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Acaba de celebrarse el XIV Festival Internacional de Poesía de Granada. Como ya es usual, fue un evento extraordinario por la calidad de los invitados (130 poetas de todos los continentes), los variados shows culturales, y la cantidad de público asistente.  

Mi punto. Este recién concluido encuentro en Granada le da mucho prestigio a Nicaragua. Pero, si esto sirve para la poesía, ¿por qué no lo intentamos también impulsar desde otros campos, como la ciencia, la tecnología u otras artes? Debería haber otros festivales que sean también una plataforma de lanzamiento y encuentros que alienten nuestra capacidad productiva de todo aquello que creemos, fabriquemos, o inventemos.

Estoy planteando un reto. Porque si los nicaragüenses hemos tenido mucho éxito con un festival cultural, que cada año se torna en un espectáculo de gran calidad internacional, ¿por qué no lanzarnos a desarrollar otros eventos que también beneficien no solo al turismo, las artes o a Granada?

Solo podremos crecer y desarrollarnos más en la medida que todos los talentos de los nicaragüenses encuentren nichos --como el de los festivales internacionales-- desde donde se proyecten.

Los talentos se multiplican por los estímulos.

Mi propuesta no es para suplantar lo literario; es para que incorporemos --a la par-- otras vocaciones y destrezas para difundir, internacionalmente, nuestra capacidad para producir, entre otras cosas, ideas o logros científicos.

La poesía es un arte de sublimes esencias verbales y escritas. Pero, ¿por qué no pensar, también, en construir instrumentos; en hacer grandes fábricas que produzcan herramientas, máquinas, sistemas, softwares? Y que luego los exhibamos y vendamos como productos elaborados desde nuestras universidades, industrias, empresas, o iniciativas inventivas individuales de ciudadanos nicaragüenses. 

Con esto quiero decir que, si los nicaragüenses tienen muchos talentos creativos, hay que mostrar lo que podemos hacer y fabricar. Cada industria escoja su plataforma y modelo de proyección y difusión. No somos un país desarrollado. Pero, estoy seguro, que haremos mucho, en poco tiempo. El nicaragüense ya ha demostrado tener imaginación.    

Si el arte es fecundo, la ciencia y la cultura no lo son menos, partiendo del hecho de que vivimos en tiempos de infinitas  invenciones y vertiginosa fecundidad. 

Aclaro. No estoy sugiriendo soslayar el enriquecimiento cultural. Estoy sugiriendo diversificación. Tampoco es que arte y ciencia  estén contrapuestos. Se complementan o se intersectan en varios puntos: ejemplos, arquitectura, cirugía, geometría, ingeniería, industria automotriz y otros.

Cuando a principios del siglo XX se iba a celebrar un congreso hispanoamericano de poesía, invitaron a Rubén Darío. Y él  manifestó que, aunque se sentía complacido de participar, le habría parecido más útil que --dadas las necesidades de nuestros países-- el congreso fuera mejor de agricultura o medicina.

Ello dice mucho de lo consciente que era el poeta matagalpino. Y después de más de cien años, a pesar de lo desarrollado de algunos países latinoamericanos, Nicaragua sigue sin mostrar mayor interés (diríase, necesidad) en enfocarse más en las ciencias.

Estadísticamente no lo puedo probar acá. Pero debe haber una correlación entre el número de egresados universitarios en ciencias y el grado de desarrollo de un país.

¿Nos hemos puesto a ver la cantidad de abogados egresados  con relación al número de médicos, químicos o ingenieros que estamos necesitando para desarrollar más a Nicaragua?

Todos los seres humanos necesitamos del enriquecimiento espiritual. Pero, también, necesitamos grandes obras a nuestro alrededor: infraestructuras, maquinarias, softwares, medicinas, herramientas… la lista es larga. 

Tampoco creo que el nicaragüense actual no vaya más allá de sus creaciones milenarias heredadas: el molinillo, la jícara, o la piedra de moler.

A  nivel centroamericano —creo no equivocarme— estamos a la vanguardia de la producción literaria (aunque Guatemala es el país de mayor creación novelística). Y, no podemos vivir en el siglo XXI siendo científicamente improductivos.       

¿Cuántos ensayos científicos se producen anualmente en Nicaragua, no solo sobre ciencias puras, sino también de las ciencias vinculadas a nuestro variado entorno: economía, agricultura, entomología, ornitología, antropología, geología, arqueología, fitología, vulcanología?

Confieso mi gusto profundo por la poesía, la novela, los cuentos, la crítica literaria. Leo cuanto puedo de escritores nicaragüenses que cae en mis manos. Pero quisiera poder leer también ensayos, al menos, de las ciencias que debería generar nuestra interacción con el medio en que vivimos.

¿Cuánta ciencia producen las universidades nicaragüenses?  

Repito. No es cuestión tampoco de inducir a creer que debemos perder el interés en lo literario o artístico, y demonizarlos. No.  

Estoy desafiando a las mentes inquietas. ¿Cuándo iniciamos un festival internacional de vulcanología, economía agrícola o biología lacustre?