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Nicaragua, por ser un destino emergente  en este momento, nos pone en una situación muy especial, pero también presenta un desafío. Necesitamos de manera urgente crear las capacidades de infraestructura y calidad que se requieren para poder competir en el mercado turístico internacional.

Necesitamos crear una ruta con dos aristas bien claras, los esfuerzos en pro del gran desarrollo y los esfuerzos en las mipymes.

El país necesita generar una propuesta para poder atraer las grandes inversiones de las cadenas internacionales, si queremos tener vuelos directos y si queremos posicionarnos como un jugador serio en el turismo. El Estado necesita crear las condiciones a través de los esfuerzos públicos privados para fomentar la construcción de entre 5 mil y 10 mil habitaciones mínimo de 4 estrellas, si queremos competir con nuestro vecino Costa Rica y otros destinos como Cuba y República Dominicana.

Necesitamos generar la masa crítica de infraestructura turística para que podamos ser considerados mínimamente interesantes para las grandes compañías, las aerolíneas regulares, las de bajo costo, los charters, ya que todas se mueven al igual que la mayoría de las cadenas turísticas a esa escala, por volumen y rentabilidad, si no comprendemos esto, muy difícilmente tendremos alguna oportunidad.

Mientras este esfuerzo se materializa y el cual puede tomar una década o más, necesitamos mantener y aumentar el ritmo de llegada de visitantes, estamos a veces muy cómodos con la cantidad que llega, pero podría ser inclusive el doble si realizamos los esfuerzos de promoción a mercados priorizados y cercanos.

No nos deberíamos enfocar tanto en  la cantidad de turistas que llegan, debemos preocuparnos más, por el bajo gasto diario y por las pernoctaciones que dichos turistas realizan en nuestro país.

Una lectura muy rápida de los pocos y escasos indicadores que tenemos, nos dicen que el gasto promedio es de aproximadamente entre 40 y 50 dólares y con una pernoctación promedio de 5 a 7 días, estos números no son exactos pero cercanos a la realidad.

¿Que nos indica esto?, primero tenemos un déficit de oferta de calidad y sobre todo falta de actividades complementarias o productos turísticos asociados al alojamiento y alimentación.

Ante esta situación muy real, necesitamos que el trinomio, estado, privados y comunidades, funcione adecuadamente. El Estado debe generar reglas claras e incidir de manera positiva en las políticas asociadas al turismo.

Un ejemplo claro y que desde hace tiempo vengo recomendando que analicemos, es la Ley 306, Ley de Incentivos Turísticos, la cual necesita ser revisada y actualizada por lo menos en su reglamentación. Debemos hacer más accesible la utilización de este beneficio pero en pro de la calidad, debemos dejar bien claro que es lo que el Estado está sacrificando con este esfuerzo de exoneración y qué es lo que busca obtener.

Poco nos sirve financiar con esta ley, empresas que no van a llenar los estándares mínimos de calidad para el turista internacional o que solo se puedan beneficiar, los prestadores de servicio primario, hoteles, restaurantes, bares, etc.

Necesitamos que esta ley o su reglamentación se oriente a un objetivo real y que sea sostenible y sobre todo medible. Es importante que se regule su uso y que se dirija más hacia la desconcentración de la oferta en las zonas urbanas y que se priorice la creación de producto turístico complementario.

Las reservas privadas, parques nacionales, turismo rural, comunidades étnicas y autóctonas, emprendedores, cooperativas y asociaciones de desarrollo comunitario, es lo que necesitamos apoyar en este momento, junto a la promoción de pequeños y medianos hoteles de por lo menos 2 estrellas.

Debemos tomar en consideración que cada una de las propuestas de desarrollo necesita reglas e interlocutores diferentes,  mientras se da el tan necesario crecimiento en la oferta de habitaciones con proyectos grandes, aprovechemos el tiempo y mejoremos las oportunidades de nuestras mipymes y de las comunidades de Nicaragua.

Recordemos que no somos el único país emergente del mundo, pero sí entendamos que por la cercanía a nuestros mercados principales, Norteamérica y Centroamérica, tenemos una oportunidad, que debemos aprovechar para consolidar el trinomio de la prosperidad, estado, privados y comunidades.

* Director Ejecutivo 

Fundación Centro Empresarial Pellas