Salomón Manzanares Calero
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En el génesis de la UNAN-León, hace más de 200 años, aprender las tareas intrínsecas formaba parte del aprendizaje desde un método convencional. El profesor, dueño y señor del saber, y el alumno, receptor del conocimiento nato o retransmitido de generación en generación docente. 

Con el paso de los años la educación superior ha evolucionado y los métodos se van adaptando a la globalización, cambios que permiten que el docente conozca retos y tendencias del movimiento de la sociedad. En parte, la misma UNAN–León también fue incidente en la sociedad nicaragüense. 

Los rasgos distintivos de la época se simplifican en la globalización, pues es perceptible la sociedad del conocimiento, ya que ocurre la revolución de la información y las comunicaciones, lo cual permite la internacionalización de las culturas. 

La misma globalización ha permitido protagonismo, mayor participación activa de los estudiantes en las aulas. Interactúan entre sí, y los docentes nos convertirnos en receptores de conocimientos e información que obtienen de distintos medios. A esto agregamos los usos múltiples de las tecnologías en el proceso comunicativo, siendo esta parte del llamado PEA (Proceso de Enseñanza Aprendizaje). 

El protagonismo tecnológico inimaginable cuando nace la UNAN (1812), tampoco cuando se funda la Universidad Centroamericana (UCA, 1960). Los muchachos hoy manejan herramientas que contribuyen al aprendizaje y lo hacen rápido con la ayuda de algún programa informático, tutoriales y desde dispositivos móviles. Obviamente los estudiantes se vuelven más dependientes de estos aparatos que del docente. Pero hay conocimientos de mucha incidencia en el aula, que incluso permiten cambios en los comportamientos sociológicos. 

Sin embargo, hay manifestaciones que aprendemos de los estudiantes. A muchos nos ha pasado que encontramos conocedores de temas, siguen la política, valoran la situación económica, saben escuchar y expresarse en público. Son de esas personas que por muy jóvenes que sean, tienen un coeficiente intelectual digno de admirar, brindarles respeto y cariño. Son de esas personas que independientemente de su posición partidaria, religión o cultura, pueden conversar sin llegar a los extremos. Una tendencia de la educación superior, pues las universidades se enfrentan al gran desafío de diseñar para la humanidad un proyecto global de desarrollo sostenible. 

Aún existen actores sociales, agentes de cambios que inciden para generar debate. Muchos docentes aún creemos en la universidad abierta, la lógica dicta el pasamiento libre y transmitido con esa espontaneidad que todo joven guarda en su interior. La Unesco dice que para lograr el desarrollo sostenible, la educación permanente es el mayor reto. Al igual que los sólidos y amplios programas de superación del personal docente. Estos a fin de ser orientadores en una universidad que conduce al debate, el análisis y la reflexión basados en la realidad. 

Pero, ¿qué más aprendemos de los estudiantes? ¿Será que nos enseñan algo nuevo? Creo que sí. Sobre todo la compañía y la escucha. Es cierto, que nos decepcionamos porque encontramos a quienes generan ruido en el PEA y que no responden a nuestros intereses o a lineamientos institucionales. Sin embargo, aprendemos a conocer seres humanos capaces de incidir en el ámbito nacional, aunque sean desplazados. 

En ese proceso aprendemos a ser un “poco” tolerantes antes los constantes reclamos y críticas estudiantiles que a sabiendas de su indisciplina, insisten por calificación cuantitativa. Y eso no importa, sea Brenda, Juan Adolfo, Jaime o Matilda, pues se aprende con el fin de ver los errores y orientar en valores. 

Saber hacer y ser son parte de la enseñanza del siglo XXI y donde los estudiantes aplican conocimientos. El primero, lo que hace estratégico es en el desempeño de habilidades. El segundo es el centro de atracción, que viva en armonía con el todo y se apropie de actitudes y valores. 

Aprendemos a ver personas comprometidas con la sociedad. Aprendemos a compartir la experiencia con la fuerza joven de trabajo. Aprendemos a ver más humanos y no seres tecnócratas, insensibles y egocentristas.
 
* Comunicador social.