Marco A. Valle Martínez
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La gerontología es poco conocida en Nicaragua. Los estudios e investigaciones sobre la vejez y el envejecimiento son muy escasos.

El tema de la vejez, cuando se toca en los medios de comunicación es relacionado con accidentes, pensiones de vejez, leyes y reglamentos, seguro de invalidez, vejez y muerte, organizaciones de personas mayores y acciones del Ministerio de Salud, principalmente.

Mas hay un buen indicio de interés sobre la gerontología. Y es el hecho que la vejez se aborda en algunas monografías en las universidades. Una muestra es: Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua – León; Universidad Politécnica de Nicaragua; Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua – Facultad Regional Multidisciplinaria – Estelí; y Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua – Instituto Politécnico de la Salud.

Existen monografías en la carrera de Sicología, Enfermería, Enfermería con orientación en Paciente Crítico, Trabajo Social y Derecho, entre otras. En Medicina están orientadas a geriatría. En nuestro país no hay carrera, ni estudios de especialización y posgrado en gerontología.

Casi todas las monografías que hemos investigado, basan su conceptualización de la vejez en el enfoque biológico que viene de la orientación médica. Dicho enfoque sostiene que el desarrollo de la persona se experimenta en la infancia, mientras en el otro extremo está la vejez que se caracteriza por la involución, el declive y el deterioro. En medio está la juventud y la adultez en que la persona alcanza la cumbre de su desarrollo.

Dicho modelo se refiere a la edad como elemento de inicio de la vejez. En ese sentido, las monografías utilizan la edad -y la jubilación- para afirmar el inicio de la vejez, lo cual es coherente con su utilización del modelo biológico.

La experiencia diaria, tanto nacional como internacional, señala que la realidad está bastante distante de lo que sostiene ese modelo. Ni la edad, ni la jubilación -que tiene relación directa con la edad- por sí solas, determinan el inicio de la vejez.

La vejez y el envejecimiento sí tienen relación con lo biológico, pero no por sí solo, sino en su interrelación con las condiciones sociales, económicas, políticas y culturales de los países. Y también con la historia personal, familiar y social.

Si fuera por ese modelo, muchísimas personas de 60, 65 o más años en nuestro país ya estarían “viejas”, no “fueran productivas” y “estarían en la última etapa de su vida”, a como expresan ciertas monografías. Y no deberían estar trabajando. En cambio, la realidad es otra. Producen, tienen buena salud, y trabajan.

Hacia finales de la década del 70 del siglo pasado, algunos autores europeos, como Paul Baltes y Hans Tomae, y norteamericanos como Warner Schaie, impulsaron un nuevo enfoque para estudiar la vejez y el envejecimiento. Dicho enfoque se conoce como Ciclo Vital.

La Organización Mundial de la Salud en 1995, con el establecimiento del Programa de Envejecimiento y Salud, adoptó la perspectiva del ciclo vital, como uno de sus enfoques clave del envejecimiento. Posteriormente, la OMS en 2002 dio a conocer su Política de Envejecimiento Activo.

El enfoque del Ciclo Vital y el Envejecimiento Activo, son dos nuevas concepciones para el abordaje del estudio, la investigación, las consultas, así como las intervenciones a implementar relacionadas con la vejez y el envejecimiento.

El enfoque del Ciclo Vital critica la visión biológica. Sostiene que el desarrollo se experimenta a lo largo de todas las fases de la vida, y no solo en la infancia. En dicho proceso se experimentan ganancias y pérdidas. Igualmente, critica señalar la edad como inicio de la vejez.

La vejez es una construcción social, que varía según las condiciones sociales, políticas, históricas, económicas y culturales de cada país.

El ser humano tiene capacidad de adaptación en su vida física, sicológica y espiritual, así como en las circunstancias sociales y culturales en que vive.

Es esa plasticidad la que le permite a la persona ser capaz de producir y conducir su proceso de envejecimiento. E igualmente lograr una longevidad activa, saludable, y con una buena calidad de vida.

Estimamos que el trabajo realizado en las monografías es un buen intento, y vale la pena que lo hayan ejecutado, y ojalá se continúen realizando. En primer lugar contribuyen a los estudios, reflexiones e intervenciones relacionadas a la vejez y el envejecimiento en Nicaragua. Y en segundo lugar, están siendo efectuados no en la carrera de gerontología puesto que no existe en el país, sino en otras carreras, lo cual es meritorio.

* mavm@cablenet.com.ni