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La intervención del presidente Ortega en Trinidad y Tobago, excavó un pasado que todos conocen, un discurso gastado que nos muestra todo lo que no debe ser expuesto en una convocatoria de líderes que se reúnen en un momento de crisis para compartir situaciones y tratar de obtener soluciones.

El mundo globalizado requiere de ideas consensuadas porque hoy más que nunca entendemos que si bien existen asimetrías en los países, todos estamos padeciendo las mismas dolencias, a todos nos duele algo, aunque tal vez no en la misma magnitud. Y todos estamos buscando la misma medicina. Cada participante ha de tener el sagrado deber de insertar prudentemente a su país en el contexto que le permita crear oportunidades, de saberse parte del problema y obligadamente parte de la solución. Saber exponer las necesidades y sobre todo tener un plan propio para que dichas necesidades sean cubiertas, es el camino correcto para sentarse a negociar, los recursos para ejecutar el plan serían entonces más fácilmente gestionados. No es en el pasado que Ortega encontrará soluciones, ahí siguen estando las heridas que se niega a cerrar y que acabarán siendo la cárcel de su futuro.

Centrarse en el pasado, es una actividad arqueológica, un lujo que sólo debería permitirse una vez que haya planteado el futuro, un gusto individual en el cual no debería involucrar a los ciudadanos nobles y honestos que siguen urgidos de respuestas, de explicaciones y de un derrotero seguro que permita construir el futuro.

En contraposición resalta la actitud futurista, propositiva y abierta del presidente Obama, quien instó a que cada país plantee sus necesidades de manera que puedan ser mejor distribuidos los recursos, mecanismos de gestión a través de alianzas y el planteamiento de los grandes temas comunes como energía y seguridad.

Queda planteado que es el momento de actuar de forma seria, responsable, y coordinadamente con aquéllos que formen parte de nuestras soluciones. Las respuestas deben ser estructurales, negociando el corto, mediano y largo plazo. Y eso no se logrará mirando el pasado.

“La imaginación es más importante que el conocimiento”. El recuerdo es pasado. Es finito. La visión es futuro. Es infinita. La visión es más grande que la historia, más grande que nuestro bagaje, más grande que las cicatrices emocionales del pasado.

Albert Einstein

*Presidente de la Junta Directiva de Amcham-Nicaragua.