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Oguer Reyes Guido*
Los conceptos socialistas que en torno al desarrollo económico manejan los líderes de los países del sistema ALBA, no han resultado muy efectivos para fortalecer las economías sus integrantes más atrasados, y que no tienen ni siquiera, la mínima solvencia financiera para cubrir sus presupuestos nacionales. La retórica grandilocuente de los presidentes no sirve de mucho para sanear y fortalecer las cuentas y los presupuestos nacionales.

Nicaragua es uno de esos países. Su gobierno ha andado en los últimos meses en una verdadera romería pidiendo apoyo para cubrir el presupuesto de egresos del 2009. Hace unos días el presidente Hugo Chávez anunció durante la clausura de la más reciente cumbre del ALBA- que se celebran cada vez que tiene a bien convocarlas el mandatario bolivariano- la aprobación de 50 millones de dólares en fondos de apoyo para Nicaragua para contrarrestar el chantaje de Estados Unidos contra la nación centroamericana.

Este simple hecho es revelador del estado actual de la economía nacional y de las consecuencias que han traído al país los desmanes del presidente Ortega y su cúpula en detrimento de los superiores intereses de la patria. En nombre de la libertad y autodeterminación de los pueblos, el presidente Ortega ha desarrollado un trabajo irresponsable de debilitamiento de las bases institucionales y económicas de nuestro país al ir a buscar conflictos frontales con los principales países cooperantes y al socavar la institucionalidad del Estado; lo que ha repercutido en un deterioro sustancial del ambiente de negocios para la inversión extranjera, la que podría traer recursos de capital que vendrían a dinamizar la economía ampliando la oferta de empleo y con ello generarían los efectos colaterales deseables que provoca un flujo continuo e importante de Inversión Extranjera Directa (IED) en cualquier país.

En el más reciente informe sobre IED en América Latina, publicado por la Cepal, ha quedado reflejado que nuestra región tuvo en los años más recientes, un desempeño destacado en captación de IED. En el 2007 la región superó los cien mil millones de dólares captados.

Los principales países generadores de IED hacia Latinoamérica siguen siendo Estados Unidos, Países Bajos y España. Queda pues en evidencia que la desafortunada política exterior del gobierno sandinista tiene que reorientarse y dejar de estar buscando conflictos innecesarios, sobre todo con Estados Unidos y Europa, para poder participar de una mejor manera de ese flujo de recursos de capital que están llegando a nuestra región. El presidente Obama lo dijo con claridad meridiana durante la V Cumbre de las Américas, al afirmar que no debemos dejarnos atrapar por la historia, y al proponer un nuevo comienzo.

Los principales desafíos para Nicaragua están claros y son devolver la institucionalidad al país y restablecer un ambiente propicio que dé garantías a los inversionistas extranjeros; y sobre todo dejar de estar manoseando al Poder Judicial que ya parece, más que un poder del Estado, la Secretaría Judicial del FSLN.

En Centroamérica, el país que menos IED capta en términos del PIB es Nicaragua con un 7%, mientras que otros países como Costa Rica, El Salvador y Panamá captan por encima del 10%. Desde 1993 hasta el 2007 en Centroamérica muchos países dieron un salto cualitativo en la captación de IED. Tales son los casos de Costa Rica que pasó de 343 millones de dólares en 1993 a 1,889 millones de dólares en el 2007; Honduras que evolucionó en el mismo período desde 65 millones a 816 millones, Guatemala de 89 millones a 536 millones. Nicaragua, entretanto, pasó de 100 millones a 335 millones en el período en cuestión.

En este rubro, otros países del ALBA han ahuyentado la IED, como el caso de Ecuador que en el mismo período (1993-2007) pasó de 545 millones de dólares a 179 millones de dólares, Bolivia que pasó de 370 millones a 146 millones y Venezuela que pasó de 2111 millones a 1236 millones.

Cada vez que una transnacional o un grupo extranjero retiran su capital de estos países, a una sola voz los mandatarios rezan el coro de que así los pueblos recuperan su autodeterminación. Definitivamente los mandatarios del club del ALBA han interpretado al revés la lógica del desarrollo económico, ya que sin flujo de capital lo que se genera no es libertad sino pobreza. El Estado no puede asumir el papel que está llamado a desempeñar el Sector Privado tal como quedó demostrado en la desastrosa administración sandinista de los años ochenta. Sin embargo, el presidente Ortega parece que no aprende de un error, antes bien, necesita cometerlo muchas veces para sacar un aprendizaje. Por desgracia ese aprendizaje le cuesta demasiado sufrimiento al país y al pueblo de Nicaragua.

Es hora de que el presidente Ortega deje de preocuparse por los pueblos de Latinoamérica y los pobres del mundo, y se concentre más en su propio pueblo y las decenas de miles de pobres que hay en Nicaragua. No basta darse baños de multitudes cada seis años y luego cuando están en el gobierno olvidarse de lo importante que es el desarrollo económico que se debe construir lenta, progresiva y sólidamente con políticas públicas integradoras de los agentes económicos nacionales, por dedicarse a la urgencia que tienen todos los presidentes del ALBA que es proyectar sus personalidades en el concierto de naciones como los elegidos para cambiar al mundo.

*Especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública. Catedrático de la Universidad del Valle de México.