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Iniciamos un nuevo año escolar, se abarrotan sueños, buenos deseos y expectativas del alumnado, familias y educadores. Su común aspiración es, sin duda, una educación de calidad. Pero, ¿a qué calidad se refieren? Las respuestas son múltiples.

Salir al encuentro de la calidad no es tarea simple ni fácil. Hay quienes la reducen a introducir “arreglos” (nuevas asignaturas, cursos de inglés para primeros años, etc.). Para otros, es modernizar y simplificar procesos de matrícula y de información académica con la tecnología; otros pretenden resolverlo con “talleres” de capacitación docente que se transmutan en largas exposiciones, con más contenido político partidario que científico y pedagógico. Es obvio que estas formas tocan la forma y no la esencia y contenido de la calidad, ni conectan con los problemas de fondo que aquejan a la educación nacional.  Con simples “parches” no resolvemos la deuda profunda que tenemos con la educación. Es preciso pensar la educación y su calidad desde un plano estratégico, sistémico e integral, si queremos responder a los grandes desafíos que plantea alcanzar el desarrollo humano sostenible del país, tarea aún pendiente. Posponer este desafío, solo contribuirá a ampliar la brecha existente entre educación y crecimiento. 

Esta perspectiva sistémica, integral, nos ayuda a pensar y concretar transformaciones profundas que debieran constituirse en agenda concertada, ordenada y gradual de toda la sociedad sin distingos políticos, religiosos o sociales. Pensar la educación, como hasta ahora, solo desde la miopía de la Casa de Gobierno, alejada de las demandas, aportes y experiencias exitosas de la sociedad, empresas, iglesias y organismos de sociedad civil, impedirá dar el salto desde el crecimiento económico actual, al desarrollo humano esperado, y solo servirá para acrecentar desigualdades y pobreza de grandes sectores, no  beneficiarios de ese crecimiento no sostenible. 

Llama la atención el sólido consorcio del Gobierno y empresarios en favor de este modelo de crecimiento y, en contraste, la falta de interés genuino de ambas partes por una educación de calidad, que sobrepase las expectativas de este crecimiento, desarrollando capacidades, competencias, habilidades laborales y conocimientos propios del desarrollo humano sostenible, abanderado inquebrantable del respeto a la persona, desarrollo de  la autonomía, compromiso ciudadano, lucha por los derechos humanos, libertad de pensamiento, juicio crítico y autónomo.  

Pensar la calidad demanda elevar la inversión al 7% del PIB, mejorar significativamente la capacidad de Mined, no solo para ejecutar el presupuesto, sino también para transformar la gestión educativa, asumiendo iniciativas estratégicas e innovadoras con la autonomía que ello requiere; transformar capacidades de delegados departamentales, municipales y directores de centros educativos, para tomar decisiones sin esperar orientaciones, generar procesos de reflexión crítica, innovación y rescate de los valores humanos con las familias, estudiantes y docentes. Es preciso devolver a la educación un “rostro auténticamente humano” perdido, capaz de superar la “cultura del silencio” y de recuperar “la cultura de la palabra”, rescatar derechos humanos perdidos y lograr su transformación integral. Necesitamos un currículum que supere conocimientos anquilosados e inconexos, capacidades y competencias incumplidas; a la vez que reconstruir métodos haciéndolos más dialógicos, cercanos y constructivos, para enseñar, aprender y evaluar.

Necesitamos priorizar la calidad de vida, reconocimiento profesional y formación de calidad de un profesorado abrumado, mal pagado, incomprendido y hasta maltratado; sin recursos didácticos, bibliográficos y pedagógicos. Cabe reencantar al personal docente, reconociendo su carácter profesional, apelando a la excelencia de su vocación fortaleciendo sus conocimientos y competencias con formación de calidad, superando el carácter instrumental y político de moda. Implicarlos en la toma de decisiones, alentar su reflexión crítica sobre la práctica y su capacidad de innovación; tratarlos como profesionales autónomos, reflexivos, capaces de transformar sus propias creencias y mitos. Urge superar, con creces, la brecha tecnológica del profesorado, como el mejor instrumento para enriquecer la enseñanza y el aprendizaje, y enseñar al alumnado su uso responsable y sano. 

La calidad es también superar las vergonzosas diferencias que afectan a la educación rural y de la Costa Caribe. Atender con calidad el multigrado es clave, tanto en capacitación y reconocimiento docente, como con recursos didácticos y bibliográficos necesarios. Superar el descuido histórico y educativo del Mined hacia la Costa Caribe, con los recursos y apoyo justos, para implementar con calidad el Currículum Intercultural Bilingüe que ha decaído ante el desamparo central. Los grandes desafíos geográficos, legales y ambientales de esta rica región, demandan ser atendidos desde la educación, como merecen. 
Abramos los ojos concertando vigores dispersos, dando una respuesta de fondo a la transformación de la educación, si queremos lograr el desarrollo humano sostenible.

* Ph. D. Especialista en Educación.