Eddy Zepeda Cruz
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La reaparición del sarampión en algunos países es una evidencia de que las enfermedades no se pueden erradicar, solamente controlar en dependencia de la voluntad política de quienes deciden en el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) juega un rol figurativo nada más. La industria farmacéutica define las prioridades en materia de salud, a como la industria bélica lo hace en materia de guerra/paz. Un individuo sano no consume tratamientos y un país o región en paz no demanda armas. Simple regla de tres. 

Hace falta crear o mantener activas las enfermedades y epidemias para declarar emergencias y generar utilidades a los comerciantes de la salud y, paralelamente, promover guerras para ensayar nuevas armas de destrucción masiva o selectiva. Recomiendo leer el libro “La Mafia Médica”, de la doctora G. Lansctot para mayor referencia. 

La utilización de la medicina o la salud puede ser para bien o para mal, al igual que la energía nuclear o atómica puede resolver problemas tan dramáticos como el cáncer, pero también daños tan letales como las destrucciones de Hiroshima y Nagasaki en 1945. Parece ser que los japoneses sufren de alzheimer desde entonces, al optar por alianzas con los mismos que les hicieron semejante daño. Intereses creados.

Otra explicación del daño generado a la población usando la salud como arma o herramienta para dañar es la estrategia lesiva empleada contra Cuba y Venezuela al bloquear el acceso a tecnología, fármacos, reactivos y otros insumos, sabiendo que la población afectada los necesita. ¿No podría ser catalogado como crimen de lesa humanidad tal actitud de arrogancia imperial? Quienes elaboran las normas y leyes para acusar a unos que incumplen también deberían aplicarlas a otros que también las violan, pero no conviene, si es que realmente los primeros lo hacen o es simple alucinación febril de grupos élites. Las cortes internacionales de justicia y derechos humanos son instrumentos creados para beneficiar y proteger a los poderosos y  condenar a los más débiles. A fin de cuentas, ellos son los que ponen más dinero del presupuesto para que funcionen y hasta lo hacen en sus propios territorios.

Aterrizando un poco más en el campo que nos compete, la estrategia de mantener la enfermedad de manera crónica y no curar (para hacer permanente el consumo de servicios y terapias) llama la atención la aparición de enfermedades que se consideraban erradicadas: fiebre amarilla y sarampión. La promoción de otras que son recientes, artificiales y producen millones en utilidades: las encefalopatías traumáticas crónicas. Las primeras son de transmisión por virus y vectores, sujetas a comportamientos de la propia naturaleza (como el cambio climático) y las segundas por conductas aberrantes y patológicas creadas por el mismo ser humano. 

El futbol americano, el rugby y las artes marciales mixtas son seudodeportes que no fortalecen la salud física y mental de quienes las practican, contrario a la natación, gimnasia, beisbol, futbol soccer, ajedrez, entre otros. 

En los primeros se busca despertar el instinto animal primitivo de quienes lo practican, así como provocar daño, siendo afectados ambos contendientes. Se ha demostrado que en esas tres disciplinas, las personas reciben más de 1,000 golpes anualmente en su cabeza, predisponiéndolas a demencias en su quinta o sexta década de vida, lo que se conoce como encefalopatía traumática crónica. Sin embargo, vuelve millonarios a quienes la promueven.  Ironía propia del sistema social de mercado vigente. Curiosamente todos los participantes se encomiendan a un Dios antes de cada participación.

Realmente vivimos un mundo patas arriba, como lo dijera hace algún tiempo el inolvidable intelectual Eduardo Galeano. 

¿Hasta cuando se corregirán estos errores?

Hagamos planes de salud para curar o mejorar, y no para enfermar más, aunque ganemos menos.

Salud para todos.

*El autor es médico.