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Cuando un empleado público asume su cargo, lo primordial no es por quién o cómo llegó allí, sino la manera en que debe desenvolverse en su puesto, demostrar que cualitativamente y cuantitativamente tiene méritos para estar en ese cargo.

Los destellos de agradecimiento hacia su padrino, madrina o patrocinador, como quiera llamarle, deben tener un límite, no llegar a lo obvio ante terceras personas, no ser excesivamente reiterativos en los cumplidos, y en lo general, mantener un límite, reconocer que existen dentro y fuera del territorio nacional personas que saben más que uno, y en lugar de atacarlos buscar cómo atraerlos, hacerlos socios de nuestros proyectos.

Algo fundamental, especialmente cuando uno toma partido, es que debe valorar que no hay contrincante chico ni grande, todos son de cuidado; el empleado público debe conocer muy bien contra quién escribe, más aún cuando él o ella, siente que tiene medio indicios de escritor, aunque sea de pluma confusa, y debe estar muy claro que su gestión, si es sometida al análisis público, en realidad tiene méritos para ser reprobada.

Otro aspecto relevante y que es una dura prueba para todos aquellos aprendices de funcionarios públicos que se quieren ocultar, al primer debate público, bajo la capa de quienes ostentan el poder, principalmente cuando olvidan que tienen un jefe inmediato a quien deben respeto, y por un principio básico de subordinación, deben mantener como primera autoridad dentro de la institución a la cual laboran, son los llamados de auxilio o de respaldo de sus protectores en sus pronunciamientos o artículos de opinión, parecieran cual peleadores de lucha libre que le hacen el cambio a su compañero de mayor peso o técnica, para que llegue a rematar a su oponente, cuando el primero siente que tiene perdido el enfrentamiento, pataletas de ahogado dirán unos, sentirse protegido por el padre o hermano mayor dirán otros, incapacidad de defender lo dicho o lo hecho, dirán todos.

¿Cuántos han caído en el error de pensar que si su patrocinador está en un plano superior, violará las decisiones de la autoridad máxima de la institución o ministerio en el cual trabaja su protegido para mantener a este último en el cargo? Totalmente falso, ilusos funcionarios, por más destellos de servilismos que pregonen a los cuatro vientos, la autoridad del superior inmediato tarde o temprano terminará imponiéndose y ese escritorio ganado por méritos políticos, inevitablemente se perderá por incapacidad técnica o funcional, por muchas teorías trasnochadas que publique en su defensa.

Moraleja al padrino o madrina: Si tu protegido actuó mal, no le des otra oportunidad, pues terminarás envileciéndolo, déjalo que desde su vida privada reflexione sobre su efímero paso por la vida pública, así, en un futuro lejano, quizás termine por ser más que un empleado público, un verdadero servidor público, atento a las necesidades de su institución, de sus subordinados, respetuoso de las opiniones de los demás e interesado por el bien común.