Francisco Javier Bautista Lara
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“Y el mérito principal de mi obra, si alguno tiene, es el de una gran sinceridad, el de haber puesto mi corazón al desnudo, el de haber abierto de par en par las puertas y ventanas de mi castillo interior para enseñar a mis hermanos  el habitáculo de mis más íntimas ideas y mis caros sueños…”   (R.D. Historia de mis libros).

Con profunda satisfacción doy gracias por el proceso personal emprendido con entusiasmo, releyendo y repensando, descubrí al Darío que ignoraba en la faceta en la que ahora insisto, a quien reconozco como el más ejemplar emprendedor entre nuestros compatriotas, que tuvo la virtud de alcanzar, a partir de la visión que identificó con persistencia temprano, la máxima cumbre en la literatura española, imponiendo un movimiento innovador que rejuveneció y actualizó el idioma, a pesar de la adversidad y de lo improbable, más allá de su frágil condición humana en la que coexistió con “un niño prodigio”: “como hombre he vivido en lo cotidiano, como poeta, no he claudicado nunca, pues siempre he tendido a la eternidad” (Dilucidaciones, 1907). Encaja en la metáfora de “Cisne negro”: lo improbable que causa gran impacto: “Y un Cisne negro dijo: La noche anuncia el día” (Cantos de Vida y Esperanza). 
Sugiero que deberíamos renovar los énfasis educativos para el conocimiento sobre Darío. La juventud podrá encontrar en el camino por él recorrido y en su actitud, un referente por aprender en lo que quieran emprender, según cada propósito personal, -más allá que gusten de poesía y literatura-; es el sendero de un autodidacta, curioso y observador, que sin tener todo en la mano, creyó en él y, a pesar del rechazo y la crítica que en ocasiones lo demolió emocionalmente, tuvo la entereza de sobreponerse y continuar. Pagó los costos en el ámbito económico, de estabilidad familiar y salud. No hay éxito sin sacrificio, sin renuncias obligadas, descuidos y errores, cada quien es dueño de visualizar la meta y trazar su rumbo, perder o aprovechar el tiempo, lograrlo o postergarlo, probarse a sí mismo sin esperar que otros crean en uno ni te motiven, esa fuerza cada quien deberá encontrarla dentro; aunque el apoyo o rechazo externo pueden ser importante, no son determinantes. No lo fue para Rubén Darío.

Su genio literario comenzó con un primer aprendizaje –antes de leer y ser “devorador de bibliotecas”-, en las tertulias de León, ¿qué otra cosa sino escuchar –conocimiento fundamental-, haría un niño tierno en brazos de la madre de crianza? Dijo en su autobiografía: “Por las noches había tertulia… Llegaban hombres de política y se hablaba de revoluciones. La señora me acariciaba en su regazo. La conversación y la noche cerraban mis párpados”. No cabía en aulas, ni academias; trazó la ruta de su estudio, fue movido por curiosidad, para descubrir y viajar, leer y observar, desde todas las tertulias en donde estuvo. Requirió oponerse para rehacer. Se sacudió el sistema educativo y revitalizó reglas del lenguaje, el segundo más hablado como lengua materna –después del mandarín-.  En donde se hable español, estará Darío.

En la mayoría de poemas y prosas hay profundidad y conocimiento, actualidad y belleza, no son en general improvisados ni producto de inspiración ocasional, son consecuencia del trabajo creativo sistemático, sustentado en escuchar, estudiar y observar, articuló el conocimiento, aprovechó su memoria y se enfocó en la tarea, a pesar de las perturbaciones que lo afectaron sin desviarlo ni demeritar calidad en la abundante y diversa producción literaria dejada.

Siento satisfacción – ¡es suficiente!- por comprometerme en esta jornada para compartir en la doble conmemoración Dariana (2016: centenario de muerte; 2017: 150 años de nacimiento), desde mis modestas posibilidades, parte de lo aprendido. Fue tarea intensa, diversa y agradable, asumida como servicio. Me llevó a recorrer Centroamérica y publicar 2 libros: Último año de Rubén Darío, Parte I (septiembre 2015) y Parte II (enero 2017); realizar, desde el lenguaje común de quienes no somos “letrados consagrados”, 36 comparecencias en medios de comunicación (32: Nicaragua); escribir 19 breves artículos, y 63 -diciembre 2015 a diciembre 2016: 35; enero 2017 a febrero 2018: 28- (2 en cada país: Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica; 54: Nicaragua) charlas, conferencias, paneles y conversatorios con participación de 9,150 personas, jóvenes y adultos, en auditorios, aulas, bibliotecas y otros, muchos de ellos –espero, aunque será asunto de cada quien-, identificaron un Darío humano y sensible, sobresaliente y frágil, ordinario y trascendente, próximo e imitable, no por lo de “Cisne negro”, sino por la actitud y la “Pedagogía rubendariana” que lega desde su práctica, aplicable en la aspiración de éxito personal para cualquier ocupación, oficio o profesión.  

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