•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“Pero, ¿puede un católico hacer política? ¡Debe! Pero, ¿puede un católico comprometerse en la política? ¡Debe!” Así de claro lo dijo el papa Francisco el 30 de abril de 2015 a un grupo de laicos de las Comunidades de Vida Cristiana (CVC), una “Asociación Internacional de Fieles de Derecho Pontificio”, vinculada a la Compañía de Jesús (Jesuitas). Al respecto, leí recientemente un artículo de Christian Ubilla (ecuatoriano, miembro de las CVC) publicado en la Web de las Comunidades de Vida Cristiana, que me ha motivado a compartir algunas de las reflexiones sociopolíticas surgidas desde las CVC en América Latina.

En julio de 2015, durante su visita pastoral a Bolivia, el papa Francisco cuestionó a creyentes y no creyentes: “¿Reconocemos que las cosas no andan bien en un mundo donde hay tantos campesinos sin tierra, tantas familias sin techo, tantos trabajadores sin derechos, tantas personas heridas en su dignidad? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando estallan tantas guerras sin sentido y la violencia fratricida se adueña hasta de nuestros barrios? ¿Reconocemos que las cosas no andan bien cuando el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están bajo permanente amenaza? Entonces, digámoslo sin miedo: necesitamos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta, no lo aguantan los campesinos, no lo aguantan los trabajadores, no lo aguantan las comunidades, no lo aguantan los pueblos… Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra como decía San Francisco.” 

No son ideas nuevas en la Iglesia; lo nuevo (quizá para algunos) es que vengan de un Papa, desde la más alta “jerarquía” de la Iglesia, que sus palabras nos muestren un liderazgo con el que nos sentimos identificados y nos muestren el camino hacia utopías que parecían estar muriendo. Este llamado del papa Francisco nos llena de renovada esperanza y entusiasmo, cuando la política ha sido incapaz de producir en el mundo cambios hacia algo mejor.

Las instituciones de la vida política --como los partidos, tanto antiguos como nuevos-- han perdido confianza. Los católicos, por nuestro amor a Dios y al prójimo, como verdaderos cristianos llamados por Jesús a ser “la luz del mundo” y “la sal de la tierra”, debemos profundizar en las causas de la injusticia para buscar soluciones estructurales e involucrarnos en la política… ¿En la política?  Sí, para evangelizarla, para que dé respuestas adecuadas y que el mundo pueda confiar en sus instituciones. El compromiso político tiene que ver con la modificación de las estructuras de poder que impiden que la gente viva de forma humana. Si entendemos así el compromiso político hay una gran necesidad de generar compromisos, ya sea participando en algún partido, en movimientos comunales, en organismos de la sociedad civil o en la función pública. 

Los países cambian de gobierno, unos pacíficamente y otros, lamentablemente, de forma violenta; se han vivido transiciones de una línea política a otra, con idas y vueltas, pero la pobreza sigue siendo en todas partes un reto fundamental, la corrupción en casi todos los países --incluso entre los más desarrollados-- sigue siendo un problema grave, sigue habiendo desigualdad, sigue habiendo abusos desde el poder, siguen habiendo dictaduras, sigue la intromisión de grandes potencias en la vida de otros países y la imposición de intereses económicos transnacionales.

Basta con una visión superficial de la realidad para confirmar la necesidad de que los laicos católicos nos formemos más en el conocimiento de la “Doctrina Social de la Iglesia” para comprender mejor la problemática de nuestros países desde una perspectiva cristiana y en esa medida participar con nuestro aporte para lograr soluciones de una manera más eficaz. Contra la cultura del descarte, la globalización de la indiferencia, el paradigma tecnocrático, el imperio del dinero y la búsqueda de un progreso económico sin priorizar a los pobres, hace falta que los laicos católicos asumamos nuestro compromiso político con responsabilidad y eficiencia, para que, independientemente de la opción partidista hacia la que cada cual se incline según decida en la intimidad de su conciencia, pero unidos en nuestra fe, con nuestra misma doctrina social en común y con el mismo objetivo por el Reino de Dios, construyamos --junto con otros-- ese “otro mundo posible” de paz y justicia, al que como discípulos de Jesús no podemos renunciar. 

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com