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Un amigo de Hernán Estrada y mío, me llamó consternado por el atentado donde el Procurador --según me dijo-- había sido herido de bala en el cuello.

Se me inflamó el colon y se me subió la glucosa. Llamé a mis compañeros más cercanos y me confirmaron el hecho, aunque me tranquilizaron diciendo que la herida no era mortal. Leí por internet en la irreprochable “La Primerísima”, los comentarios sobre este hecho alarmante.

Hablé por teléfono con Daniel Ortega, quien me platicó sobre su encuentro con Fidel Castro. Daniel me aseguró, entre otros detalles, que Fidel me envío un fraterno saludo --a otros compañeros y a mí-- y agregó Daniel que Fidel estaba en excelente estado de salud y cómo el líder histórico cubano le había relatado sobre un paseo a pie por calles de La Habana.

Pregunté alarmado a un alto oficial del Ejército sobre la afirmación del obispo Mata, de un levantamiento armado en el norte de Nicaragua. El jefe militar me afirmó categórico que a nadie habían matado. Tal información era falsa, reiteró.

Sin embargo, después de leer varios medios de comunicación y sus informaciones sobre estos hechos, estoy por completo desconcertado y abrumado por las reiteraciones de todo lo contrario de cuanto he relatado.

Tengo la severa duda y estoy al borde de la locura, relativo a mis convicciones informativas.

No existió ningún atentado contra Hernán Estrada. Mi amigo es un simulador y mis compañeros, así como “La Primerísima”, son mentirosos.

Ni hay prueba alguna de que Daniel se haya reunido con Fidel. Este artículo lo inicié antes de Semana Santa. Después dijeron como que sí, pero no hay constancia de fotos, o sea, quién sabe, por lo tanto, el saludo que me alegró tanto, no existió, ni el comandante de los comandantes caminó por las calles de La Habana, ni está en colosal estado de salud. Daniel y Fidel --Dios los perdone-- al parecer son también unos mentirosos.

Es, igual, de embustero el alto Jefe del Ejército, quien me ocultó las bajas de sus soldados en los encuentros armados.

Recordé que fui guerrillero y que estuve levantado en armas, y nuestros ataques eran dirigidos al Ejército del gobierno somocista y es inconcebible, por lo tanto, que exista una sublevación en la cual no han matado a ningún miembro del Ejército Nacional.

Se lo reclamaré al mentiroso oficial, quien me afirmó que no han matado a nadie a como afirma el obispo Mata. ¡Dios mío!
Se ha dicho que los medios influyen en las personas sin que ellas se den cuenta.

Otros consideran que hay abuso en la libertad de expresión y que más bien es la libertad de los dueños de los medios para satisfacer sus intereses a su ego. Hay uso, dicen, del miedo y los medios saben administrarlo, con sagacidad y con éxito, o bien hay una especie de analfabetización masiva, mejor aún existe un latifundio ideológico, tanto que basta leer un periódico sobre un tema específico –sobre Chávez o Daniel por ejemplo– y es como si ya se hubieran leído todos los diarios concertados – La Nación, El Comercio, La Prensa, etcétera. Los pocos diarios que no entran, dentro de ese consorcio aseguran tienen un marketing paupérrimo.

Se habla de lavado cerebral y parece esto un acto de higiene. Más bien, se afirma, debería llamarse porquería cerebral.

La noticia, según el diccionario es cuanto interesa a las personas, más eso es patraña, la verdadera es la que el dueño dice, dicen.

Todo esto es lo que yo creía de la SIP y su latifundio ideológico, hasta que escuché al talentoso Carlos Fernando Chamorro que en cuatro párrafos dialécticos me demostró cuan errado estaba. La sociedad de medios no existe, son células individuales. Lo único que hace la SIP es defender a los periodistas perseguidos y asesinados y no alquilarlos mal pagados y sumisos, diciendo --eso creía-- cuanto le dictan los propietarios de los medios de comunicación, a pesar de que la mayoría son inteligentes y valerosos. Pido perdón por haber juzgado tan mal eso, que yo creía un latifundio ideológico y es, más bien, la máxima expresión de la libertad y la democracia.

Por lo tanto, la audaz afirmación de campañas desestabilizadoras es otro engaño. Perdón, repito.