•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |

Cuando usted ocupa el transporte público en la semana lo hace por la necesidad de desplazarse; y este desplazamiento se da en un espacio (territorio) y en un tiempo (hora de entrada al centro de trabajo, centro de estudio, lugar de compra) y para ello se ve en la urgencia de buscar un medio que le garantice esa movilidad de donde se encuentra o vive, al lugar pretendido. Ahora bien, esa movilidad se motiva y justifica por la acción que va a realizar en ese otro lugar, que puede ser estudio, docencia, trabajo, compra u otra cosa. De manera que se entiende, desde el punto de vista de la función que le corresponde desempeñar al transporte público,  esta se encuentra intrínsecamente conectada y justificada a la idea de movimiento y vida de la población dentro de una ciudad y país.

Lo que significa que el garantizarla, tiene y tendrá efectos y consecuencias socioeconómicos para la persona usuaria y para la nación. Pero ¿qué pasa cuando usted al montarse en la ruta se encuentra que hoy en día lo que ha abordado es una discoteca rodante? La expresión es fiel a las realidades que les está tocando vivir en el día a día a los usuarios de rutas en Managua, así como en otras cabeceras departamentales, abarcando los desplazamientos entre municipios. Realidad que se va consolidando a niveles insostenibles cuando se están instalando en los buses parlantes y equipos de sonido de uso doméstico.

El sonido es aterrador y sus efectos se perciben en la población. ¿Quién controla esto? Este comportamiento se ha generalizado en Latinoamérica. Y vistas las consecuencias negativas detectadas en la población y en los efectos nocivos en los conductores por el daño físico y síquicos; en distintas ciudades de México, Colombia y algunas islas del Caribe los gobiernos municipales han implementado con los gobiernos centrales legislaciones para su control, implementando operativos con los respectivos ministerios de Salud, Medio Ambiente y Policía; revisando cada unidad en puntos de control, midiendo los niveles de sonidos con “sonómetros”, y evaluando en los choferes su pérdida de capacidad auditiva con exámenes de “audiometría”. Reportándose cantidad de equipos decomisados, aplicar la fuerza pública. Para darnos una idea, en medición en decibeles (dB); una plática normal a un metro tiene 60 dB, ruido de calle transitada 90 a 110 dB (vehículo, bocinas, frenos, gritos, etc.), licuadora y lavadora 70 dB; pero una discoteca tiene 100 o más dB. De manera tal que al ruido de la vía, ha de aumentarle el ruido de los equipos de sonidos que se han instalado.

¿Cuáles son los efectos de una exposición constante a estos ruidos extremos? Citaremos los efectos que la ciencia ha constatado en daños: sordera transitoria o permanente, destrucción irreparable de la células del oído, rotura del tímpano, luxación de los huesecillos del oído medio, alteración de ritmo cardiaco, aumento de presión arterial, perturbación del equilibrio hormonal, dificultad para dormir en las noches, aumento de los desvelos frecuentes, mayor agresividad e irritación de las personas expuestas, disminución de la capacidad de atención y concentración, estrés, pérdida del equilibrio sicológico, etc. A estos buses suben: niños de meses, escolares, jóvenes, trabajadores, ancianos, personas con problemas de salud.

En Managua funcionan aproximadamente 35 cooperativas; unas 835 unidades de buses que fueron renovadas, y este año 2018 cumplen los 7 años de servicio. Su estado mecánico se ha vuelto precario y sus capacidades están totalmente desbordadas por el número de pasajeros en las horas pico.

En ese contexto de sobresaturación, con temperaturas en 37 grados que aumentarán al mediodía casi a los 40 grados por el avance del verano, es que se están colocando las “discotecas rodantes”, transformando el transporte público en un pequeño infierno en horas del día. Leyes y apoyo legal existe suficiente en el Código Penal (Ley 641), en los delitos ambientales, en la Ley General de Transporte Público (Ley 524), la Ordenanza de Creación de Irtramma en 1999,  la Ordenanza  No. 01-2013 sobre “Daños y multas ambientales en el municipio de Managua”, que en su Artículo 11 comprende por contaminación con ruido el uso de equipos de sonidos, autoparlantes, amplificadores, etc. Cada ley establece quién es la instancia competente en aplicar la normativa.

Pero ¿quiénes son esas personas en la vida real encargadas de ejecutarlo? No cabe más que pedir por empatía, por misericordia con los usuarios, por solidaridad con sus mismos trabajadores que ocupan esas rutas que apliquen el control. Estimado ministro del MTI, alcaldes recién electos y director de Irtamma, Policía de Tránsito, dueños de cooperativas, Minsa… Desmonten las discotecas rodantes, humanicen el servicio público de transporte para las personas.