Bayardo Altamirano
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Aquí nos cuesta ver buen cine. En Estados Unidos es al revés, producen y ven magnificas cintas. Hace poco se estrenó la película de Steve Spielberg, Los oscuros secretos del Pentágono, que denuncia las mentiras del gobierno yanqui sobre la guerra contra Vietnam.

La cinta es candidata a un par de premios Óscar. Está nominado en las categorías de mejor película y mejor actriz. Narra como la dueña y el director del Washington Post sacan de un bache financiero al periódico publicando un informe secreto ordenado por McNamara sobre la referida guerra. Resalta el lema del periódico: La Prensa debe servir a los gobernados.

En especial destaca su abordaje de la relación entre los medios y el poder. Retoma los sucesos de junio de 1971, cuando The Washington Post protagonizó una cruzada en favor de la libertad de expresión, revelando documentos del Pentágono que exponían las mentiras del Gobierno sobre la guerra.

Katherine Graham la propietaria del medio de comunicación y su director, Ben Bradlee, quienes de esa forma rescataron un periódico que iba cuesta abajo, aliándose con The New York Times para desenmascarar a la administración de Nixon, antes del Watergate.

Fue un momento difícil para la prensa en Estados Unidos respecto de su relación con la Casa Blanca. La película ha calado hondo entre la ciudadanía al detallar la batalla jurídica emprendida por Bradlee y Graham. Los ingresos ya pasan de 60 millones recaudados en Estados Unidos. En redes sociales, varios cinéfilos tacharon de anticine a las cadenas de cable que no se interesaron en exhibir The Post. Pero como siempre ocurre, hoy nos indignamos y mañana se nos olvida todo.

La investigación secreta, encargada en 1967 por el secretario de Defensa, McNamara, revelaba que el gobierno estadunidense había mentido de manera sistemática sobre sus prácticas militares en la guerra de Vietnam, entre 1945 y 1967.

Al decir del diario británico The Independent, gran parte de la cinta se desarrolla en oficinas, salas de dibujo y comedores. No hay persecuciones, ni peleas ni tramas románticos. Aparte de una obertura de Vietnam, en la que vemos al analista militar del Departamento de Estado, Daniel Ellsberg, que después filtró los papeles, cuando estaba incrustado en las tropas estadunidenses.

Spielberg y su camarógrafo, Kamiski, hacen todo lo posible para que el oficio periodístico parezca cine. Pero sobre todo insisten que los medios deben servir al pueblo.