Carlos Andrés Pastrán Morales
  •   Managua, Nicaragua  |
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Una familia se levanta por la mañana y extrañamente tienen que viajar ese mismo día desde León, ciudad natal, a Chichigalpa, obviamente en bus. Se alistan y pasan las horas hasta que se trasladan a la terminal del departamento, donde se encuentra un pequeño mercado también. 

El padre compra unas bolsitas de mangos y platanitos para él y sus hijas. Como de costumbre lanza las bolsitas de plástico en la calle del mercado, que está repleta de la misma basura de otro montón de personas que pasaron por ese mismo lugar.

En seguida buscan el bus y se suben. Como es acostumbrado, unos comerciantes se suben al bus antes de que este parta a su destino a vender una serie de alimentos y bebidas. Al padre y a la madre de la familia se les antoja comprar unos chicharrones ya procesados. Compra unas dos bolsas y unas botellas pequeñas de refresco embotellado. Perfecto. 

En el transcurso normal del bus hacia Chichigalpa, la familia consume totalmente los alimentos que previamente pagó el padre. Entonces viene este señor de al menos unos 35 años de edad, más o menos, y arroja la bolsa de plástico de los chicharrones por la ventana del bus. Sin sensibilidad y sin remordimiento. Se chupa las migajas que quedan en los dedos y sigue pensando en lo que tiene que hacer en el día. La hija del padre viene, ve lo que el señor hizo, termina sus alimentos y arroja igualmente la bolsa de chicharrones por la misma ventana del bus. Los padres quedan en silencio, sin importar los hechos, no saben nada, no entienden nada, no dicen nada, siguen en lo suyo aun sabiendo que botaron su basura en la calle.

Viene la madre y va por el mismo camino, va a botar la botella de gaseosa por la misma ventana, lo que pasa a continuación es distinto. Al arrojar la botella el viento la regresa y esta cae en el asiento de atrás, donde iban unos jóvenes conversando. La madre se disculpa y vuelve a lo suyo. Mientras tanto, el joven que le cayó la botella en sus manos, vuelve a tirar la misma botella ahora por la ventana de su lado.

¿Será que la gente es ignorante y en realidad no sabe el daño que están causando hacia el medio ambiente, hacia su país, hacia su propio bienestar y salud? ¿O de verdad saben que está mal y conocen las consecuencias pero no les importa?

Miles de botellas, latas, bolsas, plásticos son arrojados a las calles sin consentimiento alguno. Productos que tuvieron que pasar un proceso en el cual se gastaron grandes cantidades de energía, agua y otros compuestos, además de la contaminación que la producción de estos materiales conlleva, grandes emisiones de gases de efecto invernadero. 

Ahora el hecho de que estos sean tirados en las calles, solo provoca más contaminación, porque esos plásticos y botellas van a pasar en las calles por mucho tiempo en descomposición, aun provocando contaminación los mismos gases que emanan mientras estos se degradan.

La falta de conciencia es el enemigo del pueblo. Necesitamos sensibilizar más y crear una cultura de conciencia sobre el daño que se hace a sí mismo y a los demás.

Además de padres y madres que inculcan y tergiversan cultura errónea haciendo que sus hijos cometan los mimos errores que ellos.

¿Será que se darán cuenta de sus acciones? ¿O seguirán actuando con indiferencia antes los hechos que están sucediendo en la actualidad? 

Nos estamos muriendo y la gente solo hace que fallezcamos contaminados más rápido.