Migdonio Blandón B.
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Este prestigiado periódico, El Nuevo Diario, a finales del pasado mes de octubre, tuvo a bien publicar un artículo de este servidor titulado La Educación y la fe cristiana, lo cual agradezco, ya que considero que dicho tema es de suma importancia.   

Es bien sabido que la familia es la base sólida e intrínseca de la sociedad en  general, ya que el creador omnipotente de la existencia y de todo lo que existe, a cada criatura humana,  con la vida y tiempo limitado de existencia terrena a cada quien sabe dar; y desde el instante de su formación genética, se convierte  en la misma familia; pues sus padres también por la voluntad de Dios son del mismo origen, siendo Adán y Eva la ascendencia de toda la familia humana.

Dios ha querido sí que todas  sus criaturas humanas que considera hijas suyas, reconociendo su paternidad, todos considerándonos también unos a otros como hermanos, que lo somos y tratándonos como tales; reconociendo a nuestro Padre amantísimo, a quien con la vida se lo debemos todo, y considerándolos hijos suyos por su amor infinito, y como nuestro Padre, quiere que cumplamos a cabalidad el mandamiento de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, es la esencia misma de la ley.

Debe saberse que dicho mandato se conoce desde el comienzo de la cristiandad por todos los autollamados cristianos e igualmente por quienes no lo son. Desde entonces, con raras excepciones, por generaciones no se ha cumplido dicho mandamiento, quizá por desconocimiento de la verdadera fe cristiana o el poco conocimiento  de Dios en ciertos ambientes; lo cual lucifer aprovecha para influir en algunas de sus víctimas a que cometan parricidios, violaciones, homicidios, femicidios y otros abominables delitos.

La  fe que Dios por su bondad y gracia infinita sabe dar a todo el que con humildad se la pide buscándole  en la doctrina cristiana, es la única forma para encontrar el camino de la salvación, que para enseñárnoslo y servirnos de guía y evitar la pérdida de sus hijos predilectos, se ha ofrecido Él mismo en sacrificio.

Siendo nuestro Señor Jesucristo, Dios y hombre, por el sacrosanto misterio de Dios trino y uno nacido del vientre inmaculado de la Virgen María, por gracia del  Espíritu Santo para con su vida, pasión y muerte ofrecerse en holocausto. Y así, con su amor y su doctrina, enseñarnos el camino  para encontrar la salvación y llevarnos  con él desde aquí a disfrutar de su reino de amor y de paz.