Jorge Eduardo Arellano
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Cada vez que se legisla en Nicaragua, nos aturde un vivo repelo de horror y pesadumbre. Primero, porque las pocas normas que presumen de modernas, se llenan de buenas intenciones maculadas en papel mojado; mientras que las más atrasadas y retrógradas, se aplican letalmente en contradicción a un ordenamiento jurídico razonable.

El nuevo Código Penal, sancionado y promulgado de antemano desde sus oscuras catacumbas, se adapta a las nuevas corrientes de poder con solapados propósitos e insidiosas innovaciones, que no hacen más que confirmar un “Estado de Derecho” proscrito y el subdesarrollo característico de un país tercermundista. Basta mencionar la antítesis predominante entre los preceptos derogados y los ahora vigentes: se legitima lo que antes era un delito y se condena lo lícito y moral.

Curiosamente, nuestros nobles disputados no tipificaron penalmente la pedofilia, pero sí exoneraron la sodomía. La violación a menores de edad no se ha especificado con las agravantes propias de su crimen, ni en su conjunto a tocamientos lúbricos, actos lascivos y abusos deshonestos. Pasó por alto que el abuso de menores de edad es un atentado atroz a los derechos humanos que debería castigarse con todo rigor. Pero, ¿quiénes cometen generalmente este crimen? He ahí, quizás, una explicación: los curas y reverendos. No obstante, habrá que esperar que el Vaticano enjuicie en proporción de uno en mil, a ciertos padres de la corrupción para que se forme la idea de que sólo Roma tiene la facultad de condenar la pederastia. ¿Acaso los diputados y la clase política de turno son insensibles a estos actos de perversión? Sí, porque son parte del arzobispado y demás denominaciones pastorales, o éstos conjugan los aparatos burocráticos de aquéllos. Y si la Iglesia es parte del poder político, democrático, legislativo, etc… ¿por qué no legaliza expresamente sus violaciones con un artículo que enuncie: las transgresiones a la norma devenidas de los religiosos, sólo serán sometidas a la vindicta pública… la ley los exime de responsabilidad penal? Supongamos que el Derecho Canónico siga condenando simuladamente a sus miembros abusadores hasta enjuiciar a los altos jerarcas del clero, ¿expulsaría el gobierno a nuestro Cardenal? No, ¿porque quién condena las veleidades y lapsus cogito del pontificado? ¿puede estar enfermo todo un cuerpo? Sería una fatalidad.

Pero aparte de la impunidad de esos cadáveres vivientes que han contaminado todas las esferas posibles, manteniendo encerradas en el redil a sus impúberes ovejas, ¿por qué los actuales diputados han borrado la tipicidad de sodomía, y en cambio han estipulado, con tinta indeleble, el aumento de la mortalidad materna derogando la figura del aborto terapéutico? ¿será que sienten celo por la emancipación femenina?
Es notable, tanto en la sociedad en general como en las instituciones públicas y privadas, el aumento desmesurado de la homosexualidad, cuya causa de proliferación la encontramos en raíces principalmente sociales. Aparte del estigma de “mal heredado” por orígenes genéticos, del abuso incestuoso o intrafamiliar, y por el desarrollo de la vagancia en la vorágine de la vida moderna que ensalza el ocio como “madre de todos los vicios”, otra causa de la homosexualidad es la preponderancia de la mujer en nuestra sociedad contemporánea.

En los nuevos estilos de vida, la mujer ha consolidado el dominio de sus aspiraciones y reivindicado sus luchas de independencia, soberanía y vigor autosuficiente. Pero, como aún subsiste en la mente de los hombres, el rezago de la cultura machista, hay muchos que se sienten marginados, impotentes y heridos en su amor propio, por la energía liberadora e incesante del motor femenino, que impulsa de manera creativa y eficaz los proyectos y oficios que hasta hace décadas fueron un privilegio patriarcal.

De manera que no encontrando más vía de escape que la holgazanería del gandul, la calle de en medio del dipsómano o granuja, y las profundas depresiones que llevan al suicidio, muchos hombres están optando por una suave degeneración, tratando de emular a la mujer en todos sus placeres hasta alcanzar la inversión de su naturaleza. Prefieren quebrarse las manos atrapando mariposas en los llanos de la impudicia. He ahí las causas del índice in crescendo del arquetipo andrógino, lo que a la vez genera safismo en la mujer, cuando perturbada por la majadería y actitud anómala de su sexo opuesto, no encuentra mejor acoplamiento y consuelo que en las ansias de su mismo género.

Pero auscultando la singular y verdadera causa de cochonería en el Parlamento, ésta parece basarse en las comodidades de la vida burguesa, independientemente de su extracción social. Nuestros legisladores, hastiados en algún momento de las costumbres forzadas de millonaires, se sienten atrapados en la curiosidad, buscando nuevas formas de éxtasis, que no encuentran en su disolución y despilfarro, pero sí en lo desconocido: en la experimental relación de camaradería y compañerismo.

La sodomía antes era permitida en el ocultamiento, en el encierro, tras bastidores, siempre y cuando no atentara contra el orden público, la moral y las buenas costumbres. Pero con la anulación de esta falta en el Código Penal, nuestros “padres de la patria” han quitado su freno para que se exprese libremente sin ningún tipo de discriminación. El problema es que vayamos a estar gobernados por esos especímenes invertidos que con frecuencia invaden las altas esferas del Estado. “Más les vale oler a ajo”, advirtió de cerca a sus cortesanos un dichoso Rey Sol, aunque no se les puede negar el mérito que sus acciones encierran: la rebeldía, ahora tan necesaria como todo tipo de transformación, incluyendo la “verdadera revolución gay”, que contribuiría en gran parte a terminar de una vez por todas con los viejos resabios y valores caducos de un sistema en decadencia, todavía alimentado por las sanguijuelas del oscurantismo.

Tal es la contraposición entre pedofilia y sodomía, tipificaciones extirpadas del nuevo Código Penal al antojo de nuestros legisladores, que fomentan --para bien o para mal-- estas prácticas morbosas.

mowhe1ni@yahoo.es