José Esteban Solís R.
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Los dos Alvarado, Fabricio y Carlos (que solamente tienen el apellido en común) van a disputar la segunda vuelta el  1 de abril por la Presidencia de Costa Rica y desde ya  buscan apoyos de los ahora excandidatos que se quedaron literalmente a la orilla de pasar a la segunda vuelta, pues entre ambos aspirantes a la primera magistratura ni siquiera lograron el 50% de los votos en una jornada en donde el nivel de abstencionismo fue cercano al 36 por ciento. Es obvio que los indecisos, los que no quisieron votar o los que desdeñaron el sufragio jugaron un rol pasivo que fue determinante a la hora de evaluar los resultados.

Cuatro excandidatos reunieron el 47% del total de los votos válidos, un porcentaje que desde ahora se convierte en el objetivo fundamental de Fabricio y Carlos, el primero de ellos pastor,  cantante de salmos y periodista, mientras que Carlos, también un profesional de la comunicación, es aficionado a la literatura. Pero las coincidencias en los apellidos y en sus labores profesionales terminan ahí, pues sus convicciones políticas están en la antípoda. Fabricio, que corre por la bandera del partido de derecha Restauración Nacional, es un defensor de la religión y  los valores tradicionales de la familia, mientras que Carlos, que representa al partido de gobierno Acción Ciudadana (PAC), tiene una mentalidad más abierta sobre la unión de personas del mismo sexo y de darle un nuevo impulso a los programas sociales y educativos.

La decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que instó en enero a los países miembros a reconocer el matrimonio homosexual con plenos derechos desde patrimoniales hasta el de adopción y acceso a la salud, por ejemplo, catapultó a Fabricio Alvarado que rechazó esa resolución. A principios de este año las encuestas lo colocaban apenas con un 3% entre las preferencias del electorado. El otro Alvarado, Carlos, también volaba bajo. Los que lideraban las consultas que hacían públicas distintas firmas demoscópicas eran los candidatos de los partidos tradicionales, Liberación Nacional, Unidad Social Cristiana e Integración Nacional. Los resultados para el congreso reflejan lo sucedido en la elección del Ejecutivo. Un parlamento fraccionado con al menos cuatro  fuerzas políticas que se verán obligadas a negociar para sacar adelante las leyes, gane quien gane la Presidencia de la República. ¿Es real que se unieron evangélicos y católicos para encumbrar a Fabricio Alvarado? Eso es lo que dicen los que se han dado a la tarea de analizar los resultados, sin embargo, esta afirmación no parece muy firme porque si así fuese, Fabricio Alvarado habría ganado en primera vuelta y con más del 50% de los votos y porque la casi totalidad de los que compitieron se definieron como católicos.    

Lecturas sobre lo que dejó la jornada electoral del domingo 4 de febrero en Costa Rica hay muchas, algunas coincidentes, otras difieren muy poco y hasta las que son diametralmente opuestas. En las que hay mucha similitud es que la religión irrumpió de lleno en la campaña electoral con un invitado inesperado, la CIDH, y fue decisiva para que Fabricio Alvarado se impusiera en primera vuelta.

¿Le alcanzará para llegar a la Presidencia? Obviamente que no. Igual para el candidato del PAC  que pese a que quedó casi cuatro puntos por debajo del primer lugar, pienso que tiene más posibilidades de reunir más apoyos debido al conservadurismo extremo de Fabricio cuya campaña se enfocó de un solo lado sin encarar los principales problemas de los costarricenses como el desempleo, la inseguridad, corrupción y narcotráfico, asuntos sobre los que  Carlos Alvarado al menos reseñó.

Quedan muchas interrogantes sobre quién será el próximo presidente de Costa Rica, cuál de los dos logrará movilizar al segmento de indecisos y a los que no fueron a votar porque ninguno de los candidatos pudo convencerlos, quien de ellos tendrá el respaldo de los que no pasaron a la segunda vuelta y si ese apoyo se convertirá en una transferencia de votos, esas y muchas otras preguntas comenzarán a tener respuestas más pronto que tarde.