Francisco Javier Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El Gobierno de Nicaragua desde sus instituciones de justicia, seguridad y defensa, publicó: “Libro blanco. Incidencia de elementos delincuenciales en Nicaragua, período 2007-2017” (enero, 2018), resultados del Sistema Nacional de Seguridad Soberana bajo estrategia/política: Muro de contención, “principal esfuerzo operacional” del Ejército y la Policía. 

Entre 2009-2010 coordiné para PNUD —con participación institucional y social—, la monografía: “Seguridad Ciudadana 1998-2010. Nicaragua: Riesgos, Retos y Oportunidades” (2011); continuidad del “Informe de Desarrollo Humano para América Central 2009-2010. Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano” (2009), elaborado junto al grupo de expertos de Centroamérica-Colombia. Ambos recogen información oficial y no oficial, datos, percepción y opiniones calificadas, valoran ámbitos objetivos y subjetivos de la seguridad. El informe regional identifica diversas amenazas: crimen organizado, pandillas, corrupción pública y privada, violencia contra mujeres y niños, delincuencia común; la inseguridad, una preocupación principal de la población, no es una sino muchas: hay diferencias entre países y grupos sociales; el abordaje requiere ampliar oportunidades, políticas públicas que protejan y prevengan, no “mano dura”, sino inteligente, mejorando la función coercitiva del Estado.

Según la monografía: “Aunque Centroamérica es hoy la región más violenta del mundo pese a no estar en guerra, Nicaragua parece ser un caso aparte en cuanto a seguridad ciudadana”;  observan tasas delictivas altas en el norte —Guatemala, Honduras, El Salvador— y medias en el sur—Nicaragua, Costa Rica, Panamá— (Nicaragua, tasa de homicidio, ascendió entre 2002-2009,  de 10 a 14 por 100 mil hab.). A pesar de compartir con el norte ciertas similitudes históricas y condiciones, tiene indicadores parecidos o mejores en seguridad ciudadana con países del sur. 

El “Libro Blanco” complementa estudios anteriores. Expresa el abordaje de la seguridad y el crimen organizado “desde un enfoque integral, multidisciplinario y equilibrado”. Es evidente que, a pesar que la seguridad ciudadana en Nicaragua era (2009) mejor que el norte de Centroamérica, observaba deterioro. La tendencia se revirtió —nuevo punto de escisión; anterior en 2000; menor tasa al extinguirse último grupo en armas después de 1990—,  a partir de 2011, la tasa de homicidios bajó a 7 por 100 mil hab. (2016), la menor de Centroamérica.

Es un documento desde óptica institucional. Habrá quienes no comparten algunas estrategias o interpretaciones gubernamentales. Es sólida y sostenible la evidencia sobre la ventaja comparativa que en seguridad ciudadana Nicaragua consolida. Es demostrable que el crimen organizado, a pesar de la amenaza regional, no ha logrado asentarse. También puedo observar algunas maneras de argumentar ciertos asuntos sin restar mérito al esfuerzo y resultado institucional y social que nos satisface.

La mejora en seguridad es consecuencia de la acción integral: preventiva y coercitiva del Estado, a partir de políticas públicas, del modelo de seguridad, de amplios programas de atención social y organización, asocio con sector privado, inversión productiva, recreativa y comunitaria, del crecimiento y estabilidad económica; aumentó el empleo, salario mínimo y  seguridad social. Hay paz; prevalece opinión pública con sentimiento optimista presente y futuro.

Según lo publicado, las denuncias por delitos de mayor peligrosidad (homicidios, violación, robo con intimidación, otros), descendieron desde 2010.  Igual afirmación hace de las denuncias de delitos y faltas penales, lo que lleva a mejor efectividad; entre 2007 y 2017 se redujo a la mitad la cantidad de denuncias y se duplicó la efectividad policial. Tiene lógica, si hay menos volumen de hechos registrados, habrá mayor capacidad de atenderlos. Señalo una omisión: la “cifra oscura” (no denuncia), distinta entre tipos delictivos; el homicidio tiene cifra oscura casi cero, pero, es alta en delitos sexuales,  violencia intrafamiliar, robos, hurtos y otros; no se puede afirmar que  reducción de denuncias implica menos delitos ocurridos sin relacionarlo con  la variación de “cifra oscura”, ¿subió o bajó? Considerarlo dará mayor solidez a lo indicado. Otra imprecisión es confundir “índice” y “valor absoluto”, como refirió en los 10 municipios con más muertes violentas. Indican cantidades, no índices. Managua, aunque registra 37 homicidios (2016), tiene índice menor que (ejemplo), El Cuá (12), relacionado con su población. 

La percepción social—según encuestas—, califica bien la seguridad ciudadana y sus instituciones. Las personas demandan vigilancia en paradas de buses, parques, mercados y colegios, en regulación del tránsito y la comunidad. Pienso falta atención a las denuncias por delitos menores. Las zonas más frágiles están en el Caribe y Norte, aunque la mayor población es en el Pacífico, donde demandan más servicios y ocurren más hechos. Confirma el Informe de Desarrollo Humano: la seguridad ciudadana no es homogénea. 

Nicaragua se presenta de manera creciente “atractiva al turismo y la inversión económica” (Foro Económico Mundial): belleza natural, hospitalidad y  seguridad ciudadana son patrimonio común del que debemos sentirnos, —a pesar de nuestras diferencias y lo pendiente—, orgullosos. 

www.franciscobautista.com