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El habla popular, como en el español general, experimenta alteraciones en la estructura de las palabras, ya sea por cambio, aumento, supresión o transposición de sonidos, por contracción de dos de ellos, etc. Estos fenómenos reciben el nombre de metaplasmos y los vamos a ver, someramente, a la luz de las leyes generales de la fonética.

Adición de sonidos al principio de la palabra

Es común agregarle sonidos al comienzo de la palabra, fenómeno conocido en lingüística como “prótesis”. Veamos algunos casos: almareado (por mareado): “Cuando subí a la cumbre del cerro, me sentí almareado”; arrecostar (apoyarse en algo inclinando el cuerpo): “Me quise arrecostar en el tablón, pero me dolía mucho la costilla quebrada”; abajar (por bajar): “No quiso abajar el queso del tapesco, porque no estaba bien ahumado”; descambiar (por cambiar): “Me descambió un billete de quinientos córdobas”; chingorro (por gorro): ‘Se puso un chingorro para protegerse del frío”; chinchinear (por chinear): “Ella está acostumbrada a chinchinear a los hijos, por eso son tan contumeriosos”.

Adición de sonidos en el medio de la palabra

Son frecuentes los casos de sonidos agregados en el medio de la palabra, fenómeno llamado epéntesis, como desenguaracar (por desenguacar): “Tan pronto llegó, dijo a desenguaracar lo que traía”; cónyugue (por cónyuge):: “Tuvo que dejar a su cónyugue porque el muy malvado mucho le daba sopa de muñeca”; tembeleque (por tembleque): “Todo tembeleque/vi de refilón su linda pantorrilla” (Carlos Mejía Godoy: Cuando yo la vide); garuga (por garúa): “Estaba amaneciendo cuando comenzó la garuga”.

Adición de sonidos al final de la palabra

También encontramos casos de sonidos agregados al final de la palabra o paragoge, como ridiculeza (por ridiculez): “Sólo me viene con ridiculezas”; nacatambuche (por nacatamal): “Me despaché un sabroso nacatambuche”; conectación (por conexión): “Hay una falla en la conectación de los tubos de aguas negras”; descharchalar (por descharchar): “Estaba bien en su trabajo, pero llegó un nuevo jefe y lo descharchaló”; perjúmenes (por perfumes): “Son tus perjúmenes mujer,/los que me sulivellan (Son tus perjúmenes, mujer).

Supresión de sonidos al principio de la palabra

El fenómeno contrario, o sea, la eliminación de sonidos al principio de la palabra (aféresis) se observa en casos como humar (por ahumar): “Tenía humando el queso, pero el tapesco se desbarrancó”; Ulogio (por Eulogio): “Mi compadre Ulogio tiene buena mano para capar chanchos”; Clotilde (por Cleotilde): “Esta doña Clotilde no para de tijeretear con la vecina”; chimbo (por cachimbo): “Le encontraron un chimbo de cosas robadas”.

Supresión de sonidos en el medio de la palabra

También encontramos palabras con sonidos suprimidos en el medio (síncopa), taurete (por taburete): “En esta mi casita sólo tengo dos pategallinas y un taurete”; madrasta (por madrastra): “La madrasta no le daba ni un real para un jocote”; padrasto (por padrastro): “Dijo que su padrasto la toqueteaba cuando su mamá se iba al mercado”; rocola (por roconola): “Me desvelé porque la rocola pasó tocando toda la noche”.

Transposición de sonidos en una misma palabra

Otro fenómeno común es la transposición de sonidos (metátesis) como vádigo (por váguido): “Como no había desayunado, me agarró vádigo en el desfile”; clueca (por culeca): “La gallina culeca no sale del nido”; cluquillas (por cuclillas): “Estuve en cluquillas jugando con el niño”; mayugado (por magullado); “Pepené las naranjas, pero todas estaban mayugadas”.

A veces, el fenómeno ocurre dentro del mismo uso dialectal como nesquiza y nisqueza, cachipil y chiquipil: “Yo le estuve ayudando a nisquezar el maíz”; “Me encontré en el estero con un chiquipil de pescados muertos”.

Unión de dos o más sonidos de diferentes palabras

La unión de dos o más sonidos de diferentes palabras, fenómeno gramatical conocido como contracción, se observa en palabras como almediós (por alma de Dios): “Es una almediós, por eso lo quiero mucho”; patechancho (por pata de chancho): “Forzaron el candado con una patechancho”; “lecheburra (por leche de burra): “En la purísima repartieron alfajores y lecheburra”; hijecasa (por hija de casa): “Es una hijecasa y goza de toda nuestra confianza y cariño”; pisicorre (por pisa y corre): “Mirá, no te esperancés a que Filiberto se vaya a casar con vos, que ése es pisicorre, tiene como tres mujeres más y a todas les dice lo mismo”.

Cambio de un sonido por otro

El cambio de sonido por otro ocurre en palabras como almariar (por almadiar): “Con la altura, me empecé a almariar”; humar (por fumar): “Me ofreció un cigarro, pero no quise humar por respeto a mi tata”; nubazón (por nubarrón): “Cuando vi la nubazón, creí que se venía el cuerazo de agua”; forra (por horra): “Tengo dos vacas paridas y tres forras”; humalera (por humareda): “La humalera no me dejaba ni coger juelgo”; ventazón (por ventarrón): “La ventazón casi nos hunde el bote en medio lago”; funigar (por fumigar): “Todos los años venían a funigar el algodonal”; retorcijón (por retortijón): “Se le vino un retorcijón que no aguantaba las tripas”; comelón (por comilón): “Por comelón, por nada se muere de una indigestión”; ñeto (por nieto): “Siempre vivió rodeado de hijos y ñetos”; coábulo (por coágulo): “Tenía un coábulo en la parte blanca de la chibola derecha”; cojollo (por cogollo): “Es una plaga que se come el cojollo de la planta”; bajareque (por bahareque): “La casa tiene dos bajareques y un patio”; interperie (por intemperie): “Las gallinas duermen en la interperie”; búrico (por úrico): “El ácido búrico me tiene doliosas las articulaciones”.

Muchos de estos casos citados, casi todos rurales o urbanomarginales, se quedan en la lengua oral, coloquial y familiar, reflejo de las condiciones personales y de su contexto socio-cultural.


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