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Sintetizada en la frase: “América para los americanos”, la Doctrina Monroe fue elaborada por John Quincy Adams y atribuida a James Monroe en el año 1823. Establecía que cualquier injerencia de los estados europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de Estados Unidos.            

La frase adquiere su sentido dentro del proceso de imperialismo y colonialismo, emprendido en esos años por las potencias económicas. Fue presentada como defensa de los procesos independentistas de los países americanos. Sin embargo, con apoyo u omisión de Estados Unidos, luego de adoptar la Doctrina Monroe, se produjeron intervenciones europeas en países americanos.

Entre ellas tenemos: la ocupación de Gran Bretaña a las Islas Malvinas (1833), el bloqueo de barcos franceses a los puertos argentinos (1839-1840), invasión española a la República Dominicana (1861-1865), intervención francesa en México (1862-1865),  ocupación inglesa de la costa de los Mosquitos (Nicaragua) y la ocupación de la Guayana Esequiba por Inglaterra (1855).

La verdadera historia de la Doctrina Monroe comienza a fines del siglo XIX, cuando se transformó en ofensiva para justificar las anexiones norteamericanas. Data de un siglo, pero sigue siendo muy eficaz para que el imperio mantenga el estatus favorable a sus intereses en esa parte del mundo.

En nombre de una guerra fría, las dictaduras militares del siglo pasado se impusieron en América Latina, siendo en todos los casos el principal pretexto de Estados Unidos el de un complot soviético a nivel continental, manipulando cualquier vocación democrática en nuestros países, derivadas de las intenciones de control ruso que jamás se debilitaban.

Al parecer, aun cuando el argumento del enfrentamiento entre sistemas económicos y políticos: el socialista y el capitalista, dejaron de tener la vigencia que tuvo hace pocos años, Donald Trump pretende revivir tal oposición para incrementar significativamente su presupuesto militar, que ante el azoro de sus conciudadanos, ya ha materializado.

Trump quisiera incorporar a China en la misma disputa, aunque su tesis resulta pobre y contradictoria, pues a nivel mundial el país que tiene la mayor deuda con China es Estados Unidos, y porque buen número de países latinoamericanos que aspiran a establecer relaciones económicas con China, han avanzado concretamente en tal dirección, en condiciones seguramente favorables.

En ambos términos de la argumentación de Trump, el avance resulta muy endeble y queda manifiesta la simple voluntad imperial de Estados Unidos, llevada al extremo y hasta el absurdo por el actual presidente.

En su reciente visita a cinco países latinoamericanos, el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, insistió en el peligro que se vislumbra en nuestras relaciones con los países destructores, en directa alusión a China y Rusia.

La verdad es que las relaciones entre Estados Unidos y América Latina afrontan un profundo cambio, ya que las coordenadas de poder regional no resultan ya más favorables automáticamente a Estados Unidos, y que ahora se presentan diversas vías como mecanismos alternativos de concertación política, financiación y cooperación en los campos económico, político y cultural, precisamente con China y Rusia.

Hoy se entiende que los políticos de izquierda, que procuran la liberación respecto de la gran potencia, busquen un mayor gradualismo para lograr sus fines. Sin embargo, nada imposibilita que se batalle por tal fin desde distintos ángulos y con diferentes tácticas.

Vivimos tiempos en que América Latina debe trabajar unida para liberarse de sus opresores impuestos por el neoliberalismo para privatizar la riqueza y socializar la pobreza. Hoy, nuestras patrias deben integrarse por decisión soberana, con el ánimo de lograr una real independencia, estableciendo regímenes igualitarios en los que sean proscritas las abismales diferencias entre las clases sociales. La tarea no es fácil, pero sigue siendo un faro de orientación o un norte a seguir en las luchas latinoamericanas.

Naturalmente, en esta vuelta a la derecha de América Latina, sobre todo en el inmediato porvenir, estará implicado el gobierno de Donald Trump, el cual apoyará plenamente ese viraje y que ya se opone a los contactos de varios de nuestros países con China y Rusia. 

La tesis de “América para los americanos”, en realidad siempre se ha aplicado más bien como: “América para los estadounidenses”, y sin importar el coste de su implementación, nunca ha sido abandonada como política de los Estados Unidos en pro de sus propios intereses, simplemente ha cambiado de nombre. 


* Diplomático, jurista y politólogo.