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La frase “pan y circo” la inventó el poeta Juvenal en Roma, cien años a.C., para mostrar desprecio a sus conciudadanos porque no se interesaban en la política. “Desde hace tiempo —decía Juvenal— este pueblo ha perdido su interés por la política”, agregando que “ahora solo desea con avidez dos cosas: pan y circo.” Esta frase de Juvenal se usa despectivamente contra gobiernos y políticos que dan o prometen al pueblo “pan y circo” para obtener su aprobación o conseguir su voto. Pero reflexionando en el contenido de la frase me pregunto si realmente brindar o prometer “pan y circo” sea malo, o más bien resulte ser bueno. Así como me pregunto si tendrá siempre un significado malo que el pueblo no muestre interés en la política. 

Empecemos por la falta de interés en la política. Esto es un fenómeno muy variable en cada país según las circunstancias. En las últimas elecciones presidenciales de EE. UU. votaron apenas el 55.4% de los ciudadanos, y en las anteriores solo el 54.9%. En Suiza, desde 1919, votan entre el 42% y el 48%, únicamente. Sin embargo, en Francia, en las últimas elecciones votó casi el 80%. ¿Deberíamos censurar a los estadounidenses y suizos por no interesarles la política y a sus gobiernos por darles “pan y circo”? O más bien tendríamos que concluir que la mayoría de los estadounidenses y suizos se sienten cómodos con su situación general y consideran que los cambios políticos no afectarían sus vidas significativamente; mientras los franceses están preocupados ante la discusión de su permanencia o no en la Unión Europea, por la creciente ola ultranacionalista y por las masivas inmigraciones, todo lo cual afecta sus vidas. Esto mismo se puede aplicar a cualquier país del mundo: la participación o la indiferencia políti
ca dependerá de lo que esté en juego. Si un pueblo no se siente incómodo ni amenazado por la situación política, esta no le interesará mucho. ¿Se le puede culpar por eso? No lo creo, aunque no sea lo mejor. 

En cuanto a que el pueblo desee, y los gobiernos o políticos ofrezcan, “pan y circo”, no parece ser algo que deba verse despectivamente. Se entiende como “pan” aquello a lo que Dios se refería cuando dijo al hombre: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”; o lo que nos enseñó Jesús pedirle al Padre: “Danos hoy el pan nuestro de cada día”. O sea, que se entiende como pan todo lo que necesitamos para vivir dignamente: no solo el alimento, sino la salud, educación, techo, empleo… ¡incluso recreación! La “tercera generación” de derechos humanos incluye el derecho a la recreación —o sea al “circo”— como un derecho inherente e inalienable del ser humano. Los sicólogos y sociólogos consideran el acceso a la recreación como una necesidad básica de toda persona y necesario para una sociedad sana. Y si incluye deporte, mejor. Entonces, ¿por qué va a ser malo o despreciable que el pueblo reciba “pan y circo”? 

Pensando en Nicaragua, me parece desafortunado utilizar como táctica política de un sector de la oposición “acusar” al gobierno de dar “pan y circo” al pueblo. Sobre todo, cuando es notorio que el pueblo está contento con el “pan y circo” que recibe. Hay un sector de la oposición que sigue cometiendo estos errores… ¿nunca aprenderán? Su táctica es contraproducente pues esas críticas son vistas como amenazas de quitarles el pan y la diversión que ahora tienen y que aprecian muchísimo tener; y, para remate, ven a esos opositores promoviendo y celebrando la Nica Act y otras injerencias extranjeras, lo cual consideran amenazas de quitarles el pan de sus hijos. Por eso, si el pueblo ve con indiferencia o desprecio a ese sector opositor y a sus medios de comunicación, no es por otra cosa más que por la incapacidad que muestran para reconocer y aceptar la realidad, entender al pueblo y evitar su rechazo, que es cada vez mayor. No sirve su estrategia, pero ellos creen que sí. ¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!

Abogado, periodista y escritor
www.adolfomirandasaenz.blogspot.com