Eddy Zepeda Cruz
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Respetando a los lectores no acostumbrados al consumo de información banal que genera el ocio consumista, he de aclarar introductoriamente que la presente reflexión no se trata de un caso de abogados, sino de salud pública. Scott Westgarth fue (falleció boxeando, después de deleitar a una masa enardecida de esquizoides adictos al trauma humano) un joven británico de apenas 31 años que fue víctima de  trauma cerebral provocado espontáneamente. Suicidio compatible a una eutanasia legalizada y avalada por neurocientificos cómplices que no disparan la alerta de este tipo de muerte anunciada: las encefalopatías traumáticas crónicas y agudas. Produce tanto dinero en utilidades a todos los vinculados que es mejor guardar silencio en nombre del libre albedrío. Que siga sucediendo es más productivo. Beneficia desde promotores de espectáculos mórbidos hasta grupos multidisciplinarios de atención neurológica y neuroquirúrgica. Marketing asegurado y rentable. La regulación y control de la OMS no existe para este tipo de patologías letales. No conviene.

El otro caso mencionado,  Weinstein, también es tema de salud pública, mental específicamente. Las aberraciones de comportamiento y conducta de personas que abusan de otras aprovechando de cuotas de poder que en un momento determinado ostentan. Los femicidios son casos similares. Sin embargo, en el caso específico del sujeto involucrado, Weinstein, el factor mediático incide tanto, por tratarse de víctimas élites del mundo del espectáculo. La similitud del caso es por las utilidades producidas al mantenerlas en la opinión pública. También, por el hecho de tratarse de secuelas de una sociedad en decadencia, no vista ni percibida de esa manera por conveniencia. Mientras produzca utilidades hay que mantenerlas vigentes.

Prevenir antes que curar es una máxima con suficiente evidencia en materia de salud. Las instituciones sanitarias tienen la obligación y la oportunidad de incidir, legal y constitucionalmente, para detener flagelos en materia sanitaria que son previsibles. Al contrario de luchar contra el cambio climático, aunque es sabido que dichos trastornos también los provoca el mayor depredador de la naturaleza, el ser humano, luchar contra causas de morbimortalidad que son prevenibles es una tarea que no debe esperar. Regulación y control de los factores ya conocidos cambiaría las estadísticas de los mapas de salud del mundo entero. Alcohol, tabaco, drogas, otras conductas de riesgos adictivas, temeridad ( las llamadas prácticas o deportes extremos), entre otros desórdenes del comportamiento humano pueden ser controlados por leyes responsables, aunque vayan en contra del mercado oneroso y cruel, ya denunciado por personalidades tan influyentes ética y moralmente ( o de lo que queda de tales valores intangibles en el mundo). La Unesco debería considerar declarar patrimonios de la humanidad ese tipo de fenómenos subjetivos, pero necesarios, en peligro de inminente extinción.

A la memoria de Scott Westgarth, esta vez, para que no se repita.

* Médico