Augusto Zamora R.*
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Es misión imposible detener el desarrollo científico-técnico, que se alimenta a sí mismo exponencialmente, haciendo viejo hoy lo inventado apenas ayer.

La ciencia asombra cada día con máquinas capaces de sustituir las labores humanas, al punto que amenazan con dejarnos sentados, con robots decidiendo por nosotros.

Refrigeradoras que ‘leerán’ lo que hay y lo que no; cocinas que harán sola la comida; casas ‘inteligentes’ que se cuidarán solas. Así, una lista interminable de inventos.

El desarrollo científico-técnico avisa de sociedades donde las máquinas lo harán casi todo, arrasando con puestos de trabajo, pues las máquinas sustituirán a las personas. Tal futuro aterra, pues amenaza con que la inteligencia artificial borrará capítulos sustantivos del quehacer humano, el primero de ellos el trabajo.

Esto, claro, en los países desarrollados. En los nuestros, donde la tecnología y ciencia son labores ausentes, lejos estamos del tenebroso futuro que anuncian para los países ricos.

Lo que nadie acierta a responder es qué harán las personas suplantadas en sus trabajos por máquinas. Quién les facilitará fondos, ocupación, razón para seguir viviendo. El trabajo es elemento sustantivo de la vida. No solo para proporcionarnos sustento, sino porque permite sentirnos útiles, necesarios, provechosos. Aporta sentido a la vida.

Las sociedades escandinavas tienen los mayores índices de bienestar y desarrollo humano. También los mayores índices de suicidios, alcoholismo y violencia doméstica.

El capitalismo quiere terminar con el trabajo. Los robots no hacen huelgas ni cobran salarios. Complejo futuro, si acaso hay.
az.sinveniracuento@gmail.com