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La primera vez que tuve la perspectiva completa del milagro de Lázaro fue cuando leí el Evangelio según Jesucristo de José Saramago, entre otras observaciones que exploran las bases de nuestra cultura, el laureado escritor señala que Lázaro una vez resucitado tuvo la desgracia de morir dos veces. Resucitar a una persona para que muera de nuevo puede resultar una broma demasiado pesada, si acordamos que morirse supone una experiencia demasiado traumática como para repetirla. Nicaragua es un país de Lázaros, no porque se regrese de la tumba, sino porque él que tiene la desdicha de ser asesinado, muere dos veces. Una cuando le matan y otra cuando liberan al asesino.

En la cúspide del agravio si el homicidio es por contrato, hay una tercera muerte metafórica: nunca se sabe oficialmente quién dio la orden. Nicaragua también es un país donde no se puede decir simplemente “caiga quien caiga” a la hora de establecer una investigación. Ese cliché debe acompañarse por una plegaria completa que hasta hoy no ha dado resultado: “Caiga quien caiga y en el nombre de Dios que caiga alguien, porque aquí nunca cae nadie”. En el leucémico rostro del país sobresalen tres verrugas que por repulsivas no se atreverían a morder ni las ratas de mi vecindario.

Aclaro, que estos roedores parecieran mutaciones de algún invierno nuclear, son enormes e intimidantes, una de ellas le arrebató la comida a un pitbull y el perro del susto tembló durante media hora hasta que le administraron un calmante canino. La verruguita pequeña que no ha podido crecer mucho por algunos diputados decentes, es la Asamblea Nacional, la mediana que ejecutó el mayor fraude electoral en la historia de Nicaragua es el Consejo Supremo Electoral. La tercera, la más grande y repugnante de todas, que podría coronar la nariz de alguna bruja poderosa, es la Corte Suprema de Justicia.

‘The Living Documents’, de Mallory Sohmer, es un documental que posa su lente sobre la detestable superficie rugosa de la verruga mayor. Con corazón y destreza cinematográfica traza la historia legal que tomó el brutal asesinato del profesor Frank García en Bluefields. El profesor García era esposo de la abogada María Luisa Acosta y fue asesinado en el 2002, mientras ella defendía los derechos de las comunidades indígenas en la costa del Caribe nicaragüense. El mencionado caso, hoy en manos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, recorrió durante cuatro años el vergonzoso y corrupto Sistema Judicial de Nicaragua.

La Corte Suprema de Justicia en el 2006, desestimó el caso a pesar de todos los esfuerzos legales de la viuda, aun cuando la doctora Acosta logró demostrar el vínculo entre los asesinos de su esposo y los que hoy en día ejecutan con la protección del gobierno, una descarada operación de bienes raíces que despoja de los recursos y bellezas naturales, a estas comunidades que durante siglos han ejercido sobre este patrimonio sus derechos históricos de propiedad. El despojo de tierras y recursos naturales con el apoyo institucional es práctica común en toda Nicaragua. No se sabe a cuánto asciende en zonas costeras, isletas, cayos, y tierras de gran valor turístico y productivo esta depredación.

La danza millonaria en estas operaciones alcanza en algunas piezas que según los usurpadores están “abandonadas” hasta los $3.5 millones de dólares. Por su calidad el documental seguro obtendrá más de algún premio en los festivales internacionales de cine. Pero la película también retrata la pervertida justicia de Nicaragua, que en vez de espada y balanza luce sobre su espalda un gigantesco saco repleto de dinero y, sobre sus ojos, una enorme venda color Pepto-Bismol, el color antidiarreico con que la poderosa primera dama de la República, ha teñido al país entero para intentar disimular además de la pobreza, las cagadas nacionales de su marido.

La ostentosa Corte nica, con 16 jueces, es más numerosa que la de Estados Unidos, México o Brasil. Enorme también es su rosario de violaciones a la justicia y a la Constitución. En enero liberó a Arnoldo Alemán, mientras parte de la fortuna robada por el ex presidente ha sido retornada al país por Estados Unidos y Panamá. En abril del 2008 permitió la libertad de William Hurtado, el asesino del periodista Carlos Guadamuz, en junio del 2007 anuló la diputación de Alejandro Bolaños por denunciar la corruptela con las de tierras en Tola, en diciembre del 2006 permitió la libertad de Erick Volz, un extranjero condenado por asesinar y violar a Doris Ivania Jiménez, en octubre del 2005 desapareció sin un abracadabra $609,000 dólares incautados al narcotráfico.

Nicaragua yace en el punto más siniestro de su historia como país. Decía Wiston Churchill que la calidad moral de una nación civilizada podía medirse por la aplicación de su sistema de justicia. El resumen anterior es apenas una parte de la infamia legal que oscurece a la nación, el trozo de una galería horrenda que no tiene un ‘Living Documents’ que la fotografíe entera, pero que está guardada en la memoria nacional con la esperanza de que algún día le pueda llegar su Nuremberg.

(*) El documental está disponible sin costo: http://calpi.nativeweb.org/violencia.html
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