Jorge Isaac Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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Cada mañana es un trajín abordar un bus a tiempo. Y cada vez es más difícil llegar a tiempo cuando al pedir una parada en una estación, el conductor no está escuchando la solicitud del pasajero ¿por qué? Por el ruido contaminante que se está estilando como moda desenfrenada en las unidades de rutas. Incluso cuando solo han bajado una parte de pasajeros, el bus arranca porque no logra escuchar que faltan personas por bajar. Marquemos algo: el transporte es un detonante de la actividad económica. Y si reconocemos que en las ciudades obtenemos una parte importante de la producción industrial, desarrollo, educación, comercio y tecnología de un país; también hemos de reconocer que su sistema de transporte, observado el nivel de concentración de población, es un elemento sustancial, vinculante y determinante en la economía de una familia y una sociedad.

Esto es pensar, planificar e invertir para lograr obtener la garantía de una mayor y mejor movilidad, lo que estaría entrelazada con un mejor desarrollo de la economía. Y cuando hablamos de la mejora del transporte, uno de sus elementos es la calidad de ese transporte, y en la calidad estaría la tranquilidad en su sistema de transporte. Y ese elemento tranquilidad, es un componente que va a la baja de manera permanente y constante, es decir, en un grado de negativo desarrollo ¿factor? El ruido. El ruido ha penetrado dentro del cajón rectangular semimetálico de los buses en Nicaragua, en sus distintas modalidades, sin que nadie se percate. Es decir, el ruido ha penetrado de manera “silenciosa” a la vida ordinaria de las ciudades. Y “sin que nadie se dé cuenta” se ha expandido exactamente donde asiste la mayor concentración de personas de una sociedad: en el transporte público. Dos verdaderas parodias.

Mencionemos elementos que cada vez son más frecuentes: solicitar parada de bus y no ser escuchado por el conductor por el sonido de parlantes, o bien cerrar la puerta del bus, sin lograr escuchar el conductor el grito de auxilio de alguien que ha quedado prensado. ¿Puede ser conducido un bus de transporte público por alguien que está perdiendo el audio, o que le está siendo alterada su concentración por ruido? Sustentaremos en otra pregunta previa y necesaria la pregunta ¿cuál sería, es, el efecto negativo en pasajeros y conductores (en la economía de un país) este tipo de circunstancias? La verdad es que se aposenta en nuestro sistema de transporte público la incultura del ruido. Y en esta línea cada vez es más cuestionado por la población las capacidades y calidades de los choferes de las unidades. Pocos salvan el nombre del oficio y lo dignifican. Recordemos que este transporte no lleva gaseosas o cosas; lleva vidas.

El ruido altera el comportamiento y paciencia de personas y personas son los choferes y pasajeros. El ruido distrae y en la distracción ¿cuál es la incidencia de este en los choques? La estadística no está, pero facilitamos la pregunta. El ruido es tal que han comenzado a utilizar los pasajeros, el peor de los remedios a la vista, y es el uso de auriculares, entiéndase igualmente ruido, para no escuchar el ruido del bus.

De ese sistema de auriculares, los daños auditivos en Europa y países desarrollados, tiene estadísticas sensibles en la sordera sobre todo de jóvenes. Este uso entra en el exacto momento en que es la moda cultural del iPod, que se vende en variedades de calidad, tamaño, marcas, precios, color, etc. De esta moda Europa está pagando un serio precio en las estadísticas de sordera de jóvenes antes de llegar a los 30, por un uso excesivo de audífonos.

En Nicaragua los jóvenes y pasajeros aún no lo ven, y por ello no encuentran ninguna amenaza a la vista. El punto es que lo verán cuando la sordera esté en el dato estadístico, es decir, cuando no tenga solución la pérdida auditiva de una parte de los pasajeros de buses. En Europa se dio la alerta por el daño auditivo que origina el mp3, y la Comisión Europea pidió “actuar rápidamente”. Según Bruselas, entre 50 a 100 millones de europeos usan a diario, reproductores portátiles de música. Y a nivel mundial existe un riesgo de unos 1,100 millones de jóvenes expuestos (de 12 a 35 años) al ruido por estar expuestos a “ruido recreativo”.

En nuestro contexto, el sistema de transporte colabora a la degeneración de la capacidad de escucha; abonando para una próxima vejez con sordera irreversible. Una sordera prevenible hoy. En esta línea de peligro estamos los usuarios de transporte público. Un servicio que se usa por necesidad, no por necedad.