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Durante el XIX Congreso del Partido Comunista de China (PCCH) celebrado en octubre pasado el presidente Xi Jinping, líder indiscutible de esa formación política, afirmó, refiriéndose a los habitantes de Taiwán como sus compatriotas, que respetaba su sistema social  y el estilo de vida y que estaba dispuesto a compartir primero con ellos las oportunidades ofrecidas por el desarrollo de la parte continental.  También aseguró que China y Taiwán pueden dialogar  siempre que se reconozcan los hechos históricos del Consenso de 1992 que estableció el principio de “una sola China”  y que cada una de las partes hiciera su propia interpretación. Sin embargo, la presidenta de Taiwán Tsai Ing-wen no ha reconocido este concepto. La prensa china y medios de comunicación internacional destacaron que con estas  expresiones,   Xi  tendía la mano a Taiwán.

No obstante, ese aparente  gesto amistoso hacia  la isla iría acompañado de una serie de amenazas contra las aspiraciones independentistas de los dirigentes taiwaneses. En ese sentido afirmó que todo acto de secesión de la patria tropezará con la decidida oposición de todos los chinos. Xi elevó el tono durante su discurso tras prometer que China no permitirá que nadie, ninguna organización ni ningún partido políticos separará de China parte de su territorio.

El presidente Xi tendió una mano a Taiwán, no precisamente un olivo, pero en la otra escondía el acero. Hemos dicho en reiteradas ocasiones que el poderío político y diplomático del que dispone ahora China le ha permitido establecer un cerco diplomático contra Taiwán al punto de arrebatarle, si podemos utilizar este término, en los últimos dos años dos aliados diplomáticos, Santo Tomé y Príncipe y Panamá. Con el ascenso de nuevo al poder del Partido Democrático Progresista (PDP) en el 2016 con Tsai a la cabeza, provocó ríos de tinta a escala mundial sobre el advenimiento de cambios políticos trascendentales en Taiwán y una especie de realineamiento diplomático a favor del país que con apenas 36 mil kilómetros cuadrados, se mantiene en el puesto 20 dentro de las economías más poderosas del mundo gracias, fundamentalmente, a que es uno de los primeros países en el suministro de componentes de alta tecnología.

Pero no ha sido así. China seguía atenta todos los movimientos en Taipéi desde el  primer día en que Tsai pisó el Palacio Presidencial. La jefa de Estado, en su discurso de toma de posesión no reconoció el famoso Consenso de 1992, lo que irritó a los dirigentes del PCCH y desde ese momento anunciaron que cortaban toda comunicación oficial. La tregua diplomática que de hecho habían mantenido ambos países mientras el partido Kuomintang se estuvo en el poder  (2008-2016) se hizo pedazos, disminuyó considerablemente  la visita de turistas chinos a la isla y los líderes de China Continental arreciaron las presiones diplomáticas en distintos foros mundiales para bloquear el ímpetu de Taiwán por hacerse  un asiento en esos eventos. Estas presiones políticas, económicas y diplomáticas incluyen  trabas al ingreso de Taiwán a acuerdos comerciales internacionales en momentos difíciles para su economía que busca como diversificarse para no depender excesivamente del mercado chino.  Un diario europeo citaba las apocalípticas expresiones de un intelectual  de la Academia China de las Ciencias en el sentido que “si  Tsai no acepta el Consenso de 1992, la isla perderá aliados diplomáticos también en Latinoamérica”.      

Taipéi, consciente de esta difícil situación en el mapa internacional, ha redoblado sus esfuerzos diplomáticos, políticos, comerciales y culturales con sus aliados (20 en total), buena parte de ellos en América Central, incluida por supuesto Nicaragua, y el Caribe. Es por ello que la región se ha convertido en el corazón diplomático de Taiwán. Los líderes de estos países  le han reafirmado su apoyo a esta nación que recientemente tres de sus ciudades: Chiayi, Tainan y Taoyuan, han sido incluidas entre las siete comunidades inteligentes más relevantes del 2018, de a cuerdo a el Foro de Comunidades Inteligentes, un gabinete de estrategia con sede en Nueva York. Identidad nacional, democracia e integridad, son los pilares fundamentales de su fortaleza.

1estesor59@yahoo.com