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Guillermo Cortés Domínguez de nuevo, con su segunda novela, nos estremece recuerdos de guerra, dolores y esperanzas, valores y contradicciones de lo que fue y no pudo ser la Revolución Popular Sandinista, y en esta ocasión nos penetra en la Revolución Socialista de Cuba, motivando a la deliberación sobre ambos fenómenos y, por si fuera poco, comparte cátedra de periodismo y escritura.

Su libro anterior, El arcángel, y éste, me parecen novelas históricas testimoniales, pero a Huérfanas de guerra, atrevido, le agrego y la nombro: “Novela histórica testimonial periodística”.

Sentí reflejado al periodista más que en la primera novela, aunque en Guillermo afloran cinco dominios: periodista, historiador, catedrático, novelista, y sobre todo vividor de los hechos, lo cual le permite moldear acontecimientos reales que presentados como ficción, por un requisito técnico de género literario, no pierden credibilidad.

Mostrándome necio, y sobre todo temerario por la ignorancia, me niego a resumir la obra en “una mentira bien contada que parece real”, pues no son hechos inauditos ni fantasiosos, sino acontecimientos que enlazados magistralmente, en escenarios o locaciones yuxtapuestas, la conforman vívidas experiencias contadas por seis voces: personajes y autor.

La historia de amor con un alumno montañés nica narrada por la enamorada maestra cubana, donde explica las razones que la motivaron a viajar a Nicaragua en un contingente internacionalista, nos revela la faceta humana de una militante comunista santera que piensa y actúa como mujer, traslada a su marido a la isla, sobrelleva decepciones y se aferra a la ilusión de pareja.

El escritor nos prepara para la trama y nos mantiene intrigados con el tema: “(…) rodeada de personas sencillas que sobrellevaban con resignada sumisión divina su empobrecida existencia como si fuera una pesada cruz redentora, Cintia Armenteros sentiría surgir el amor (…) un amor loco y disparatado; o una verdadera locura de amor, porque, ¿cómo congeniarían dos personas tan diametralmente diferentes: un campesino ignorante que cuando ella llega a Sierrawás, no sabía ni las vocales, y una maestra de primaria; (…)un joven del campo recutido en lo más profundo y aislado de la geografía de Nicaragua, y una muchacha que vivía en La Habana…?”


Las interioridades síquicas
Guillermo logra conmovernos con la orfandad de dos niñas, que sin conocerse coinciden en sus pesares ante la desaparición de sus padres, desconocidos entre sí, durante un operativo militar contrarrevolucionario. Interioriza en el perfil síquico de ellas, y en la trama las presenta para que juntas venzan los trastornos.

Pero no sólo la siquis de las huérfanas describe el autor, también la del jefe contra, el paladín de la libertad, que disfruta degollando a sus enemigos; y la del jefe de las tropas sandinistas, cuyo método es el exacerbado uso del poder militar para con subalternos y civiles.

De la misma manera, Guillermo (estoy convencido que) por su caminata larga como corresponsal de guerra, y haber nacido en un pueblo del norte, describe muy bien la personalidad del campesino nica sin menoscabar su origen y modo de vida, sino con respeto y ecuanimidad, tal cual es, rompiendo con el estereotipo creado por el latifundio intelectual de la costa del Pacífico de Nicaragua.

El trazado familiar de Alfredo Espectorante, oriundo de Sierrawás y esposo de la cubana, así como la de otros campistos, aviva una sensación de admiración hacia el campesinado nicaragüense que padeció injusticia, manipulación política y religiosa, y se aferró a expectativas de cambios sustanciales durante la confrontación bélica en la cual participó.

En El arcángel, como lo escribí en su oportunidad, Guillermo nos pauta su intromisión narradora en la zona rural nica, sus paisajes y personas, en territorio de combate y lo reafirma en Huérfanas de la guerra; la novedad ahora la constituye su vínculo con el campesino cubano, la vida urbana y la revolución martiana, sin hacer comparaciones pero, inevitablemente, dibujando la realidad isleña y pronosticando su futuro, abordando valiente un tema controversial y del cual los revolucionarios cubanos son muy celosos.

Dos revoluciones unidas por la trama

Las dos revoluciones de América, en la última parte del siglo pasado, con orígenes socialistas, en el vórtice de la Guerra Fría, unidas por luchas comunes, Guillermo las articula más por el romance de Cintia, la maestra cubana, y el nacimiento en La Habana de una niña de padre nica: Vania.

El autor enlaza motivos emocionales, perturbaciones producto de la guerra, entre la niña nicacubana e Hilda Quilalí, la pequeña nicaragüense que también pierde a su padre, de ascendientes holandeses, durante el más grande ataque de la contra llamado “Operación David”.

La operación militar más importante de la contrarrevolución, el escritor la cuenta con maestría y detalles: características selváticas de la zona, táctica y estrategia militar, tipo y potencial y debilidad de armas utilizadas, comportamiento de los contendientes, reacciones de los campesinos civiles.

Guillermo nos demuestra, otra vez, los resultados de sus años arriesgando la vida como corresponsal durante las batallas y coautor del libro Corresponsales de guerra, publicado en 1983 por el diario Barricada.

Durante los veintiséis años posteriores, el periodista avanza, va consolidándose, en una marcha que lo lleva a las entrañas de contrarrevolucionarios nicas y cubanos, para publicar el libro de su autoría: Miami: Secretos de un Exilio (1986); comparte con otros colegas la creación de: El Ojo Maldito (1988) con motivo del huracán Joan a su paso por Nicaragua; continúa solo con La Lucha por el Poder (1990), De León al Bunker (2003), y en el 2007 salta con su primera novela: El arcángel.

El periodista novelista

En el transcurso, Guillermo asume su don de maestro en las aulas universitarias, y le imagino necesitado de compartir y transmitir conocimientos, experiencias y métodos, interesado en la cimentación profesional de la nueva generación, y seguramente para reafirmarse creciendo.

Por tales razones, no me sorprende que en esta última novela, insista en explicar los pasos para obtener una indagación satisfactoria, con todos los elementos justos, veraces y creíbles, cuando como periodista se quiere retratar un acontecimiento.

Tampoco me cogió desprevenido el rumbo de Guillermo hacia la novela, ni que detalle el proceso para ordenar la narrativa y convertirla en libro, reiterando dónde se rompe el hilo entre el periodismo veraz y la ficción creativa, estimulando a fallidos escribanos a disciplinarse, estudiar y no desfallecer en el intento.

Como maestro, enseña en el libro su dominio cognoscitivo sobre la palabra y el método, estructurando una obra que, para mí lector privilegiado, al recibirla, recién salida de imprenta, debe ser obligatorio que la lean.


*Sergio Simpson, Director Centro de comunicación y estudios sociales (Cesos)
Managua y Matagalpa, Nicaragua.

http://sergiosimpson.ysublog.com