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Previo a la Semana Santa, END publicó una serie de interesantes reportajes sobre el así denominado “Pez Diablo”. Algunas luces se vertieron, pero hay algo más de fondo que no se tocó. Cabe referir que ninguna autoridad se pronunció sobre el tema. Ya que privó el silencio oficial sobre si exorcizar o no al reino en expansión del “Pez Diablo”, voy a referirme al fondo de una amenaza que avanza subrepticiamente por el mundo: las especies Alien (que no es lo mismo que allien).

Si pasa en las películas, lamentablemente esta no es ficción. Las especies Alien o especies exóticas invasoras, inocente o intencionalmente extraídas de su hábitat natural, prosperan hoy por los cinco continentes. El “Pez Diablo”, también llamado pleco, chupapiedra, chupavidrio, chupaalgas, pez gato, entre otras denominaciones vernáculas, es sólo una entre tantas. Por cierto el Hypostomus plecostomus no figura en la lista de los más peligrosos.

Durante el Tercer Congreso Mundial de La Unión Internacional para la Conservación/UICN (Bangkok, 2004), The Global Invasive Species Programme (GISP), presentó lo que cataloga como las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo. El género Hypostomus no figura en esa lista, lo que no significa en manera alguna que no hay que ponerle cuidado como veremos más adelante.

Si figura en esa lista de cien especies más dañinas la Tilapia, denominación para un conjunto de especies ampliamente difundidas por el mundo, emparentadas con nuestros guapotes y mojarras (Familia Cichlidae) y que tienen su origen en Africa. Particularmente se señala a las especies Oreochromis mossambicus (según Villa, introducida en Nicaragua desde El Salvador, en 1959) y Oreochromis niloticus, de presencia más reciente asociada a los proyectos de acuacultura.

Una especie exótica no es lo mismo que una especie exótica invasora. De hecho nuestra economía, igual que otras economías del mundo se beneficia mucho de las especies exóticas y no sólo de peces, sino de millares de especies y plantas. Baste mencionar que el humilde y delicioso mango, el vistoso malinche, la jugosa naranja, el brioso caballo, las mansas gallinas y el infaltable arroz del gallo pinto, son especies exóticas en Nicaragua.

El maíz, el tomate, el cacao, el marañón, y el pavo son especies autóctonas de Nicaragua y Mesoamérica, exóticas en otras latitudes del mundo donde han contribuido a alimentar el cuerpo y la economía de millones de seres humanos. Pero ninguna de estas mencionadas exóticas de allá o de acá son especies invasoras, es decir no se comportan agresivamente con los ecosistemas desplazando a las especies nativas.

No obstante, desde aquí han sido llevadas a lejanas tierras especies que siendo inofensivas en Nicaragua, se transfiguran en Alien en otros lares. Personalmente he visto los sapos gigantes (Bufo marinus) en Australia y al Jacinto de Agua tapizando las aguas del célebre río Mekong que recorre Viet Nam, Laos y Tailandia.

Esas especies, igual que la humilde Tortuga Ñoca (Trachemys scripta) o la Caulerpa taxifolia, planta marina que ayuda a definir la clásica tonalidad tricolor del mar en Corn Island, ahora es una plaga en el Mediterráneo. Otro tanto sucede con el Siete negritos o Cuasquito (Lantana cámara), herbácea leñosa de nuestros cultivares en barbecho. Esas especies nativas de aquí, Alien en otras latitudes, están incidiendo en la muerte y desaparición de miles de poblaciones en los ecosistemas de numerosos países.

Lo mismo ocurre o puede sucedernos en Nicaragua con la introducción de especies exóticas invasoras. En el sur de la Florida, tres especies de Tilapia, la Azul (Oreochromis aureus), la Tilapia de Mozambique (O. mossambicus) y la Negra (O. melanotheron) han llegado a establecerse permanentemente en aguas marino costeras. Lo mismo ha ocurrido en Hawaii con las tilapias de Mozambique y Negra. Allí fueron introducidas con el fin de controlar plantas acuáticas y proveer de fuente de alimentos a los peces nativos. Ahora los pescadores se quejan de que han tenido efectos muy negativos sobre las cosmopolitas Lisas (Mugil cephalus). En aguas marino costeras del Golfo de Cariaco, Venezuela, y en aguas estuarinas de Papúa, Nueva Guinea, también se reportan experiencias similares con O. mossambicus.

No se sabe a ciencia cierta qué impacto pueda tener sobre nuestros ecosistemas el Pez Diablo, como tampoco se conoce su origen en el Lago Cocibolca, llegándose tan sólo a la hipótesis de que pudo haber llegado allí por la acción de algún irresponsable acuariófilo. No obstante, sólo la investigación paciente en el ecosistema podrá determinar el porqué de su presencia. No puede obviarse que Nicaragua es una suerte de remolino florístico, ecotono donde confluyen la flora y la fauna del norte y del sur del continente americano.

