Ezequiel D’león Masís*
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Yoga: una herramienta de sanación

Uno de los recursos útiles para mi proceso de sanación de Abuso Sexual en la Infancia (ASI) ha sido el hatha yoga y la meditación sentada (Zazen). La verdad es que sentimos con el cuerpo y no con el pensamiento. El pensamiento parece no tener límites, pero el cuerpo nos impone sus limitaciones. El escritor francés Romain Rolland dijo: “Felicidad significa conocer nuestros límites y amarlos”. Cuando releo esta frase dimensiono el potencial del yoga como herramienta complementaria de la sanación, pero también soy crítico de cierta moda competitiva que predomina hoy.

La disociación entre mente y cuerpo es una de las secuelas comunes instaladas por la experiencia de ASI. La mayoría de sobrevivientes, ya en la adultez, nos encontramos disociados, desconectados y desconectadas de alguna u otra forma de nuestros sentires. En realidad, disociarse es un recurso de sobrevivencia, una especie de congelamiento ante la incapacidad de la niña o el niño para comprender o aceptar lo que le sucedía cuando lo abusaron.

El asunto es que el cuerpo es para las personas sobrevivientes de una zona desconocida, otras veces resulta un lugar repudiado o, de hecho, un territorio relacionado con el miedo, la ira, el peligro, el castigo, la culpa, etc. Sanar es obligatoriamente un proceso que atraviesa el cuerpo.

El ASI casi siempre deja incapacitada por mucho tiempo y en muchas áreas de la vida a las personas para marcar límites saludables frente al resto de personas, pero también frente al trabajo y frente a uno mismo.

Zabie Khorakiwala, sobreviviente de ASI, al igual que yo, encontró en la práctica del yoga un camino para hacer trabajo interior: con ayuda de esta reconectó poco a poco con la memoria corporal de sus emociones traumáticas estancadas y somatizadas, luego pudo sentirlas, darles sentido, aceptarlas, digerirlas y empezar a dejarlas ir.

Las personas sobrevivientes podemos llegar a clases de yoga con síntomas de Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), algunas sobrevivientes están dejando varias adicciones a la vez, quizá hay quienes incluso conviven con algún tipo de condición mental compleja.

Yoga: un enfoque trauma-sensitivo

Zabie Khorakiwala notó que en las clases de yoga a las que asistía había escasa o nula sensibilidad frente a los procesos de sanación de sobrevivientes de ASI. Por esto ella misma se convirtió en instructora de yoga, y junto con varios especialistas desarrolló en 2014 un movimiento en Estados Unidos llamado “Be The Change Yoga”, el cual tiene como misión sensibilizar a facilitadores de yoga ante las secuelas sicológicas y físicas de las historias de abuso sexual.

Los 8 principios básicos del Yoga Trauma-Sensitivo de Khorakiwala pueden enunciarse de esta manera:

1. Actitud de exploración: plantear y vivenciar la clase de yoga como una práctica exploratoria del propio cuerpo y mente, lo que implica no forzar ni juzgar.

2. No imponer control: nadie en el grupo debe ejercer algún tipo de control sobre practicantes, en especial no influir a ir más allá de los límites corporales actuales. Se trata de un respeto sicoemocional, por eso tampoco conviene atribuir poderes mágicos o creencias místicas a la práctica de yoga. En efecto, la sanación es en buena medida la restauración meticulosa y paciente de los límites individuales, por eso es que el yoga puede ser un camino útil, entre muchos otros.

3. No brindar asistencia física: no se hacen ajustes ni “apoyos” que involucren contacto físico del facilitador con el cuerpo de la persona sobreviviente que practica yoga. Se pueden, eso sí, dar recomendaciones verbales que integren el principio de ser el yoga una práctica “exploratoria”. 

4. No hay pranayama: no se practica ninguna técnica de dominio de la respiración (“prana”). La manipulación de la respiración puede resultar amenazante para una sobreviviente y, además, es fácil desencadenar ciertos estados de revictimización, recuerdos traumáticos, flashbacks o engramas. No es adecuado enseñar ninguna técnica concreta, sino solo observar la respiración tal y como es en cada momento. En tal sentido, Tibauth Kosen, citando el Anapanasati, insiste en ello: “Si tienen una respiración corta, tengan una respiración corta. Si tienen una respiración larga, tengan una respiración larga. Si tienen una respiración rápida, tengan una respiración rápida”.

5. No hay competitividad: de por sí, el verdadero yoga no es competitivo, pero se debe insistir que en una clase con sobrevivientes de abuso se desecha todo tipo de perfeccionismo. La persona explora su propia comodidad, ingenia sus propias variaciones y adaptaciones con cada postura; no se le insinúa siquiera imitar a otros, ni mucho menos “lograr” o “mejorar”. La persona ve a quien facilita, luego hace su intento natural de incorporar la figura postural. Ese simple autoconocimiento es suficiente para su proceso de sanación: se integra cuerpo, emoción, mente, acción, conciencia.

6. No exhibir zonas genitales: se evitan posturas que remarquen o expongan la pelvis, el pubis. La persona sobreviviente está haciendo un gran esfuerzo por asistir a clases de yoga y por convivir con personas que recién apenas conoce: no es procedente incluir este tipo de posturas porque es muy predecible que afloren sentimientos de incomodidad, timidez o pánico.

7. Suavidad: las transiciones entre posturas deben ser suaves y convertirlas en una oportunidad para tener un nuevo trato con el cuerpo: una relación más armoniosa y saludable.

8. Seguridad: es necesario garantizar que la atmósfera del lugar de práctica represente seguridad en todos los sentidos posibles. Es pertinente preguntar en cada sesión si les parece un espacio seguro o no. Además, convendría evaluar el nivel de seguridad que se transmite desde la facilitación. Una facilitación sensitiva aspira a ser prójima y compasiva, nunca próxima ni invasiva.

Me ha resultado de gran utilidad conocer y practicar durante más de un año los principios de la propuesta de Khorakiwala. Son hondamente cruciales para estimular y no menoscabar ni estropear mi propio proceso de sanación. Desde su experiencia de acompañamiento, ella insta a que los grupos se formen -de ser posible- solo con personas sobrevivientes.

Nicaragua, 10 octubre de 2010.

* El autor es sobreviviente de ASI y facilitador de yoga (200-YTT).

ezequielmasis@gmail.com