Orlando López-Selva
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España está buscando savia nueva. Las encuestas recientes acerca de la popularidad de los partidos políticos españoles confirman: Ciudadanos (28.3%); PP (21.9%); y PSOE (20.1%). Además, Inés Arrimadas y Albert Rivera, son los políticos más populares. 

¿Es este fenómeno solo atingente a las circunstancias actuales de España o se está convirtiendo en la nueva tendencia occidental?

Mi punto: El Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) están gastados. Es una campanada de alerta. Y el dinamismo de los líderes del partido Ciudadanos, con Albert Rivera (38 años) e Inés Arrimadas (36), constituye un fenómeno no aislado. Justin Trudeau, Matteo Renzi, Emanuel Macron, son precedentes de una moderna tendencia ya visible en Canadá, Italia y Francia, respectivamente. La gente está harta de las ideologías roídas y de los seudo-líderes demagogos y corruptos. Todo  lo que en política se prolonga, asienta y disemina la corrupción.

España es una sociedad, en la cual —como en todo régimen político— cada generación espera un cambio de actitud en el liderazgo para enfrentar los problemas nacionales. Pero, definitivamente, lo que ha hecho ver mal al gobierno del PP, presidido por Mariano Rajoy —un buen hombre, con desgastantes responsabilidades a sus espaldas—, es que la crisis catalana no para. Aunque el gobierno central haya actuado acorde a las leyes constitucionales. El caso es que la desatención temprana y recurrente de Madrid a las demandas de las regiones, ha hecho que los problemas —que usualmente nacen como simples protestas—, con el paso del tiempo se vuelven enormes crisis. Porque en política, las pequeñas cosas pueden, fácilmente,  salirse de las manos. Siguen las mismas leyes físicas de la bola de nieve. Y todo al final se muta en avalanchas. Pero, el fenómeno se da de abajo hacia arriba. Y los pocos que permanecen en la cumbre no pueden lidiar, mucho menos resolver.  

Y es que después de las elecciones de diciembre pasado en Cataluña (lo habíamos dicho anteriormente: “La crisis va para largo”), nada se ha resuelto. Todo volvió al mismo punto de origen.

Hubo una cosmética reconfiguración de fuerzas en la sociedad catalana. Y solo cambiaron las inclinaciones de la voluntad popular. En el parlamento, los que estaban antes en el poder, ahora lo vuelven a tener, por simple afinidad ideológica y alianzas de conveniencia. Pero con o sin Puigdemnot, la crisis se mantiene y el independentismo nacionalista solo ha perdido simpatizantes, pero no poder. 

¿Las alternativas son caos, nuevas elecciones o traiciones?

Ciudadanos, a nivel nacional, es un ganador neto. Es la fuerza liberal más joven de la península ibérica. Emergió con un liderazgo propositivo, cívico, audaz, genuino, incluyente y conectado con todos los sectores. ¡Y, créanme, ellos tienen todas estas características! 

Ciudadanos ha sabido interpretar los signos de los tiempos. No hablo de populismo. Hablo de los sentimientos de la gente que ve podrirse en privilegios a los políticos que no resuelven nada y se aferran más al poder.

Ciudadanos es un partido joven (fundado hace escasos 11 años). Está compuesto por líderes que escuchan al pueblo y hacen planteamientos propositivos en vez de quedarse en las diatribas y las críticas pobres y venenosas de los políticos tradicionales; 2) en el debate público no se enfrascan en denostar a adversarios sino en señalar dónde yacen las fallas, basando sus señalamientos en los principios constitucionales, la razón, la moral, y comportándose éticamente; 3) es un partido ecléctico que toma lo mejor de los puntos de vista más encontrados (por ello no tienen problemas captando simpatías de cualquier segmento social), propugnando principios como los de defender la libre empresa y los derechos plenos de los trabajadores; 4) tienen una doctrina liberal que les permite aprender de las ideas que sustentan lo más preciado de los seres humanos: su libertad; reconociendo la diversidad de criterios y opiniones; y asumiendo que también se equivocan, y pueden corregir sus yerros. No son como los radicales que jamás admiten errar. Solo ven defectos en los demás. Y hasta asumen papeles mitológicos absurdos. Se creen semidioses intolerantes, dueños del poder, la verdad. Son fanáticos intransigentes de sus resentimientos frente a su pares de otras esquinas, a quienes culpan de los males existentes.

Con esos antecedentes, no me extraña que Ciudadanos se haya convertido hoy en algo especial. Es una fuerza inteligente que los españoles quieren para darle nuevas energías a la discusión política y la búsqueda de solución a sus temas públicos.

¿Verdad que ese ejemplo de liderazgo y de partidos políticos debería cundir?