•  |
  •  |
  • END

Ph.D.


No es nada nuevo pero sí, algo muy diferente. En casi todas las declaraciones, planes, programas y proyectos referidos a la educación, se recalca, se acentúa, se insiste, se compromete una atención especial a los sectores más vulnerables, es decir, a los pobres sea cual fuere la caracterización que se le asigne, la forma con la que se les presente o la ubicación en la oferta educativa.

Este propósito se convierte en la práctica, en muchos países, como un deseo humanitario que con frecuencia no rompe las fronteras de una admirable intención. Son muchas las causas de esta contracción y diversas las razones que la sustentan.

No quisiera introducirme en ese obscuro laberinto, pero sí extraer de los propios sistemas educativos su lejanía institucional respecto de la atención a los pobres. La cosa es muy sencilla y casi natural. Los Ministerios de Educación centran de ordinario su organización y su interés en los niveles y programas de carácter regular, tomando la educación no regular como algo adicional atendida con frecuencia con la ayuda de instancias humanitarias que centran su trabajo en sectores pobres de la población.

Quiero decir, que la visión institucional del Estado a través de los Ministerios de Educación se maneja y se mueve en el espacio propio de lo regular, formal, sistemático. La prueba más evidente de esto lo encontramos en la estructura, análisis y datos de las estadísticas educativas, las que se distinguen por uniformar y no por diferenciar la clientela educativa según grupos de población así como la oferta que se les brinda. De esta forma se invisibiliza la realidad de los grupos vulnerables y no se precisa una atención educativa específica. La absorción por parte de la educación regular no permite visibilizar la población que conforma todo el ámbito no regular, espacio en el que se mueven históricamente los sectores pobres. Para el sistema formal, el número de estudiantes del nivel preescolar, básico o de educación secundaria entran en la misma categoría estadística independientemente que sean preescolares comunales, multigrado, primaria acelerada o secundaria a distancia sin resaltar las características propias de la oferta educativa que reciben los sectores sociales pobres porque estadísticamente entran en la totalidad de la oferta regular dejando prácticamente invisible la oferta no regular con sus evidentes y ricas particularidades.

Ahora sabemos que la educación regular pública y privada en los distintos niveles de preescolar, primaria y secundaria atendió el año 2008 una matrícula de 1.034,047 y la no regular en los mismos niveles atiende una matrícula de 577,691 para totalizar 1.611,738.

Si bien siempre ha estado en el imaginario educativo, la atención diferenciada de la educación regular y de la no regular a las que nuestra Ley General de Educación (2006), se refiere como escolar y extraescolar, en la práctica no se ha profundizado en el sentido y significado que entraña la educación no regular desde la población atendida y su relación con la pobreza.

En esto se fundamenta el hecho de que la educación no regular en sus diferentes expresiones no esté visualizada y atendida en su auténtica particularidad en la perspectiva estrictamente institucional.

Me parece de suma importancia que el sistema educativo nacional se adentre en los distintos espacios de los grupos de población pobre y lo haga con la visión y fuerza institucionales. Esto requiere de un cambio muy profundo.

Este cambio institucional que a su vez entraña necesariamente otros cambios en casi todos los factores de la gestión educativa y pedagógica de nuestra educación ha sido planteado y fundamentado con mucha precisión por el Ministro de Educación, Profesor Miguel De Castilla, desde una perspectiva que se origina y tiene como fin atender y visibilizar a los grupos de población cercanos o atrapados por la pobreza para así organizar su oferta educativa dentro de una acción institucional bien definida y organizada.

Su propuesta parte de un análisis de las diferentes ofertas educativas y los diferentes grupos sociales beneficiados por dicha oferta.

La oferta educativa regular y pública atiende desde los sectores sociales altos-medios y medios bajos; la no regular atiende a los sectores bajos-altos y bajos-bajos quedando marginados de la escolarización amplios grupos de población atrapados por la extrema pobreza donde anida el analfabetismo.

Respecto a la calidad, la educación privada se mueve en los rangos de excelente y regular, la educación pública regular se mueve entre buena y regular; la educación pública no regular entre buena y deficiente.

Lo anterior abre las puertas a decisiones importantes a favor de la equidad y calidad de la oferta educativa nacional.

Según este análisis, existen ofertas educativas con distintos elementos para los distintos grupos sociales. Lógicamente se trata de una oferta no sólo diferenciada sino al margen de la verdadera equidad, y de la necesaria calidad de la oferta educativa. Ante esta situación el Ministro plantea la necesidad de crear un sistema de equidad y un sistema de calidad incluyentes para aproximarlos lo más posible en la educación regular y en la no regular. Para ello visualiza crear una dirección específica que atiende la educación básica y media no regular.

De esta manera se persigue fortalecer toda la oferta educativa y visibilizarla en todas las particularidades que supone también la atención específica a los grupos pobres de nuestro país como sujetos importantes de un derecho bien ubicado en la malla de la institucionalidad de la educación nacional.