Augusto Zamora R.*
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En 2017, Kenia aprobó una ley que castiga con hasta cuatro años de cárcel y 40,000 dólares de multa a quienes produzcan, vendan o usen producto no biodegradables.

En primer lugar, las bolsas plásticas, muchas de las cuales terminan en el estómago de animales que luego consume el ser humano, creando un gravísimo problema sanitario.

Se unía Kenia al creciente número de países (Francia, Ruanda, China…) que han prohibido o gravado con impuestos el uso de las tan populares como venenosas bolsas.

Tales bolsas tardan entre 500 y 1,000 años en descomponerse. Dispersas por el mundo y sus ecosistemas, tienen décadas siendo problema medioambiental de primera magnitud.

Son causa de muerte de decenas de millones de aves marinas, cetáceos, mamíferos y, también, de millones de seres humanos, a través de la cadena alimentaria.

No son imprescindibles, ni mucho menos. La especie humana ha vivido sin tales bolsas durante casi toda su existencia, cargando sus productos con alforjas, morrales y etcétera.

Es falso totalmente que no pueda vivirse sin ellas. Ocurre lo contrario. Seguir usando  esas bolsas atentan contra la salud pública, la naturaleza y casi todo lo que nos sustenta.

En buena parte de Europa la gente sale de casa con sus bolsas. Supermercados y tiendas no las usan o cobran por ellas. A partir de 2018, será prohibido ofertar bolsas gratuitas.

En España se prohibirá su uso a partir de 2020. Sería sano seguir todos esos ejemplos. Absolutamente sano.

az.sinveniracuento@gmail.com