Silvia Aguilera
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Queridos lectores, no se sorprendan del título de este artículo, no crean que es despectivo o que intento burlarme, para nada, esa no es mi intención. Este 18 de enero se conmemoró el natalicio de nuestro más alto orgullo nacional, se trata del magno poeta Rubén Darío y dada la actividad constante de las redes sociales y el orgullo de mis compatriotas por nuestro literato y genio, he notado que en las publicaciones presentadas en las distintas plataformas destaca el epíteto “Príncipe de las letras castellanas”, sin embargo, cuando alguno comenta el porqué de ese título al poeta, no logra responderla. A pesar del enaltecimiento que se realiza a Darío, las personas desconocen la causa de tanto orgullo, lastimosamente debo decir que en verdad no conocen a Darío, ya sea por el deficiente sistema educativo a nivel de primaria y secundaria o por la falta de hábito lector en nuestro país.¡Darío es más que tres libros!

En el nivel primario es donde se aprende lo básico, por ejemplo, lectura, escritura, suma, resta, multiplicación, división y también memorizar los poemas de Darío, eso si se tiene suerte, ya que por lo general lo que enseñan las escuelas son los poemas de cajón, los ya conocidos “A Margarita Debayle”, “Lo Fatal” o “Caupolicán”. En el nivel secundario se logra  abordar sus tres obras más conocidas, iniciando con “Azul”, “Prosas Profanas” y “Cantos de Vida y Esperanza...” Pero ¿qué es lo que aprenden los alumnos en sí? A conocer la métrica y figuras literarias, nada más que  tecnicismo, es decir, ser alumnos mecánicos y nunca analizar o establecer un pensamiento crítico de sus obras, pero en general, Darío es un total desconocido para muchos, no conocen que además de dedicarse al arte también ejerció la profesión de periodista, que brindó grandes aportes en los géneros periodísticos y que escribió muchas crónicas en sus viajes, asimismo en  su producción literaria no se reduce a tres libros, también intentó cre
ar novelas como el Oro de Mallorca y la Isla de Oro. Rubén, el revolucionario de las letras.

Sus obras eran holísticas, con la combinación de poesía y prosemas, como es el caso de “Azul”, así como las diferentes corrientes artísticas como el parnasianismo, el simbolismo, el uso de lenguas cultas como el latín y el griego, de igual forma las lenguas romances como el francés, sus versos alejandrinos característicos en todas sus obras, pero Darío era más que solo estética, su producción habla de los males de la sociedad, como si tuviese una voz, no solo plasmada en letras, la denuncia en contra de la burguesía, la política, la ignorancia y las injusticias. El arte es visto como el centro de su vida, la lucha por la defensa del arte y el artista es constante, puesto que son realidades que debe afrontar, en sus obras siempre menciona a los autores que guiaron su camino en el quehacer literario, como Víctor Hugo, Paul Verlaine, Miguel de Cervantes , Luis de Góngora, entre otros más. Los ideales plasmados a través de la pluma en su mundo bohemio y a la vez contradictorio. En sus escritos es notable el uso de la mitología, así como las referencias de autores y libros que dejan entre líneas para aquel que lea sus versos conozca del arte de la pluma y de aquellos quienes influenciaron su carrera artística.

Esta es la razón por la cual Rubén Darío es llamado “Príncipe de las letras castellanas”, porque revolucionó la lengua de habla española,  un poeta originario de un país pequeño llamado Nicaragua. 

Por lo tanto, cuando se llenen la boca diciendo “Rubén Darío... Príncipe de las letras castellanas”, sepan bien a quién se refieren... ¡Lean! No hay mejor consejo que tener hábito lector, la curiosidad y los cuestionamientos son parte del conocimiento, porque no hay peor vergüenza que un extranjero conozca más de lo nuestro y créanme cuando les digo que ellos también han leído y analizado a Darío.

¡Qué viva Rubén, padre del modernismo y Príncipe de las letras castellanas!

La autora es Lic. en Filología y Comunicación.