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Varios sicólogos, sociólogos y teólogos respetables han hecho abundantes estudios y publicado muchas obras que coinciden en que la gente es feliz cuando logra estar satisfecha con su persona y su vida, tal cual es. De algunas publicaciones de prestigiosos profesionales sigo compartiendo algunas ideas. Diariamente tenemos que proponernos ser felices librándonos de los obstáculos para la felicidad. El primer gran obstáculo -les decía en mi comentario anterior- es no estar contentos con lo que somos y tenemos, porque nos hemos propuesto metas demasiado altas de alcanzar. ¡Seamos felices con lo que hemos logrado y pongámonos metas realistas! El segundo obstáculo es compararnos con otros. En la vida siempre habrá personas que han logrado más que nosotros. Quizá esas personas lo merezcan y quizá no, pero eso es secundario. Si nos comparamos con ellas cometemos el error fatal de abrir puertas a la envidia, un veneno terrible para la felicidad. Y aún suponiendo que por cualquier circunstancia lográramos ponernos al mismo nivel de quienes envidiamos, disfrutaríamos solo un tiempo, pues luego veríamos que existen otros más arriba. ¡Siempre los habrá! Así, no podremos ser felices nunca. No nos comparemos con nadie, ¡jamás!

El tercer obstáculo es la “obsesión por la felicidad”. Buscar constantemente cómo ser feliz, puede generar angustia. Esto sucede cuando no sabemos lidiar con la frustración si los resultados no aparecen en el tiempo y la forma que esperamos. La felicidad no vendrá como un asombroso milagro, ni por arte de magia; no hay “recetas” que cumplir, sino “un cambio en el modo de ver nuestra vida”. La felicidad ya está aquí, en nosotros mismos, pero a veces no la vemos por buscarla donde no está. Propongámonos no “buscar” la felicidad, sino “vivir” felices, ¡ahora! ¡Mire lo que tiene y vea cuántas razones tiene para ser feliz! El cuarto obstáculo es “mantener ataduras negativas”. Revisemos nuestros sentimientos y si guardamos odio o resentimiento por quien nos hizo algún mal, o “con la vida misma”, ¡perdonemos y olvidemos! Pero, de verdad. O si perdimos a alguien, o algo muy valioso, y no dejamos de estar lamentándolo permanentemente, ¡dejémoslo ir! La felicidad a veces es frenada porque arrastramos algo que nos pesa mucho. Es como un lastre que nos impide ser felices. Debemos soltar el lastre que llevamos… ¡y olvidarlo! 

Un quinto obstáculo es tener paradigmas falsos. Hay que cambiar el paradigma de que “el éxito te hace más feliz”. Es un paradigma que está fuertemente instalado en la sociedad. La presión social nos lleva a creer que un título, un rol, una posición, un cheque gigante a fin de mes, es lo que nos da la felicidad. En realidad, no está mal el cheque, ni la posición, ni el título; lo que está mal es condicionar nuestra vida y nuestra felicidad a eso, porque son cosas demasiado efímeras (que hoy se tienen y mañana no) y superficiales, como para ser el sostén de nuestra vida. Un inmenso error es poner nuestra vida y nuestra felicidad en dependencia de la aceptación y el reconocimiento social, volviéndonos “esclavos” al gusto de personas que ni siquiera nos aman y que nos valoran por lo que tenemos y no por lo que somos. El éxito no te da la felicidad, al contrario, ser feliz podría facilitarte tener éxito. Para ser feliz, deja toda ciega ambición, y quizá así el cheque llegará y el estatus también… o quizá no. Pero no te afanes por eso. Encuentra la pasión, la plenitud, en lo que hoy tú eres, lo bueno que tienes y haces; verás que así encontrarás en las personas que de verdad te aman toda la aceptación y el reconocimiento que necesitas, al fin de cuentas ellos son los únicos que realmente importan. Quién asume esta actitud correcta estará en paz y vivirá feliz. Pero, además, si son padres y madres, guiarán a sus hijos para que en sus vidas puedan encontrar “la verdadera felicidad” y no caer en los errores de la “esclavitud social” que a nadie hace feliz, viviendo una farsa de competencia tonta y apariencia embustera. 

Abogado, periodista y escritor

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com