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“Alcanzar los fines no importando los medios para ello”.

Maquiavelo.

Apenas empieza el siglo XXI y ya enfrentamos dos Pandemias (es decir, que afecta a muchos países, razas o etnias, distantes geográficamente unas de otras). La primera, evidentemente heredada del siglo anterior, devastadora en términos humanos y económicos, por tanto, en lo social: El Sida.

La segunda, silenciosa, por tanto letal como la hipertensión arterial o la diabetes mellitus, que aportan un 25 y 9% respectivamente a nuestras causas de enfermedad-discapacidad-muerte-subdesarrollo; nos referimos a la incidencia cada vez mayor de antivalores humanos. No se registra aún por las clasificaciones médicas de la Organización Mundial de la Salud, ni de los organismos europeos o asiáticos. Es probable que se clasifique en categorías sociológicas, pero su impacto sobre la salud humana (física, mental y social) es devastadora, al igual que un cáncer. Divide a la especie humana convirtiéndola en contrarios. Quita a quienes menos tienen y da a quienes más poseen.

Muestra de ello serían tres casos recientes, aprovechados por los medios de comunicación para generar noticia. Eso vende: el caso del veto a un intelectual; el caso de los delatores de un movimiento irregular armado, y el caso de los estudiantes universitarios. En el primero, con todo el respeto como ser humano y como intelectual calificado, se le niega la oportunidad de desarrollar su trabajo, aun cuando sea aprovechado en parte para su utilización en confrontaciones entre antiguos hermanos (la famosa estrategia de la sociedad civil versus un estado antidemocrático). Similar táctica fue utilizada simultáneamente a otro intelectual del Sur del Continente (V. Llosa), quien luego de recibir un Honoris Causa la arremetió contra gobiernos que intentan emanciparse. Los del Sur.

En el segundo de los casos, la deslealtad, la delación y la traición son la constante. Destinar millones para convertir a una o más personas en seres que, ambicionados por intereses personales olvidan los intereses colectivos, el fin social que un día les motivó al sacrificio por el bien de los demás. Eso ya es un absurdo en la sociedad presente. Más temprano que tarde se darán cuenta del error cometido, aunque posiblemente no les sirva de mucho.

Y el tercero y más reciente, la separación de un grupo de estudiantes universitarios, que cobijados en algún momento por la misma causa o bandera, hoy se agreden y lastiman absurdamente.

El común denominador de este mal es el germen, parásito o bacteria llamado antivalores. El fomento de lo negativo sobre lo positivo. La acción de separar en vez de unir; de restar en vez de sumar. Parece ser que la premisa negativa de divide y vencerás sigue vigente, a pesar de los años pasados. Quienes lo fomentan son los mismos de siempre y a ésos ya los conocemos muy bien. Así como la espiritualidad ha sido reconocida dentro del perfil salud-enfermedad como beneficiosa o perjudicial, según se trate, es posible que se reconozca en un futuro cercano que los valores positivos en los seres humanos podrían generar sistemas sociales más justos y equitativos que nos acerquen al fin de la ansiada meta de buena salud para tod@s en el 2000, aunque pasada la fecha citada, tal premisa sigue en el intento.

Hoy la Salud, al igual que la Educación pasaron a ser una mercancía más, sujeta a las leyes del mercado donde la adquiere quien puede comprarla, aunque sean muchos más los que la necesitan sin poderla pagar.

Un escritor famoso, y no precisamente del mundo de izquierda sino del seno, de las entrañas de uno de los monstruos, O. Wilde, decía que “pintar un mapa donde no aparezca la utopía no es digno de ser visto”. Algo semejante nos enseña otro grande, esta vez un teólogo, L. Boff, quien nos enseña que debemos seguir siendo utópicos si verdaderamente queremos seguir siendo seres humanos. Esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo, comunismo... ¿Qué seguirá después?
Vivamos el presente como un obsequio, pues el pasado ya no existe y el futuro no sabemos si vendrá.


Código MINSA 6950