuestamente condujeron al denunciado fraude electoral en la ciudad de Juigalpa y resto de municipios. El reportaje hace públicas las peripecias y el andamiaje conspirativo que facilitó las acciones de una mujer militante del FSLN, supuesta autora de la referida carta, de quien se supone asumió entre un aura de mesianismo y redención, la planeación y perpetración del fraude. Lo más sorprendente según se desprende del reportaje, es que esta persona llegase a considerar sus acciones desde su muy peregrina visión y en clara apología del delito, como una humilde ofrenda y un sacrosanto acto de heroísmo y lealtad hacia sus magnánimos líderes políticos.

La ferviente “misionera”, sin nada que envidiarle al monje albino Silas, oscuro personaje de la novela El código Da Vinci de Dan Brown y fiel acólito del obispo Aringarosa, no podía “fallar”; así que no dudó, según su relato en la carta publicada, encomendarse al “Señor” para que guiase sus pasos. Así, esta antigua combatiente alias “Manuelita”, invocando protección divina, iniciaba a manera de ritual su conjura, implorando “por la memoria de héroes y mártires, por mi Dios que está en los cielos, por mis hijos, aunque fuese el último trabajo de mi vida”. Este primer acto marcaría el punto de partida del ardid que se fraguó y desembocó en el más vilipendiado y repudiado fraude electoral denunciado en la historia de Nicaragua.

Esta especie de teatro del absurdo, dejado al descubierto, a través del mencionado reportaje periodístico, deja inevitablemente muchas más dudas que certezas. Asimismo, considerando la posibilidad de lo “fantástico” que podría parecer para algunos el relato de los hechos, así como la audacia de su protagonista, no extrañaría entonces que pudiese despertar cierto escepticismo, es comprensible. Sin embargo, se derivan de la noticia, un sinnúmero de hechos circunstanciales, así como testimonios de supuestos testigos oculares, descripciones sobre situaciones y acciones concretas cronológicamente detalladas, estos hechos sin excepción son sujetos a ser investigados con fines probatorios. Estos elementos en su totalidad, se encuentran contenidos en la referida carta, cuya autoría se atribuye a esta militante sandinista, alias “Manuelita”. El manuscrito cuenta de veinte páginas y está disponible en la sección de enlaces especiales de END, juzgue usted.

Independientemente de cual fuese el criterio con el que algunos califiquen los hechos, así como la poca relevancia que para otros pudieran suscitarles; no obstante, es de trascendental importancia subrayar que dada la presunción del delito, las autoridades competentes están obligadas a considerarlos sin ligereza, obligándose a iniciar sin dilación una exhaustiva investigación en torno a estas supuestas acciones delictivas.

La Ley Electoral, en su capítulo único, de los delitos electorales, contempla en su Arto. 174, sanciones con arresto inconmutable de seis a doce meses, entre otros delitos, el establecido en su punto cuatro: “Quien en forma dolosa extraviare el Acta de escrutinio de la Junta Receptora de Votos”, asimismo, el Arto. 175, contempla sanciones de arresto inconmutable de uno a dos años por la tipificación de distintos delitos, incluyendo igualmente el referido en su punto cuatro: “El que altere el Padrón o Catálogo Electoral, destruya material electoral, o agregue fraudulentamente boletas electorales con el fin de variar los resultados de la votación, o substraiga urnas electorales”. Finalmente, el Arto. 178, establece que “corresponde a los que resulten perjudicados por estos delitos, y a la Procuraduría General de Justicia, el ejercicio de las acciones penales correspondientes. Serán competentes para conocer de ellos los Tribunales Penales Ordinarios”.

Los supuestos hechos punibles que se desprenden del amplio reportaje periodístico publicado y sustentado sobre la base de la carta atribuida a la militante sandinista, alias “Manuelita”, se convirtieron según lo que se desprende del relato, en el vehículo que condujo al fraude electoral denunciado en Juigalpa, y resto de municipios. Lo más grave de este “destape”, además de haber dejado seguramente boquiabierto a moros y cristianos, pareciera ser que apenas nos ha dejado entrever la punta del “iceberg”, dado que esta aparente línea de acción puesta en marcha en Juigalpa, bien podría haber sido implementada y ejecutada a manera de “patrón” en el resto del país, habiendo asegurado así de manera fraudulenta, el triunfo electoral del FSLN.

Sin desestimar la gravedad de las acciones atribuidas a la supuesta autora de la referida carta y cuyos destinatarios según la misma, serían el presidente Ortega y la señora Murillo, no podría dejarse a un lado sin la debida consideración, la penosa situación de pobreza, necesidad y desesperación, en la que asegura encontrarse actualmente la afectada. En el remoto caso que se llegasen a investigar estos hechos y fuesen comprobados, sería lamentable y desafortunado que esta persona incitada por un ciego fanatismo y cifrando sus esperanzas en una “justa recompensa” para aliviar su penosa condición de pobreza, la hubiesen convertido en la artífice del fraude en su jurisdicción electoral. Sin embargo, la demagogia y las acciones de quienes trafican con la misma pobreza a través de la manipulación y el engaño, resultan aún más deleznables y condenables en esta triste tragicomedia, donde “del fanatismo a la barbarie, sólo media un paso”.