Guy José Bendaña Guerrero
  •   Managua, Nicaragua  |
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El poeta Eduardo Zepeda-Henríquez fue uno de mis mejores profesores. Su magnífica cátedra, de Estilística y Gramática Superior, dictada con su clara, potente y bien timbrada voz, era un verdadero deleite para sus alumnos. Cuando viajo a Madrid, es inevitable visitar a mi sabio maestro y disfrutar de su amena charla.

El día 13 de enero del corriente año, el poeta y ensayista, Jorge Eduardo Arellano publicó, en El Nuevo Diario, el artículo Zepeda-Henríquez: orgullo de mi país, con motivo del diploma, con ese título, que le otorgó nuestro gobierno.  Asimismo,  transcribió su trayectoria, resumida por el propio Zepeda-Henríquez, con alguna información adicional entre corchetes. 

Esta distinción trajo a mi memoria que, el 4 de marzo de 2010, a las siete de la tarde, en  el Salón de los Embajadores “Rubén Darío”, de La Casa de América, en Madrid, España, con la asistencia unas doscientas personas, se inició el homenaje a Zepeda-Henríquez. Dado que no se dio a conocer, en ese entonces en nuestro país, he decidido rememorarlo.

Con motivo de sus ochenta años, que cumpliría el 6 de ese mes, se develó la cabeza del poeta, obra del escultor español Francisco Aparicio. 

El poeta español Eduardo Fernández ofició de Maestro de Ceremonia. 

El discurso central estuvo a cargo del poeta nicaragüense, exalumno de Zepeda, y catedrático  de literatura de la Universidad de Valencia, España, Noel Rivas Bravo, quien destacó el fructífero quehacer poético de Zepeda-Henríquez y su vida dedicada a la enseñanza, en la Cátedra de Estilística y Gramática Superior.

La Dra. Enriqueta Zepeda, hija del poeta, leyó el discurso de este, en el cual agradeció  el homenaje y, con fino humor, se refirió a la cabeza, que era de él y también del escultor. A continuación se obsequió una recepción y ejemplares del poema autográfico, favorito de Zepeda, “Fisonomía sobre tablas”. 

Entre los presentes estuvieron la poeta Vidaluz Meneses, el embajador de Nicaragua en España, Dr. Augusto Zamora y el suscrito, pues recibí la invitación cuando estaba de visita en París y no dudé en trasladarme a Madrid, para estar presente en este homenaje, uno de tantos que ha recibido durante su egregia existencia.