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Beijing quiere un tirano. El partido comunista chino quiere deshacerse de los artículos constitucionales que impiden la reelección al presidente y al vice de China Continental.

Mi punto. China va por el camino del absolutismo. Su monarca pronto será ungido como un príncipe medieval. Beijing se siente incuestionable, superior; descarta todo principio democrático. Devorará derechos, razón y moral. ¿Dónde quedó la sabiduría oriental? ¿Los comunistas chinos, con esta movida, están yendo mucho más atrás en la historia, al regresar desde el capitalismo al feudalismo?

Xi Jin-Ping llegó al poder en 2012. Ya se reeligió. Y lo hará de nuevo. ¿Quién lo impide? El que se atreva se verá con grilletes en el desierto de Gobi. Xi está obsesionado, quiere adueñarse sin frenos, del poder. Es la adicción más dañina para la humanidad. 

También se reelegirán Putin, Morales, Maduro. Todos justificados por su estirpe.

¿Qué moral tienen? No buscan mentes abiertas. Anhelan mentes sumisas para engullir instituciones con sus colmillos de partidos únicos.  

Está de moda quitarse la máscara sin pudor.  

Ya veía sospechoso que China no se apresurara a lucir como nuevo gendarme desde el reino del centro del mundo. Están preparando al monarca. Bueno, en política deben estar en todas las jugadas, esa es una máxima maquiavélica.

China es una civilización milenaria. Ha convivido y sobrevivido apoyada en la razón de sus longevos años, del pragmatismo de la vida, y la profundidad de sus filósofos moralistas. Pero todavía solo ve una parte del rostro del hombre pintado por Nicolás Maquiavelo: egoísta, desconfiado, incrédulo, codicioso, calculador. La otra cara es la del hombre prudente. 

Los filósofos griegos siempre vieron a Oriente --todo lo que fuera Persia y más allá-- como tierras de sátrapas y bárbaros. Así, la razón occidental nació acechada desde el Este por las espadas y los arietes del poder absoluto. 

Favorablemente a ello, China ha vivido atacada o acechada por mongoles, japoneses, británicos, rusos. El tiempo no lo cura todo en los asuntos del Estado,―otra máxima maquiavélica. Pero, si son tan sabios, ¿por qué se están aferrando a deseos de poder omnímodo sin democracia? 

¿Resurgen después de varios siglos, tomando el camino menos alejado de la razón? 

En un momento, desde 1973, pensé que alcanzarían la democracia. Pero están volviendo al pasado contra el que tanto lucharon y al que denigraron como explotador. 

¿O, tal vez, la democracia --de por sí mal vista por sus débiles herramientas coercitivas-- por ser invención occidental reminiscente de rivalidades, hace que China no quiera lucir  inferior a nadie en creatividad o sabiduría?

China vive buenos momentos. Pero no todo es laudable. Porque en materia de derechos humanos, imperio de la ley, tolerancia, democracia, no es el mejor modelo a imitar.

Los europeos conquistaron usando la fuerza, pero dejaron legados institucionales probados y eficaces; y nuevos métodos de razonamiento. Ello no los hace superiores, solo diversos. Pero, también cometieron el error de reivindicarse con la justicia haciendo reparaciones postergadas a los que despojaron. De cualquier manera, la tragedia de los abusos pasados no debe empañar la bondad racional del sistema democrático que pretende establecerse como modelo civilizador.

¿Los occidentales deberíamos asumir que tiene más cuenta el realismo: luchar por el poder para imponerse a los demás que convencer razonando?

La democracia es una vela entre ráfagas de viento, pero al final, muestra su brillo incandescente. Muestra su grandeza reconociendo, sin distingos, el derecho a pensar y a ser diferente, sin temores. 

Si los chinos tenían un dilema: elegir entre democracia o poder absoluto. Eligieron mal. Pero, también cabe la posibilidad que --después de ver resquebrajarse a las potencias occidentales, que tardíamente llegaron a los derechos humanos y la democracia--, se defraudarán por la doblez observada. 

La propuesta del PC Chino de la reelección no será medida táctica. Es asunto de largo plazo. China ve el tiempo con más calma. Los occidentales vivimos las angustias y el estrés de la premura y la inmediatez.

Al final, otras generaciones valorarán la decisión china, como sabia o infame. ¿El PC chino sucumbió por la temeridad  y la ambición? ¿O las potencias se rigen por otras reglas extremas?

Aun así, la concentración del poder en pocas manos, está demostrado estadísticamente,―conduce poco a poco, al precipicio y a la autodestrucción.  

Xi parece un monarca medieval. Con todos estos giros antihistóricos —que deben tener revolcándose en sus tumbas a Hegel y a Marx— se demuestra: la historia nunca fue sustento científico para los revolucionarios. Solo ha sido propaganda barata.