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En un intento de ofrecer datos curiosos acerca de Sandino, con motivo del 84 aniversario de su magnicidio, el suplemento DOMINGO de La Prensa (correspondiente al 25 de febrero) divulga información errática.

Primer error: que Benjamín F. Zeledón “murió en combate en Masaya”. Cayó herido en la comarca El Arroyo, jurisdicción del Diriá, durante una escaramuza con una caballería conservadora. El presbítero Ramón Ignacio Matus trazó un croquis del sitio el 21 de julio de 1916, reproducido en la obra de Wilfredo Navarro Moreira: Zeledón / Vida y legado (2012, pág. 166). El mismo Sandino, en un artículo sobre Zeledón fechado en Mérida, Yucatán, el 4 de octubre de 1929, escribe: “En una carreta tirada por bueyes fue conducido su cadáver al pueblo de Catarina”. 

Segundo error: que en “el acta de nacimiento del héroe nacional, se registra su nombre: Augusto Nicolás Calderón Sandino”. En tal documento solo se informa: “nació sin señas particulares el niño Augusto Nicolás, hijo natural de Margarita Calderón”. No figura allí el apellido Sandino. Véase facsímil del original en la primera edición de mi libro: Guerrillero de nuestra América (Managua, Sociedad Bolivariana de Nicaragua, 2006, p. 22).

Tercer error: que el susodicho nunca firmó “Augusto César Sandino”. Lo hizo, pero escasas veces. Por ejemplo, en cartas del 13 de julio de 1933 a José Ángel Rodríguez en Matagalpa y el 16 de julio del mismo año a Rafael Ramírez Delgado en Tegucigalpa (conservo fotocopias de ambas). También firmó como Augusto César Sandino sus respuestas al cuestionario que el 30 de mayo del referido año de 1933 le remitió C.G. Carter, M.D. Puede consultarse este documento en R.R. Izaguirre y A. Martínez R. Sandino y los U.S. Marines / Reportes de los agregados militares y comandantes marines en acción (Tegucigalpa, Editorial Guaymuras, 2000, p. 484). 

Cuarto error: que la escritora chilena Gabriela Mistral (1889-1957) llamó a las tropas de Sandino “el pequeño ejército loco”. Fue el periodista argentino Gregorio Selser (1922-1991). Este utilizó la expresión “pequeño ejército loco” como título de una de sus dos obras muy conocidas, publicada en Buenos Aires, Editorial Triángulo, 1958. Otra cosa escribió Gabriela en El Mercurio, de Santiago de Chile, el 4 de marzo de 1928: “Ese pequeño ejército loco de voluntad de sacrificio”. Evidentemente, Selser adulteró el texto: “loco” ––es decir, deschavetado, anormal, tarado–– no es lo mismo que “loco de voluntad de sacrificio”, esto es: dispuesto a llegar a las últimas consecuencias, a dar la vida por una causa justa. 

Quinto error: “El mote General de Hombres Libres nace en junio de 1927, en Bruselas, en el Congreso Antiimperialista Mundial, que reunía a la vanguardia del pensamiento moderno, entre ellos Albert Einstein”. No nació en esa fecha (la gesta sandinista contra la intervención militar estadounidense aun no se había iniciado), ni ese Congreso tuvo lugar en Bruselas, sino en Franckurt, Alemania, el 22 de julio de 1929. Sandino envió un “mensaje” a dicho congreso, inserto en el folleto de Emigdio E. Maraboto: Sandino ante el coloso (Veracruz, 1929, pp. 5-8). 

Einstein ––más de un año antes del Congreso de Franckurt–– encabezó la lista de catorce personalidades que el 15 de enero de 1928 enviaron desde París a la Sexta Conferencia Panamericana de La Habana un radiograma. En él protestaban “contra la política imperialista del Gobierno estadounidense, persiguiendo y destruyendo a los defensores de la independencia de Nicaragua”. El novelista francés Henri Barbusse (1873-1935) fue uno de ellos y autor de una solidaria carta a Sandino, escrita en el contexto señalado; en ella le dijo: “Usted, Sandino, general de los hombres libres…”. Y fue Selser de nuevo, a sugerencia de su maestro Alfredo L. Palacios (1878-1965), que a mediados de los años cincuenta recurrió a esas tres palabras (general de hombres libres, prescindiendo del “los”) para titular su famoso libro. Pero se le había anticipado en esa decisión Diego Córdoba, otro argentino y periodista que tituló con esa expresión, y no “mote”, un ensayo sobre Sandino publicado en Eurindia, revista bonaerense de 1930.

Los anteriores son los más notorios datos erráticos del suplemento aludido. Los demás merecen también corregirse, pero exigiría otros párrafos. Probablemente lo haré en otra oportunidad. De momento, quisiera reiterar que dicho suplemento acostumbra difundir múltiples datos imprecisos, y no pocos falsos, procedentes de testimonios orales. A los lectores no se les debe dar gato por liebre.