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Este 1 y 2 de febrero el Banco Mundial presentará en Nicaragua, con la presencia de ministros de Educación de Centroamérica, su “Informe sobre el desarrollo mundial 2018: Aprender para hacer realidad la promesa de la educación”. Este encuentro regional abre una puerta de oportunidad en la unidad de vigores dispersos por concertar una agenda educativa innovadora para el desarrollo humano; que contribuya a erradicar la pobreza e inspirar a la prosperidad colectiva con equidad. La presencia de diversos protagonistas como tomadores de decisiones a nivel de gobiernos, del Banco Mundial, empresarios, rectores de la educación superior, investigadores y periodistas de los medios de comunicación, así como de los directores, los docentes, los estudiantes y sus familias, es una buena práctica sobre lo recomendado en el informe. 

Aristóteles nos dice: “No investigamos para saber qué es la virtud,  sino para ser buenos”. En ese sentido, luego de tener un estudio claro sobre los factores que están incidiendo para que los estudiantes no logren aprendizajes significativos, se hace necesario pasar a las acciones, como también recomienda el informe, para transformar esta realidad. Tanto a nivel nacional, como en el centro educativo, tres acciones de política deben ejecutarse: investigación, formación e innovación. Tener evidencias sobre lo que ocurre en el proceso educativo en las aulas y escuelas, usar esas evidencias en la formación de docentes para que gestionen el proceso educativo pertinentemente y hacer nuevas prácticas pedagógicas que creen nuevos conocimientos y generen valor agregado de lo que se aprende, es urgente y estratégico para la calidad de los aprendizajes.

La investigación, formación e innovación responden al principio de articulación entre teoría y práctica. La práctica docente como eje de la formación requiere de un diseño curricular basado en competencias que oriente al docente ser competente en la gestión del proceso educativo de la educación básica y media, cuyo currículo posee un enfoque por competencias. En consecuencia, la problemática expresada en el informe sobre la crisis del aprendizaje referido a que “a menudo los docentes no tienen las competencias ni la motivación para enseñar de manera eficaz”, puede tener alternativas de solución en la medida que se adopten y adapten enfoques vinculados a la investigación desde el  “cambio de la práctica docente” y otros enfoques. Es así como el informe recomienda como medida de política educativa para abordar esta parte de la crisis: “Basar el diseño de políticas en la evidencia para lograr que las escuelas estén al servicio del aprendizaje de los estudiantes”.

Necesitamos respuestas a preguntas sobre la formación y práctica docente, para que  las escuelas estén al servicio del aprendizaje de los estudiantes: ¿qué evidencias tenemos sobre las preocupaciones y ocupaciones que tienen nuestros docentes en su práctica pedagógica durante el proceso educativo? ¿Los cambios sociales, las crisis culturales, el desarrollo tecnológico y lo que demandan nuestras sociedades de una educación de calidad en el siglo XXI es coherente con la formación que reciben nuestros docentes para corresponder con pertinencia y eficacia? ¿La formación docente ocurre en relación al análisis de la realidad y al desarrollo del pensamiento crítico, que permita al docente ser protagonista de una transformación social, a fin de que niños y jóvenes sean competentes en la construcción de nuevos conocimientos y emprendimientos de proyectos? ¿Cómo cambiar el modelo de formación “academicista” hacia un modelo “transformador - cultural”, desde la “práctica reflexiva”?

Este foro regional ojalá permita dar testimonio profesional y hacer declaraciones, desde los ámbitos técnicos y políticos, sobre el camino a andar en la construcción de un nuevo modelo de formación docente adecuado a los cambios culturales, sociales y tecnológicos, que favorezca la transformación de las competencias docentes en su planificación, ejecución y evaluación del proceso educativo; que facilite el perfeccionamiento de los roles docentes, en tanto, aprendan a ser investigadores, formadores e innovadores, en definitiva, profesionales de la educación, que hacen del “aprendizaje para todos” una prioridad nacional.  

*El autor es consultor en educación.