Augusto Zamora R.*
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El presidente Trump, cuya capacidad para asombrar habría merecido mejores objetivos, ha propuesto, para reducir las matanzas en escuelas, que los profesores vayan armados. 

Convertir las aulas en reediciones del Far West, donde cada docente deba ser un pistolero, un émulo de Wyatt Earp o Bat Masterson contra los potenciales Billy the Kid.

La estadounidense es una sociedad instalada en niveles de violencia impropios de un país con sus niveles de riqueza. Según NN. UU., EE. UU. tiene una tasa de homicidios de 4.88 muertos por 100,000 habitantes, lejos de Austria (0.51), Holanda (0.61) o Canadá (1.68). Supera, incluso, a Bangladesh (2.51) y Chile (3.59).

 Otro dato ilustra esta violencia. En las ciudades de EE. UU. con más de 200,000 habitantes y 25% de pobreza, la cifra de homicidios es de 24.4 muertos por 100,000 habitantes. Similar a Colombia (26.50) y Brasil (26.74). Uruguay: 8.42.

Una parte de la mortandad deriva de la adoración por las armas que fomentan en EE. UU. Otra, de las terribles desigualdades entre pobres y ricos, una de las mayores del mundo.

En una sociedad que fomenta el consumismo a niveles patológicos y donde “compro, luego existo” es máxima central de vida, ser pobre resulta terriblemente agónico y cruel.

Instalada también en el egoísmo y el egocentrismo, con el triunfo personal como meta total, el ‘fracaso’, entendido como incapacidad de hacer dinero, genera sicopatías.

Tiene EE. UU. el cuasimonopolio de las matanzas escolares. No hacen falta armas. Hace falta humanidad.

az.sinveniracuento@gmail.com