En términos de peces hasta aquí llegan en su migración hacia el Sur, en el Pacífico el cuatrojos (Anableps dowi) y en el Caribe ese legítimo sobreviviente del Jurásico que es el gaspar o pez lagarto (Artactrosteus tropicus y A. spatula), el mismo que los nicas gustan cocinar con arroz y jocotes en Semana Santa. Igual el puma, el bisonte americano, los extintos mastodontes, el liquidámbar y los pinos. Y desde el sur nos llegan en su migración hacia el norte, el jaguar, el zorro cola pelada y esos parientes cercanos de las pirañas que son los guapotes y las mojarras. Así se ha conformado nuestra biogeografía.

¿Acaso el Pez Diablo, no vendrá migrando desde Panamá y Costa Rica, desde donde se reporta su presencia desde hace varios años, siendo asociado su lugar de origen a la cuenca del río Amazonas y principalmente del Orinoco? Cabe referir que su reproducción en cautiverio hasta ahora ha resultado imposible. El Hypostomus plecostomus, pez vegetariano, pero también devorador de huevos y alevines, sólo puede reproducirse en un ecosistema natural, en las riberas fangosas de los ríos, donde el macho cuida de los huevos y neonatos.

No puede descartarse en manera alguna que la presencia del Pez Diablo en el Cocibolca pueda deberse a su proceso de radiación adaptativa, favorecida probablemente por cambios drásticos en las condiciones del medio ambiente, como la deforestación en la porción costarricense de la cuenca del río San Juan, seguida de un acelerado proceso de sedimentación, lo que crea condiciones favorables para la expansión de la población de Hypostomus ya establecida en Costa Rica.

Mientras alguna institución se digna a realizar o financiar la realización de un estudio sobre los posibles impactos del Pez Diablo en nuestros ecosistemas dulceacuícolas, el cual indudablemente será un gran competidor de las especies nativas, especialmente vegetarianas como las mojarras e incluso de las tilapias, hay que tomar urgentemente las providencias para impedir que nuevos y graves desajustes ecológicos lleguen a producirse por la introducción intencional de especies exóticas invasoras.

El pasado 13 de abril, en declaraciones a un noticiero de televisión, un alto funcionario de Inpesca, informó que estaban en negociaciones con Brasil para introducir próximamente en Nicaragua nuevas especies de tilapias. Es menester aprender de los errores del pasado y de otras experiencias. En 1964, se introdujo en la laguna de Los Patos, en Cumaná, Venezuela, la especie Oreochromis mossambicus. Un muestreo de la ictiofauna ese mismo año reveló la presencia de 23 especies de peces, pertenecientes a 22 géneros y 16 familias (Nirchio & Pérez, 2002. Riesgos del Cultivo de Tilapia en Venezuela).

.Doce años después y tras un año de muestreo (Jiménez, 1977, citado por Nirchio & Pérez), sólo se logró identificar 10 especies. Los análisis del contenido estomacal de las tilapias revelaron la presencia de larvas y juveniles de especies locales. O, mossambicus, resultó ser, al menos en este caso, un Alien depredador muy exitoso.

Con una campanada de alerta como la del Pez Diablo y un fehaciente botón de muestra como esa experiencia venezolana, las autoridades nacionales –en especial Marena y la Procuraduría del Ambiente-- deberían considerar dos aspectos fundamentales a la hora de introducir cualquier especie exótica en el país, especialmente si tiene potencial para transfigurarse en Alien.

Lo primero es la realización de un Estudio de Impacto Ambiental que conlleve una etapa de estudio de laboratorio y de campo bajo condiciones estrictamente controladas, durante un período de tiempo razonable, porque no se trata tampoco de satanizar a todo Alien en potencia. Una descalificación a priori sería proceder antojadizamente, sin criterio científico. Y lo segundo es la aplicación estricta de la Ley, ahora que existe la figura jurídica del delito ambiental. Cito únicamente lo que establece el nuevo Código Penal en su Arto. No.390 para todo aquél que pretenda ser el mentor para introducir algún Alien en Nicaragua, sobre lo cual todos los ciudadanos debemos estar muy atentos:
“Art. 390. Introducción de especies invasoras, agentes biológicos o bioquímicos
Quien sin autorización, introduzca, utilice o propague en el país especies de flora y fauna invasoras, agentes biológicos o bioquímicos capaces de alterar significativamente las poblaciones de animales o vegetales o pongan en peligro su existencia, además de causar daños al ecosistema y la biodiversidad, se sancionará con prisión de uno a tres años de prisión y multa de quinientos a mil días.”