•  |
  •  |
  • END

Por supuesto que está muy bien todo lo que se está haciendo en pro de la educación y de la salud, en particular de los más pobres, así como los programas de estímulo a la micro y pequeña producción agropecuaria, y en especial el denominado “Hambre Cero”. Pero nada que se haga, ni siquiera una milagrosa lluvia pertinaz de dólares y más dólares sobre las masas empobrecidas, logrará que nuestro país sea funcional, si una conducta vertical y autoritaria está de por medio.

--Es que le tenés odio al Frente--, me dijo un amigo después de leer incorrectamente un artículo que publiqué en El Nuevo Diario, y agregó: --Ni siquiera te percatás de los programas sociales que estamos desarrollando--. Sus palabras dieron lugar a una amplia y agradable conversación que motiva este comentario que en síntesis trata acerca de que, por más obras sociales, si el gobierno no promueve otros contenidos de la democracia, vamos camino al despeñadero.

Ningún logro material, por portentoso que sea, podrá compensar la ausencia de las libertades y de los derechos fundamentales. Podrán llenar de edificios de veinte pisos toda Nicaragua, pero si no hay libertad de pensamiento, de disentir, si no hay respeto por la diversidad de opiniones, todas esas estructuras serán como un cuerpo sin vida, como una persona sin emociones, como seres sin alma.

Sin respeto a la ley, nada que haga el gobierno tendrá validez estratégica, no abonará a la construcción de un país funcional. De nada servirán los fogosos discursos diz que antiimperialistas y anticolonialistas, si no se subordina al imperio de la ley. Si la ley se aplica según conveniencias y colores políticos, nada correcto estamos haciendo. Si el Presidente sigue emitiendo decretos sobre materia legislativa, lo cual le corresponde exclusivamente a la Asamblea Nacional, se está haciendo trizas la ley.

Excelente la campaña de alfabetización y liberar a Nicaragua del analfabetismo, pero si no hay respeto a la libertad de expresión, ese logro gigantesco se reduce dramáticamente. La excesiva sensibilidad del gobierno, especialmente del Presidente de la República, a las críticas de los medios de comunicación social, no conviene a Nicaragua, y afectan y le restan solidez a la democracia.

A los señalamientos de que está manifestando rasgos dictatoriales, este gobierno responde calificando de “dictadura mediática” a los medios de comunicación social que lo critican. Esto es incorrecto e inaceptable. Al contrario, el gobierno debería agradecer la fiscalización de la gestión pública que hacen los medios, independientemente de sus fallas o excesos, porque esos señalamientos le ayudan a corregir sus debilidades. Pero un gobierno que no escucha y que, al contrario, pareciera querer sólo periodistas y medios que lo aplaudan, no contribuye a que el país vaya por el rumbo correcto.

No es posible olvidar que el año pasado el gobierno descargó toda su furiosa maquinaria intentando desacreditar a artistas y periodistas, a quienes les lanzó toda la inmundicia que le fue posible, sin lograr mancharlos, pero embarrándose él mismo. No tuvo ningún límite moral ni alguna mínima decencia, para insultar, descalificar y denigrar. ¿Qué clase de personas son las que pueden hacer eso? ¿Qué futuro para nuestros hijos y nietos están construyendo? Y es la familia Ortega-Murillo la que maneja directamente los medios de comunicación oficiales.

Pueden facilitar el crédito para varios miles de mujeres pobres, pero si las gestiones en los tribunales de justicia se moverán de acuerdo a los vínculos que se tengan con el partido de gobierno, nada de eso tendrá un valor perdurable. Si no hay valores y referentes morales sólidos, inamovibles, que como sana crítica acompañen indisolublemente a los preceptos jurídicos en relación al bien y el mal, en relación a la equidad y la justicia, seguiremos a la deriva.

Las causas más sublimes y maravillosas se desvanecerán si no hay respeto a los derechos humanos. Nada positivo que haga el gobierno, por excelente que sea, justificará la creación de violentos grupos paramilitares que encapuchados como delincuentes y armados de morteros, machetes, cuchillos, piedras, tubos y garrotes, impiden por la fuerza las manifestaciones de opositores al partido gubernamental.

Proclamarán a los cuatro vientos su amor a los pobres, pero mientras privaticen la ayuda venezolana y ésta se maneje como si fuera el más profundo de los misterios, como país y como sociedad, estaremos en problemas. Dirán que es solidaridad, pero no descartemos nada, pues podría suceder como las plantas eléctricas “donadas” que ahora debemos pagar.

No se puede querer a los pobres e impedir que una cuantiosa ayuda internacional cuyo origen es un acuerdo de gobierno a gobierno, se maneje como si fuera un asunto personal, lo cual está reñido con la transparencia y con valores elementales como la honestidad. Mientras no se incorpore la ayuda venezolana al Presupuesto General de la República, se continuará promoviendo la suspicacia, y, sobre todo, el mal manejo de recursos que deben ser públicos para que con ellos, por ejemplo, no se hagan compras privadas a escondidas del pueblo de Nicaragua, que sólo se llegan a saber gracias a denuncias de los medios de comunicación social.

Controlar todos los poderes del Estado, e incluso a organizaciones gremiales, obedece a una voluntad hegemonista y absolutista, que deviene de personalidades cerradas y autoritarias que pretenden tener férreamente todo en sus manos. Esto sólo puede llevar a la formación de una dictadura, y ya sabemos lo dañino y doloroso que es. El verticalismo que se está expresando de múltiples maneras, amenaza con atrasarnos, de nuevo, otro medio siglo, o un siglo entero. Y seguiremos de tumbo en tumbo.

¿Y qué piensa el FSLN sobre la alternabilidad en el poder? El Presidente Ortega quiere reelegirse y que su partido siga en el gobierno por siempre. Para lograr sus objetivos no escatiman en procedimientos tan inmorales como el gigantesco robo y fraude de noviembre del 2008. Más medicinas en los hospitales, por ejemplo, no lo justifican.

La cuestión, pues, no es aplaudir lo que parecen ser políticas positivas del gobierno, sino que éste abandone su proyecto autoritario y excluyente, y asuma como obligación, al igual que el FMLN, que debe impulsar una gobernabilidad democrática, para lo cual debe garantizar suficiente espacio a los demás, debe respetar a quienes piensan diferente y garantizar el cumplimiento de los derechos humanos fundamentales de todos los nicaragüenses.


*Editor de la Revista Medios y Mensajes
gocd56@hotmail.com