Esteban Solís R.
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Mientras la Unión Europea (UE) abre una nueva etapa de relaciones con Cuba e inicia un irreversible proceso de cooperación e inversión en la isla, la administración de los EE. UU. avanza en sentido contrario, aprobando arbitrariamente medidas que ensombrecen los históricos acuerdos alcanzados  entre los presidentes Raúl Castro y Barack Obama, que levó al restablecimiento de las relaciones entre ambos países tras seis décadas de ruptura. El último obstáculo son los supuestos “ataques acústicos” al personal de la embajada estadounidense en La Habana, es decir, vibraciones con una frecuencia a la velocidad del sonido que a muchos  les provocó, según se dijo,  sordera, mareos y náuseas. ¿Tanto desarrollo tiene Cuba como para utilizar este tipo de avances tecnológicos en una especie de guerra cibernética? Hace pocos días, la Associated Press reveló que tuvo acceso a un informe de la División de Operaciones Tecnológica del FBI  en el que afirma que no había encontrado pruebas de tales agresiones.  En repuesta, Washington expulsó a diplomáticos cubanos acreditados en la capital norteamericana y canceló indefinidamente la emisión de visas.

Desde junio del año pasado, el presidente Donald Trump dejó bien claras sus intenciones de revertir los acuerdos logrados entre los presidentes Castro y Obama, condicionando los mismos a “la liberación de presos políticos y la celebración de elecciones libres”. Incluso, Trump afirmó su disposición a negociar un nuevo acuerdo. En aquella fecha manifestó: “No levantaremos las sanciones a Cuba hasta que todos los prisioneros políticos sean libres, todos los partidos políticos estén legalizados y se programen elecciones libres y supervisadas internacionalmente” . El escenario para tal ocasión había sido escogido a propósito. El teatro de la denominada Pequeña Habana en Miami. La reacción de Cuba ha sido de rechazo al retroceso de las relaciones bilaterales, al recrudecimiento del bloqueo y de injerencia en los asuntos internos y a la retórica de confrontación, así como a la manipulación sistemática en el asunto de los derechos humanos. 

En contraposición a la actitud de la política del “garrote”,  Cuba ha trasladado a los representantes de una comisión estadounidense su disposición a impulsar activamente los acuerdos entre ambas partes y una serie de acciones concretas de varias entidades cubanas para avanzar en la cooperación en áreas de beneficio mutuo. La comunidad internacional ha expresado también su rechazo a la actitud de la administración Trump en su empeño por hacer trizas los acuerdos que permitieron el restablecimiento de las relaciones entre la isla y EE. UU.

En medio de la turbulencia fabricada por el magnate inmobiliario en torno a Cuba, acostumbrado a expresiones salidas de tono y calificadas a veces por algunos como “verdaderas salvajadas”, la decisión de la UE de elevar sus relaciones con la isla a un nuevo nivel no dejan de ser reconfortantes. A principios de este año, la Alta Representante de la UE, Federica Mogherini, anunciaba que el bloque regional se había convertido en el primer socio comercial, el primer inversor y el primer socio de cooperación para el desarrollo de Cuba. En ese sentido informó sobre la firma de una serie de acuerdos políticos y de tres nuevos proyectos de inversión por 49 millones de euros. “Durante una reunión con el canciller Bruno Rodríguez, convocamos a nuestros equipos a generar todos los asuntos posibles que se puedan tratar desde hoy hasta febrero, cuando desarrollaremos el primer Consejo. Vamos a explorar los temas de interés común y estamos abiertos al debate”, dijo entre otras cosas Mogherini. Antes había reiterado que, mientras algunos intentan aislar a Cuba, los europeos están más cerca de los cubanos que no se quedarán solos frente al bloque de los EE. UU. Líderes latinoamericanos también han remarcado su apoyo a Cuba. El pueblo de EE. UU. también reprocha a su presidente sobre  las injustas y caprichosas declaraciones y acciones de la administración Trump hacia la isla. La llegada a Cuba de visitantes de EE. UU. se triplicó en 2017. Según cifras oficiales, el año pasado llegaron un millón 173 mil 428 entre estadounidenses y cubanos residentes en ese país, para un crecimiento del 191 por ciento. 
 
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