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Diversos sectores políticos y sociales de Ecuador apoyaron el triunfo del SÍ, en la consulta popular, convencidos de  que se inicia  un proceso de “paz, unidad y trabajo”, que fue anunciado por el presidente Lenín Moreno, al concluir el proceso electoral. Otros se muestran pesimistas debido a  que en estos primeros ocho meses el gobierno de turno, no solo muestra  su profunda ineptitud e insensibilidad  al momento de enfrentar la dura crisis económica y el desempleo, sino que despierta una frustración por el incumplimiento de tantas  promesas de transformación.

La lideresa social y analista política Dra. Graciela Estrella Abril sostiene que   las estructuras del correísmo se mantienen intactas y sometidas a las veleidades del exgobernante, quien entra y sale del país cuando le da la regalada gana. “El ideal de que otro Ecuador  sí es posible volvió a enturbiarse  con las viejas formas partidocráticas de ejercicio del poder  político, que han regresado de la mano de este gobierno”.

Agrega que no es malo consultarle al pueblo cuando se trata de un ejercicio democrático, el problema radica en la desconexión entre los contenidos de las preguntas y los imaginarios ciudadanos. Las urnas pertenecen a la esfera de la política, ese espacio demasiado distante de la cotidianidad del votante. “Lo político, es decir aquella posibilidad de incidir y decidir sobre los asuntos públicos,   sobre las necesidades y aspiraciones de la gente, sigue siendo un mundo vedado por las telarañas del poder. 

Con  el triunfo del SÍ, en la consulta, Lenín Moreno aspira afirmarse y legitimarse como gobierno mediante un mecanismo tan elemental como inocuo, porque el resultado de la consulta no definirá condiciones distintas para la democracia ecuatoriana. Enterrar al correísmo obtuso y moribundo, entre otros objetivos constituye un acto de higiene política. El país requiere de otros referentes, de horizontes que compensen la incertidumbre en que nos dejó diez años de populismo corrupto.

¿Por qué no aceptar las propuestas para la consulta desde la visión de la  Conaie, Yasunidos sobre la declaratoria a Ecuador como un país libre de  minería metálica, un modelo de educación  menos autoritario,  reforma agraria,  políticas ambientales, autonomía indígena o  despenalización del aborto? 

Construir una democracia implica apuntalar a una sociedad que sea capaz de defenderla y profundizarla. Y eso solamente se consigue cuando los cambios se enchufan con los intereses de actores sociales relevantes: campesinos, jóvenes, mujeres, indígenas, estudiantes, ecologistas.

Lo otro, es decir las reformas institucionales, como la eliminación de la reelección indefinida y del Consejo de Participación Ciudadana, sin dejar de ser importantes, tienen un dejo de complejidad que entusiasma solamente a una minoría de la sociedad. Seducen sobre todo a los actores políticos más convencionales.

En el tema del extractivismo minero y la protección del agua,   la  Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Conaie  propuso  la declaratoria de “Ecuador como País Libre del Extractivismo Metalmecánico, la Protección de los Páramos y Humedales”, para evitar los daños,  alteraciones al ecosistema y a la vida, mas no la reducción del área de explotación petrolera de 1,030 a 300 hectáreas, impuesta desde las esferas del poder a través de  la pregunta número siete.

La construcción de una alternativa pasa por el reconocimiento de los espacios de lucha y resistencia al modelo de dominación que se ha creado a lo largo de varias décadas.  Hay que reconocer y destacar el liderazgo  de los movimientos sociales, particularmente, indígena,  trabajadores,  ecologistas, juveniles, gremios de profesionales en el proceso de resistencia al correísmo en esta última década.

La construcción de una sociedad democrática no puede conducir a la instalación de nuevas formas de dominación. No se trata de cambiar un caudillo por otro caudillo. No una democracia con adjetivos, sino  una democracia en el sentido esencial; es decir otorgarle a la sociedad el poder de decisión, la capacidad de decidir autónomamente su proyecto de vida sobre bases de justicia e igualdad.