Gustavo-Adolfo Vargas *
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Este año habrá varios procesos electorales en Latinoamérica, por lo que los especialistas centran su análisis en las elecciones de México, Brasil, Venezuela y Colombia, que podrían virar el rumbo del mapa geopolítico, además de Costa Rica y Paraguay, se incluye el cambio de la Presidencia en Cuba y la consulta popular que se celebró en el Ecuador.

En Costa Rica, el Tribunal Supremo de Elecciones convocó oficialmente para el primero de abril la segunda vuelta electoral para elegir presidente. Los postulados, el predicador evangélico Fabricio Alvarado y el exministro y candidato oficialista Carlos Alvarado, fueron los más votados el 4 de febrero. Ninguno de los 13 aspirantes a la Presidencia alcanzó el mínimo de 40% de los sufragios que exige la ley, para ser proclamado electo en primera vuelta.

En Paraguay, el 22 de abril, la disputa será entre Mario Abdo Benítez (hijo del exsecretario del dictador Alfredo Stroessner), del oficialista Partido Colorado, y Efraín Alegre, de la Alianza Partido Liberal y el Frente Guasu, de Fernando Lugo, destituido con el golpe parlamentario de 2012.

En Brasil existen alrededor de 14 precandidatos a la Presidencia; se cree que Juan Ignacio Lula Da Silva, expresidente y líder del Partido de los Trabajadores (PT) es quien tiene mayor opción a ganar en una primera vuelta, en octubre; sin embargo, las posibilidades electorales de Lula podrían ser truncadas, dependiendo del avance judicial por presunta corrupción. 

Lula lucha contra un oponente indeterminado y se enfrenta al poderoso aparato mediático, representado en los grandes industriales favorecidos con el golpe contra la expresidenta Dilma Rousseff y la estructura del Estado. De superar Lula esos grandes obstáculos, sería para su pueblo un gran aliento al proceso democrático brasileño, impulsando al proceso de integración regional. 

Según los expertos, en México ganó la Presidencia Carlos Salinas de Gortari, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en medio de un proceso lleno de irregularidades, donde sospechosamente dos responsables de la red de cómputo, fueron asesinados antes de los resultados finales. 

Ahondando un poco más en México, los comicios de 2006 y 2012, fueron empañados por el fraude; tras los comicios donde resultaron ganadores Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. Para esas fechas se movilizaron muchos mexicanos a favor de Manuel López Obrador, candidato de la izquierda, quien sin embargo, perdió las elecciones.

Este año 2018, México vive el proceso electoral más grande de su historia; hay 3,400 cargos en disputa; más de 80 millones de electores y un caleidoscopio ideológico. Su situación actual es la más violenta de las últimas décadas, sus niveles de corrupción se alimentan de condiciones infinitas de impunidad, con una clase política que no sabe dialogar con la ciudadanía en códigos democráticos. 

Según los analistas, López Obrador, del Partido Morena “será presidente si el triunfo es muy holgado, es decir indiscutible, algo difícil de lograr pero no imposible”. Su triunfo le daría un “vuelco a México”. “Sería una revolución no declarada”, donde los “pobres pasarían a ser los protagonistas de la historia de ese país. De perder, cualquiera que gane será más de lo mismo”.

Venezuela se “enfrentará a una de las crisis económicas más severas” y pese a tales circunstancias, el chavismo ha demostrado capacidad de ganar elecciones, tal como en los tres procesos electorales de 2017 donde obtuvo amplia mayoría; no obstante se enfrenta al imperialismo norteamericano y europeo que intentan influir en los procesos internos del país.

Resulta impropio hablar por ahora de fin de ciclo, donde se avecina un estadio desconocido en clave política. No se sabe qué va a pasar en el futuro. La controversia está dada y la derecha decidió enterrar su pasado con promesas a posteriori.

A los gobiernos progresistas, se les ha dificultado modificar el tiempo verbal de su propuesta; concediéndole una ligera ventaja electoral a la derecha latinoamericana que viene con la lección aprendida tras muchos años de fracasos.

En la región sería un enorme alivio que los gobiernos progresistas, no fueran derrotados por las fuerzas que diezman a la región con sus recetas neoliberales, su triunfo vendría a darle un nuevo auge a las fuerzas de la izquierda latinoamericana. Este entramado político nos lleva a preguntarnos: ¿Vienen cambios para América Latina?

* Diplomático, Jurista y Politólogo.